¿Están quedándose los robots con nuestros empleos?

¿Están quedándose los robots con nuestros empleos? Imagen superior: Ars Electronica (Seiko Mikami, Desire of Codes)

Si pones agua al fuego y la calientas, lo que consigues en un primer momento es elevar cada vez más su temperatura. Podrías llegar a la conclusión de que el acto de calentarla sólo da como resultado agua más caliente. Pero en un punto determinado, todo cambia: el agua comienza a hervir, y el líquido caliente se transforma en vapor. Los físicos llaman a esto un cambio de estado.

La automatización, impulsada por el avance tecnológico, ha ido progresando inexorablemente durante las últimas décadas. Hay dos escuelas de pensamiento económico que durante muchos años han estado involucradas en un debate sobre sus posibles efectos en el trabajo, el empleo y la actividad humana. ¿Propiciarán las nuevas tecnologías un desempleo masivo, a medida que los robots tomen el lugar de los humanos? ¿O, por el contrario, el trabajo de los robots conllevará ‒o incluso generará‒ la demanda de nuevos empleos humanos?

En los últimos tiempos, ese debate se ha reavivado debido a logros tecnológicos como el aprendizaje profundo (deep learning), que recientemente permitieron  a un programa de software llamado Google AlphaGo derrotar al campeón mundial de Go, Lee Sedol, un reto aún más difícil que vencer a los campeones mundiales de ajedrez.

En última instancia, la cuestión se reduce a lo siguiente: ¿son las innovaciones tecnológicas de hoy iguales a aquellas que, en el pasado, acabaron con el fabricante de carruajes, pero generaron el nuevo empleo del fabricante de automóviles? ¿O hay algo en la actualidad que resulte decididamente distinto?

En su libro The Tipping Point. Cómo pequeñas cosas pueden provocar una gran diferencia (2006), Malcolm Gladwell destacaba lo que él llama "ese momento mágico en que una idea, una tendencia o un comportamiento social cruzan un determinado umbral, alcanzan un punto de inflexión, y se extienden como la pólvora." ¿Podemos estar seguros de que no nos estamos acercando a un punto de inflexión o a un cambio de estado? ¿No estamos confundiendo la tendencia de la tecnología, en lo que se refiere con la destrucción y la creación de puestos de trabajo, con una ley inmutable?

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Imagen superior: la investigadora de IBM Risa Nishiyama junto a Pepper, el robot de la firma de telecomunicaciones SoftBank y Aldebaran Robotics, en un acto relacionado con la plataforma de inteligencia artificial Watson (Cortesía de IBM Feature Photo Services).

Viejas preocupaciones sobre la nueva tecnología

Ésta no es una inquietud nueva. Si nos remitimos a la aparición de los ludditas en la Inglaterra del XIX, observaremos que las nuevas tecnologías inspiran temor debido a los cambios inevitables que éstas generan.

Parece fácil descartar los desvelos actuales si los consideramos infundados. Sin embargo, los economistas Jeffrey Sachs, de la Universidad de Columbia, y Laurence Kotlikoff, de la Universidad de Boston, argumentan lo siguiente: "¿Qué sucederá si las máquinas, gracias a sus microprocesadores, son tan inteligentes que ya no necesitan mano de obra no cualificada para funcionar?". Al fin y al cabo, como ambos escriben: "Las máquinas inteligentes cobran nuestro peaje en las autopistas, nos registran en las tiendas, miden nuestra presión sanguínea, nos masajean la espalda, nos conducen a determinadas direcciones, responden a nuestras llamadas telefónicas, imprimen nuestros documentos, transmiten nuestros mensajes, acunan a nuestros bebés, leen nuestros libros, encienden nuestras luces, lustran nuestros zapatos, protegen nuestros hogares, pilotan nuestros aviones, escriben nuestros deseos, enseñan a nuestros hijos, matan a nuestros enemigos... y la lista continúa".

