"Luna de ladrillo" (1869), de Edward Everett Hale

De la Tierra a la Luna (1865) había  sido el primer libro en plantear el lanzamiento de una nave espacial. Pero esta historia corta, publicada por entregas en el diario The Atlantic Monthly, concibe otra idea novedosa: el satélite artificial.

El relato da cuenta del desarrollo de un proyecto de proporciones planetarias. Hale comienza explicando de forma sencilla cómo cualquier persona podía determinar su latitud midiendo el ángulo de la Estrella Polar sobre el horizonte. En cambio, la fijación de la longitud, no existiendo un cuerpo celeste de referencia, era mucho más compleja. Así que el autor propone la construcción de una luna artificial que orbite sobre la Tierra siguiendo el meridiano de Greenwich y que será de una ayuda inestimable para los navegantes de todos los océanos: bastará con medir el ángulo de la nueva Luna respecto al horizonte para encontrar la longitud.

ladrillo2

Su lanzamiento se realiza por medio de un volante de inercia, una especie de catapulta que va acumulando tensión gracias a la acción de unos molinos hidráulicos. Lo que comenzó siendo el sueño de un grupo de estudiantes, permaneció latente hasta que se convirtieron en adultos y encontraron su lugar en el mundo. Reunidos de nuevo, comienzan una campaña para convocar apoyos y sacar adelante su idea.

Resulta llamativo que estos primeros autores no llegaran a contemplar que un proyecto tan complejo y costoso habría de ser asumido por un gobierno. Hoy nos puede resultar chocante, pero en el siglo XIX los Estados no tenían ni mucho menos el poder ni el dinero como para emprender un proyecto de estas características. El sistema impositivo era mínimo y la labor investigadora no era algo asumido por laboratorios oficiales o universidades, sino por individuos particulares que trabajaban de forma independiente. Es por ello que tanto el cohete de Verne como el satélite de Hale son ideados y construidos por iniciativa privada y financiados mediante subscripciones públicas.

La construcción del satélite comienza secretamente en un apartado bosque de los montes Apalaches, llevando sus impulsores una vida idílica en plena naturaleza. La tarea queda interrumpida por el estallido de la Guerra de Secesión, cuando todos son movilizados de una manera u otra y los trabajadores han de unirse al ejército. Durante el conflicto, sin embargo, y gracias a la especulación con acciones del ferrocarril, consiguen reunir el dinero que faltaba para completar la financiación necesaria y terminar la gran esfera de placas de cerámica (que en el libro denominan bricks, ladrillos), único material que resistirá la fricción del aire resultante de la elevada velocidad de escape.

ladrillo1

La esfera, que tiene 61 metros de diámetro, está diseñada interiormente en forma de celdas abovedadas, lo que la hace casi hueca y, por lo tanto, ligera. Durante la construcción, los promotores del proyecto y sus familias habían habilitado esas celdas como residencias temporales por ser más cómodas que las cabañas del bosque. Un error provoca el lanzamiento prematuro con ellos dentro, convirtiéndose así en la primera estación espacial descrita en el género de la CF.

Dos años después, el narrador del relato ‒que había participado en el proyecto‒ lee cómo algunos astrónomos han detectado un nuevo cuerpo orbitando alrededor de la Tierra; él mismo, utilizando un telescopio, descubre la "luna de ladrillo" y a sus amigos en ella, sanos y salvos. La luna artificial ha conservado una atmósfera y gravedad propias y a bordo sus pasajeros llevaban abundantes provisiones. Desarrollan un curioso sistema de comunicación: los habitantes de la nueva luna dan saltos cortos o largos para elaborar mensajes en código morse que son observados y "leídos" por su compañero en tierra gracias al telescopio. Por su parte, desde la Tierra, sobre una colina nevada, se disponen grandes letras con tela negra para que puedan ser leídas desde el nuevo satélite. Los involuntarios astronautas no sólo han sobrevivido, sino que han medrado: algunas mujeres han dado a luz e incluso cultivan alimentos.

