"La Batalla de Dorking: Recuerdos de un voluntario" (1871), de Sir George Tomkyns Chesney

"La Batalla de Dorking: Recuerdos de un voluntario" (1871), de Sir George Tomkyns Chesney Imagen superior: el káiser pasa revista a sus tropas durante unas maniobras militares en 1899.

En el último tercio del siglo XIX apareció en el árbol de la CF una rama nueva, la de las Guerras Futuras y las fantasías de invasión. Esta tendencia respondía a la transformación que estaba teniendo lugar en el ámbito bélico, transformación que rompía los esquemas asumidos hasta entonces como sólidos por los militares y, por tanto, generadora de un sentimiento de inseguridad e indefensión. Los masivos enfrentamientos de la Guerra de Secesión norteamericana y la carnicería de la guerra franco-prusiana de 1871 habían conmovido tanto a soldados como civiles.

El teniente coronel George Tomkyns Chesney, nombrado caballero en 1890 y ascendido a general en 1892, había servido con los ingenieros militares en Bengala. Ya de vuelta en su hogar inglés, le alarmó la situación del ejército británico e hizo una serie de sugerencias al Ministerio de Defensa relativas a la a su juicio necesaria reorganización militar.

Ni las cartas ni los artículos periodísticos tuvieron el impacto deseado, ni en el Gobierno ni en la opinión pública. Así que el veterano militar decidió tomar el camino de la ficción. Y acertó de pleno en la diana.

The Battle of Dorking: Reminiscences of a Volunteer fue una historia corta publicada como panfleto en 1871 como parte de su campaña de concienciación y el relato que dio el impulso definitivo a este subgénero. Era una fábula situada en un futuro cercano en la que un ejército alemán valiente, eficaz, armado con blindados y utilizando el telégrafo, invade Gran Bretaña y derrota a las entusiastas pero desorganizadas, mal comunicadas y pobremente armadas fuerzas de reserva de la isla.

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Su interés intrínseco es pequeño: hoy no pasa de ser una narración en primera persona bastante endeble impregnada de un militarismo cargante: “un poco de firmeza, sacrificio o valentía política”, se lamenta el narrador, “hubieran conjurado el desastre”, el cual achaca al hecho de que “las clases bajas, ignorantes, sin instrucción en el uso de sus derechos políticos” habían usurpado el poder de “la clase que solía gobernar… y que había conducido a la nación con su honor intacto”. Pero en su momento la obra disfrutó de un tremendo éxito y tocó una fibra sensible de la ansiedad imperial. Los dignos propietarios de la revista Blackwood Magazine, donde la historia se publicó por primera vez, tal vez se sorprendieran por el éxito de La Batalla de Dorking, pero se tragaron sus reparos literarios y lo acabaron reeditando nada menos que seis veces para satisfacer la demanda. Luego, publicado como librito, vendió 110.000 ejemplares en dos meses. Se tradujo a la mayoría de los idiomas europeos y otros autores no tardaron en escribir sus propias obras en la misma línea que Chesney –incluso plagiándolo- o defendiendo la posición contraria.

No era el primer cuento de Guerras Futuras. Podemos señalar obras anteriores como Eureka: Una profecía del futuro (1837), de R.F. Williams, o La invasión de Inglaterra (1870), de Alfred Bate Richards. Pero ninguno de ellos gozó del inmenso éxito de Chesney.

Los compositores Frank Green y Carl Bernstein escribieron una canción de music-hall que alcanzó notoriedad, "The Battle of Dorking: A Dream of John Bull´s”, que reescribía la historia a favor de Inglaterra. El debate público sobre la conveniencia y extensión del rearme británico fue abierto con esta novela e incluso el primer ministro Gladstone la atacó en el Parlamento tachándola de alarmista.

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Chesney intentó capitalizar su éxito. The New Ordeal (1879) imaginaba nuevos desarrollos de armamento que al final harían que la guerra fuera obsoleta, pero fue mucho menos popular. Su novela The Lesters (1893) presentaba el tema que volvería a plantear con mayor fortuna Julio Verne en Los Quinientos Millones de la Begum (del que hablaremos en un futuro artículo), reformulándolo para hacerlo aún más utópico: su protagonista consigue una enorme fortuna que le permite fundar una nueva ciudad ideal que bautiza con su nombre, Lestertia y que encarna todos los clichés conservadores de Chesney.

La Batalla de Dorking fue el comienzo de un diluvio de historias de Guerras Futuras que se prolongaría hasta el verano de 1914, momento en el que la realidad se sobrepuso a la ficción e hizo de ésta algo innecesario. Veremos con algo de detalle alguna de ellas en futuras entradas, pero resultaría imposible siquiera glosar todas porque hay más de sesenta.

Merece la pena destacar, sin embargo, que en las décadas de los setenta y ochenta del siglo XIX acostumbraron a aprovecharse del ambiente de miedo y paranoia mientras que a partir de 1890, las historias tenían un tono más triunfalista que ayudó a generar el gran entusiasmo con el que los ingleses llegaron a la guerra con Alemania cuando el conflicto estalló.

Louis Tracy, un conocido periodista, escribió varios libros sobre el tema: The Final War (1896) ve a la Inglaterra del futuro enfrentada (con éxito) contra el resto del mundo; en The Lost Provinces (1898) un americano lidera la lucha de una Francia amenazada por Alemania. Otros libros tuvieron un impacto incluso mayor, especialmente The Riddle of the Sands (1903), escrito por Erskine Childers, en el que la acción comienza con el descubrimiento de los planes secretos de invasión por parte de Alemania. Mencionaré por último The Great War in England in 1897 (1894) y The Invasion of 1910: With A Full Account of the Siege of London, escritos ambos por William Le Quex y serializados en el periódico de derechas Daily Mail. Posiblemente, la influencia de este género llegue hasta H.G. Wells y su La Guerra de los Mundos.

Todas estas novelas catastrofistas se escribieron con una idea en mente muy diferente de la que hoy podríamos pensar. La pesadilla no era el uso de la ciencia y el progreso para impulsar y sostener aniquiladoras guerras, sino su incapacidad para crear un arma mejor que la del enemigo.

El libro se puede encontrar gratuitamente en internet aquí aquí. En español, el libro fue incluido, por primera vez en nuestro idioma, en la recopilación La chica del atomo de oro y otros cuentos antiguos de ciencia-ficcion (Paginas de Espuma, 2003).

Copyright del artículo © Manuel Rodríguez Yagüe. Publicado previamente en Un universo de ciencia ficción. Reservados todos los derechos.

Manuel Rodríguez Yagüe

Como divulgador, Manuel Rodríguez Yagüe ha seguido una amplia trayectoria en distintas publicaciones digitales, relacionadas con temas tan diversos como los viajes (De viajes, tesoros y aventuras), el cómic (Un universo de viñetas), la ciencia-ficción (Un universo de ciencia ficción) y las ciencias y humanidades (Saber si ocupa lugar).

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