Emma y la crítica literaria

Emma y la crítica literaria Imagen superior: Vittorio Reggianini

Al fin y al cabo, Emma, de Jane Austen, es un libro, una obra de ficción y, como todos ellos, ha de ser puesta a la consideración de los lectores y de la crítica. Ha de sufrir esa crítica tanto entre los que lo leen como entre aquellos que se dedican al mundo de la literatura. Y así fue.

Las opiniones de la gente cercana a Austen fueron variopintas. Su hermano Edward, al hacer el ránking de sus preferencias, la colocó detrás de Orgullo y Prejuicio y Sentido y Sensibilidad y únicamente antes de Mansfield Park. Persuasión aún no se había publicado, pues fue obra póstuma. Su hermana Cassandra había establecido ya otro orden de preferencias. Para ella el primer lugar lo ocupaba Mansfield Park y le gustó Emma más que Orgullo y Prejuicio. A su sobrina Fanny no le gustó nada el libro, lo encontró insoportable, o, más bien, a la protagonista. A la madre de Jane el libro le resultó entretenido, mucho más después de la reciedumbre de Mansfield Park. Y también opinaron de él una amiga, la señorita Sharp, de oficio institutriz, que adoraba Orgullo y Prejuicio pero que consideró a Emma como un buen libro con un personaje maravilloso, el señor Knightley, claro. A otra de las amigas, Alethea Bigg, el libro no le gustó nada y las mujeres del mismo tampoco. La observación de la señorita Sharp acerca de la incongruencia que suponía que una persona tan anodina como Fairfax fuera capaz de prometerse en secreto, quedó sin respuesta.

Las opiniones entre los vecinos de parroquia de Jane no fueron positivas. La mayoría de los que lo leyeron no estaban de acuerdo con algunos personajes o con detalles de la trama. Los hubo quienes pusieron el grito en el cielo con determinadas escenas y por ese lado no pudo encontrar la autora muchas satisfacciones. Sorprende pensar cómo esta crítica cercana era tan contundente o más que la externa. Y no sabemos, desde luego, de qué forma la tomaría ella. Indiferencia, preocupación, respeto, quién lo sabe.

Las mayores reservas profesionales vinieron del futuro editor John Murray. Tras leer el libro lo envió a Sir Walter Scott y le pidió, de una forma bastante poco adecuada, que escribiera sobre él: “¿Le apetece escribir deprisa un artículo sobre Emma? Le falta acción y romance ¿no es cierto?” Efectivamente, a toda prisa escribió Scott una breve reseña para salir del paso.

Pensar en cuántos de estos escritores-críticos-editores han despreciado una obra por no pararse a pensar en ella o en leerla con atención o por prejuicios inoculados por perversos tipos con levita, resulta abrumador y preocupante. Pero así era y así es.* Esa crítica liviana, sin apenas consistencia, de entonces, cambió cuando, a los diez años de morir Jane Austen, volvió Scott a hablar de ella y de su obra: “El talento de esa joven para describir las relaciones, los sentimientos y los personajes de la vida corriente es, para mí, lo más maravilloso que he conocido. Los brochazos de las grandes escenas clamorosas puedo darlos yo mismo, como cualquier otro, pero la pincelada exquisita que hace interesantes las cosas y los seres más comunes, gracias a la autenticidad de la descripción y del sentimiento, me ha sido negada”.* Posteriormente, la obra de Jane Austen ha pasado por etapas de olvido y de resurgimiento. Su tardanza en ser publicada en algunos países y el escaso interés que, durante muchos años, tuvo la novela considerada romántica, aunque sin motivo, determinó que la obra de Austen se relegara a determinadas estanterías exclusivamente femeninas. El resurgir ha sido esplendoroso, aunque no exento de trivialidad. No obstante, es evidente que hoy estamos en el mejor momento posible para entender en toda su magnitud el fenómeno Austen y el sentido de Emma en el conjunto de su obra. *

Copyright del artículo © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos.

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 3, 4) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

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