Edna O'Brien: esa maravillosa forma de narrar

Cuando descubrí a Edna O'Brien, la escritora irlandesa nacida el 15 de diciembre de 1930, entendí que la narración literaria tiene tantos caminos como escritores que recorren esa senda.

Ella me mostró, en su trilogía de Kate y Baba, que es posible conocer voces nuevas, que no se agosta el caudal de narradores que son capaces de emocionarme y que la vida de las personas normales es el elemento más motivador de cuantos pueden usarse para escribir. 

El estilo de Edna O´Brien me maravilla por su limpieza. Qué difícil resulta ese recorrido diáfano, casi como si se tratara de un cuento infantil, en el que los recovecos tienen sentido y en el que los personajes hablan por sí mismos, como si no fueran hallazgos de un tercero. Kate y Baba, las muchachas protagonistas de esa trilogía impensada, son tan de carne y hueso como yo misma. Puedo percibir, por ello, sus emociones, sus deseos, sus frustraciones, sus esperanzas, sus miedos. Ambas quieren ser felices, como yo he querido serlo. Ambas miran el mundo con miedo, como yo he hecho en ocasiones. Ambas creen en la amistad, igual que yo. Ambas son jóvenes y dejan de serlo, como a mí me ocurre. Kate y Baba no son personajes alambicados, perfectos, lineales, sino que tienen todas las aristas necesarias para creer en ellas. Son personas que puedes encontrarte cerca de ti. Incluso dentro de ti. 

Leí su trilogía en el orden en el que Errata Naturae la publicó, en el orden en el que se escribió. El primer libro Las chicas de campo fue una especie de resplandor, un aviso, una constelación de casualidades que, al unirse, dejaron entrever emociones cercanas y, sobre todo, una maravillosa forma de narrar. Una narración plena, certera, exacta, pulida, impecable. Pero, al mismo tiempo, las vidas de esas muchachas y de las personas de alrededor, la pobreza, la lucha, la supervivencia, la angustia, se convirtieron en esquemas de sentimientos conocidos, en arquetipos de algo que todos podemos reconocer si afinamos la vista. 

Luego llegó, ya lo he contado en otra ocasión, La chica de ojos verdes. La amistad, quizá el sentimiento más perfecto de cuantos existen, aparece cuarteado por las circunstancias y lo limpio se enturbia, y aparecen aspectos de la vida que, no por conocidos, dejan de impresionarnos. Esa chica de ojos verdes habrá de enfrentarse a lo que el mundo ofrece y que nos deja inermes, sin defensa, la mayoría de las veces. 

Por último, Chicas felizmente casadas, es un desenlace en el que no hay previsibilidad, pero tampoco mentira. No pueden ser de otro modo las cosas y bien que nos gustaría. Soñar es bueno, pero vivir en la ensoñación te impide crecer. Kate y Baba, reencontradas, saben que han querido vivir una vida que no les está permitida pero, por primera vez, entienden que hay que vivirla, sea cual sea. Las ilusiones se trasmutan en la serena aceptación de una realidad que nos impone su ritmo y sus cualidades. El amor existe, pero no siempre está al alcance de la mano. Y, sobre todo, se agosta como las ramas de los árboles que caen al suelo y se llenan de la humedad cortante de una lluvia inmisericorde. 

Espero que el Premio Nobel de Literatura sea para Edna O'Brien. Más que nada para que, por una vez, se lo den a alguien a quien yo haya leído, entendido y amado. Por variar, vamos. 

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Sinopsis

Edna O’Brien (Tuamgraney, Irlanda, 1930) es una de las voces más prestigiosas de la narrativa en lengua inglesa de nuestro tiempo, aclamada tanto por la crítica como por los más prestigiosos autores contemporáneos.

O’Brien siempre sintió la necesidad de escribir; sin embargo, en 1950 terminó sus estudios de Farmacia, que había comenzado obligada por su familia. Su carrera literaria arrancó con Las chicas de campo (1960), que le proporcionó fama mundial tanto por su calidad literaria como por reivindicar la independencia de las mujeres en un ambiente hostil. La chica de ojos verdes y Chicas felizmente casadas que pueden leerse sin conocer el libro anterior, amplían las aventuras de las dos protagonistas de aquella primera novela.