Debido a que el peso de humanos y provisiones no estaba contemplado en los cálculos, la luna no alcanza la órbita deseada por lo que su propósito original pierde sentido. Pero gracias a la posibilidad de comunicarse con la Tierra, cumplen una nueva y valiosa misión: observar nuestro planeta desde el espacio, desvelando algunas incógnitas geográficas de la época y comprobando la evolución del clima.
Edward Hale era un graduado de Harvard y pastor protestante que desarrolló a lo largo de su vida una actividad incesante ‒y no sólo porque engendrara nueve hijos‒. Hombre de fuerte personalidad e ideas teológicas liberales, se involucró en la vida social norteamericana a través de su participación en los movimientos antiesclavistas y la educación popular.

ladrilloedaward

Escribió o editó más de sesenta libros de todo tipo y colaboró regularmente con diferentes periódicos. Su único relato de ciencia ficción, sin embargo, fue este. Por lo dicho, queda claro que tenía más imaginación que conocimientos de física, astronomía o biología. Sus ideas van de lo improbable a lo fantástico pasando por lo disparatado (su idea de lanzar una esfera mediante catapultas era tan improbable como el cañón de Verne).

Sin embargo, dio con no pocos elementos que hoy día son fundamentales para la investigación espacial: la puesta en órbita de un objeto artificial que cumpliera una función determinada ‒en el caso del libro, algo muy similar al moderno Sistema de Posicionamiento Global‒; la observación de la geografía y el clima desde el espacio; la posibilidad de que el hombre pueda vivir en el interior de ‒aunque Hale no lo llama así‒ una estación espacial; y el uso de materiales cerámicos para la construcción de ingenios aeroespaciales. No está nada mal para un clérigo del siglo XIX.

No he encontrado edición en español, pero se puede descargar el libro gratuitamente en inglés en esta dirección.

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes (De viajes, tesoros y aventuras), el cómic (Un universo de viñetas), la ciencia-ficción (Un universo de ciencia ficción) y las ciencias y humanidades (Saber si ocupa lugar).

logonegrolibros

  • Quedarse a solas
    Escrito por
    Quedarse a solas Allá por los años sesenta del pasado siglo, los sociólogos pusieron en circulación la fórmula de la muchedumbre solitaria. Evoco el hecho como evoco mi juventud de entonces y la frase de Baudelaire que proponía…
  • Adivinar el futuro
    Adivinar el futuro Más allá de horóscopos o sueños de ganar la lotería, predecir el futuro sería una gran ventaja desde el punto de vista biológico. Cualquier organismo con esta habilidad tendría ventaja en la lucha…

logonegrociencia

Cosmos: A Spacetime Odyssey © Fox

  • La botica de Fray Esteban Núñez
    Escrito por
    La botica de Fray Esteban Núñez Fray Esteban Núñez había nacido en Antequera, pero se hizo fraile boticario en Burgos. Entró en el monasterio de San Juan, uno de los principales de la ciudad burgalesa, y aprendió el oficio de otro…

Cartelera

Cine clásico

  • Últimas palabras
    Escrito por
    Últimas palabras ¿De qué trata esta película? ¿De la culpa? ¿De la mentira? ¿De la guerra? ¿Del amor? ¿Trata, quizá, de la escritura? ¿Del acto de escribir? ¿Del acto de convertir en historias la propia vida? Un…

logonegrofuturo2

Cosmos: A Spacetime Odyssey © Fox

  • "1984" (1949), de George Orwell
    "1984" (1949), de George Orwell Mientras que la ciencia ficción norteamericana apostó en la primera mitad del siglo XX por un tono optimista, orientado hacia el espacio y con vocación escapista (entiéndase esto no como algo necesariamente peyorativo), en Europa…

logonegrolibros

bae22, CC

logonegromusica

Namlai000, CC

  • El serio y cachondo Jean Françaix
    Escrito por
    El serio y cachondo Jean Françaix Pongámonos graves: Jean Françaix (léase, no más: Francés) vivió entre 1912 y 1997, o sea que le tocaron –léase en ambos sentido: tocar a la persona y tocar su música y la de sus colegas–,…

logonegroecologia

Mathias Appel, CC

  • El hippie de la selva
    El hippie de la selva Hace más de 50 años, el famoso antropólogo keniano-británico Louis Leakey contribuyó a revolucionar el campo de la primatología cuando envió tres jóvenes biólogas a estudiar a tres de las cuatro especies de grandes simios…

logonegrofuturo2

Petar Milošević, CC