Considerada la grande dame de las letras irlandesas, desde la publicación de esta obra, Edna O’Brien ha creado un corpus literario único: con novelas como A Pagan Place (de próxima publicación en Errata naturae), el libro de relatos Saints and Sinners, una obra de teatro sobre Virginia Woolf titulada Virginia y dos importantes biografías: sobre James Joyce y sobre Lord Byron respectivamente.

Tal y como ha reiterado la crítica internacional, sólo James Joyce ha descrito con tanta exactitud y humor lo que se esconde en aquello que denominamos «el alma irlandesa».

Las chicas de campo

Irlanda, años 50. Lejos de la capital, Dublín, y en medio de un verde paisaje, bellísimo pero exigente, la joven y aplicada Caithleen ha crecido llena de encanto gracias a la sabiduría y humildad de su madre; una madre obligada, por las duras condiciones del campo, a ser fuerte en cada momento, a sobreponerse a toda desgracia. Pero algo va a suceder que transformará la vida de Caithleen. Y en esa nueva vida, la de la única hija de una familia venida a menos, estará acompañada por su amiga de la infancia Baba, por la sofisticada madre de ésta, por el peculiar Hickey… y por una docena de personajes soberbiamente retratados que hoy día nos siguen pareciendo muy vivos; y entrañables, como en toda vida que merezca la pena rememorar.

Caithleen recuerda para nosotros su pasado: unas veces lleno de risas; otras, superando las lágrimas. Recuerda los ritos de paso que la llevaron hasta la madurez: los días de internado, el descubrimiento del amor, la necesidad de aventuras e independencia y, al fin, la gran ciudad, con sus brillantes promesas de futuro.

Estamos, sin duda, ante una extraordinaria novela, iluminada tanto por el humor como por una dulce melancolía; un relato repleto, además, de esa poderosa fuerza que tan sólo concede la juventud. Únicamente El hombre tranquilo, de John Ford, ofrece paisajes y momentos como esta obra cumbre de la literatura irlandesa del siglo XX.

La chica de ojos verdes

Caithleen (luego Kate) y Baba, dos amigas irlandesas —encantadoras unas veces, contradictorias otras—, se han instalado, tras una adolescencia de paisajes rurales e internados, en una excéntrica pensión de Dublín. Bajo las luces de la gran ciudad, sus vidas giran y se agitan en torno al tumulto y la confusión de las nuevas amistades, las madrugadas fuera de casa, las aventuras y desventuras, y los amoríos insignificantes.

Baba busca diversiones despreocupadas, amores de ocasión, mientras que Kate, tan profunda, se empeña en hablar de los libros que lee con sus nuevos conocidos. Aunque, curiosamente, será esta última quien desate el escándalo entre parientes y amigos católicos cuando se enamore de Eugene, un director de cine protestante que acaba de separarse de su mujer y vive en los Montes Wicklow.

Durante un tiempo, Kate verá sus sueños cumplidos: alcanzará un sofisticado refugio idílico y literario, cosmopolita a pesar de encontrarse en medio del campo. Pero cuando su padre se entere de esa relación, hará todo lo posible por impedirla y desatará la ira de toda una peculiar comunidad —whisky mediante— contra ella y su enamorado.

Humor y amor, como en toda rima fácil, al mismo tiempo que —otra rima— dolor, el dolor de vivir cuando la alegría de la juventud se vuelve oscura, se convierte en su reverso. Es esta novela un bellísimo ejemplo de iniciación a la vida y a la feminidad. Nadie como Edna O’Brien ha escrito con tanta intensidad sobre la pasión y el valor, las tristezas y alegrías —y también la vulnerabilidad— de la juventud: sus grandes planes y sus indefinidos anhelos.

Chicas felizmente casadas

A mitad de los años cincuenta del siglo pasado, Kate y Baba, dos amigas tan distintas como complementarias, vivieron su infancia en los bellos paisajes rurales de la Irlanda profunda, rodeadas de un sinfín de personajes, algunos entrañables y otros maravillosamente detestables. Tras pasar por un internado y dejar atrás a sus singulares familias, se instalaron en Dublín y se abalanzaron sobre el amor en todas sus formas conocidas, no todas «convenientes», desde luego, y no siempre con fortuna… Pero han pasado los años, e Irlanda y los años de juventud quedan lejos. Ambas, casadas finalmente, viven en Londres: Kate, ya madre, con su gran amor de Dublín; Baba, con un ostentoso constructor (sí, un nuevo rico) que le ofrece la vida de comodidades y lujos a la que siempre aspiró. Dos mujeres aún jóvenes e impetuosas, dos hombres definitivamente maduros.

Una nueva ciudad y unas vidas nuevas. La maternidad y la madurez al fin… Y, sin embargo, tantas inseguridades todavía. Kate y Baba parecen hablarnos desde nuestro propio presente: cómo viven, cómo aman, cómo temen. La vida se repite, y no acalla sus preguntas, esas que regresan una y otra vez, esas que no encuentran casi nunca respuesta. Nos salva, en ocasiones, la mano amiga, la persona que mejor nos conoce, la que puede hablarnos con toda sinceridad.

Esta novela corrosiva y llena de vida no sólo trata sobre matrimonios felices (más bien lo contrario), sino también sobre el poder de la amistad a través del tiempo y de las miserias, de todo tipo, que muchas mujeres han tenido que soportar durante siglos… Así, la voz de Cate, que nos habla siempre desde un tono grave y por ello al tiempo algo ingenuo, se alterna con la de Baba, que con su desenvoltura y sarcasmo nos hace reír… y también pensar. Ambas nos guían a través de los pequeños y grandes momentos de la existencia hasta un maravilloso epílogo, tan real, según los tópicos, como la vida misma.

Copyright del artículo © Catalina León Benítez. Reservados todos los derechos. 

Copyright de imágenes y sinopsis © Errata Naturae. Reservados todos los derechos. 

Caty León

Gaditana de nacimiento y crianza; trianera de vocación. Lectora y cinéfila. Profesora de Geografía e Historia y de Orientación Educativa. Directora del IES Néstor Almendros de Tomares (2001/2012). Como experta en organización escolar he publicado los libros La secretaría. Organización y funcionamiento y El centro educativo. Función directiva y áreas de trabajo, artículos en prensa (ABC: 12, 34) y revistas especializadas, así como ponencias en cursos y jornadas.

En noviembre de 2009 recibí la medalla de oro al Mérito Educativo en Andalucía. En 2015 he obtenido el Premio “Antonio Domínguez Ortiz” por la coautoría del trabajo Usos educativos de la robótica. Una casa inteligente.

En el ámbito flamenco he publicado decenas de artículos en revistas como Sevilla Flamenca, El Olivo, Alboreá y Litoral, sobre el flamenco y las artes plásticas, la mujer y el flamenco, entre otras temáticas, así como varios libros, entre los que destacaría la primera incursión en la enseñanza escolar del flamenco, Didáctica del Flamenco, mi libro sobre El Flamenco en Cádiz y el ensayo biográfico Manolo Caracol. Cante y pasión (ver reseña en ABC), así como mi investigación sobre la Noticia histórica del flamenco en Triana. Conferencias, jornadas, jurados, cursos de formación, completan mi dedicación al flamenco. En 2015 he sido galardonada con el Premio de Honor “Flamenco en el aula” de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía.

Por último, la literatura es mi territorio menos público pero más sentido. Relatos, microrrelatos, cuentos, poemas y una novela inédita Tuyo es mi corazón. I Premio de Relatos sobre la mujer del Ayuntamiento de Tomares, en su primera edición. Premio de Cuentos Infantiles de EMASESA en 2015 por Hanna y la rosa del Cairo.

En mi blog Una isla de papel hay un poco de todo esto.

Sitio Web: unaisladepapeles.blogspot.com.es/

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