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Imagen superior: Kodomoroid, un robot diseñado para sustituir a los presentadores televisivos (Cortesía de Miraikan – The National Museum of Emerging Science and Innovation, Tokio)

Revisando los datos económicos

Existe una clara evidencia de que esta preocupación puede estar justificada. Eric Brynjolfsson y Andrew McAfee, del MIT, escribieron hace poco esta reflexión:

"Durante varias décadas, tras la Segunda Guerra Mundial, las estadísticas económicas que más nos importan en Estados Unidos progresaron juntas, como si estuvieran estrechamente unidas. El PIB creció, al igual que lo hizo la productividad, que es nuestra capacidad para obtener un mayor beneficio de cada trabajador. Al mismo tiempo, fuimos creando millones de puestos de trabajo, muchos de los cuales eran el tipo de empleo que permite al trabajador estadounidense promedio ‒que carece (y sigue careciendo) de título universitario‒ disfrutar de un nivel de vida elevado y creciente. Sin embargo... el crecimiento de la productividad y el crecimiento del empleo comenzaron a disociarse".

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Imagen superior: la productividad aumenta en gran medida, pero no lo hacen los ingresos. U.S. Department of Labor Statistics.

Como muestran los datos de desacoplamiento, la economía estadounidense ha tenido un comportamiento bastante pobre para el 90 por ciento de los estadounidenses durante los últimos 40 años. La tecnología está promoviendo mejoras en la productividad, que a su vez impulsa la economía. Sin embargo, esa ola no está elevando a todos los barcos, y la mayoría de la gente no obtenido ningún beneficio de dicho crecimiento. Si bien la economía norteamericana sigue creando puestos de trabajo, no está creando los suficientes, y la tasa de actividad, que mide la proporción activa de la fuerza laboral, ha ido disminuyendo desde finales de los noventa.

rice2Mientras que la producción industrial se encuentra en su punto más alto, el empleo en este sector alcanza una tasa inferior a la que registraba a finales de los cuarenta. Los salarios de los empleados del sector privado se han estancado desde finales de los sesenta, y la relación de los salarios con respecto al PIB ha ido disminuyendo desde los años setenta. El desempleo de larga duración es una tendencia al alza, y la desigualdad se ha convertido en un tema de debate mundial, en particular tras la publicación del libro de Thomas Piketty El capital en el siglo XXI (2014).

¿Un peligro creciente?

De forma aún más impactante, los economistas Angus Deaton, premio Nobel en 2015, y Anne Caso, descubrieron que la mortalidad de los estadounidenses blancos de mediana edad ha ido en aumento durante los últimos 25 años, a causa de una epidemia de suicidios y de problemas relacionados con la drogadicción.

¿Es la automatización ‒impulsada por los avances tecnológicos, en general, y por la inteligencia artificial y la robótica, en particular‒ la principal causa de ese declive económico de los empleados norteamericanos?

En economía es más fácil ponerse de acuerdo sobre los datos que ponerse de acuerdo sobre la causalidad. Ciertamente, muchos otros factores pueden estar en juego, tales como la globalización, la desregulación, la decadencia de los sindicatos y similares. Sin embargo, en una encuesta realizada en 2014 a los principales economistas académicos, realizada por Chicago Initiative on Global Markets, y vinculada al impacto de la tecnología sobre el empleo y los ingresos, el 43 por ciento de los encuestados estuvo de acuerdo con la afirmación de que "la tecnología de la información y la automatización son una razón crucial para el estancamiento de la media salarial a lo largo de la década, a pesar del aumento de la productividad". Sólo el 28 por ciento no compartió esa idea. Del mismo modo, un estudio desarrollado en 2015 por el Fondo Monetario Internacional concluyó que el progreso tecnológico es un factor importante en el aumento de la desigualdad durante las últimas décadas.

Podemos afirmar que, mientras que la automatización supone el descarte en la economía de muchos puestos de trabajo humanos, no hay ninguna señal de que la introducción de las tecnologías a lo largo de los últimos años suponga la creación de un número igual de empleos, bien pagados, que compensen esas pérdidas.

Un estudio realizado en Oxford en 2014 descubrió que el número de trabajadores estadounidenses que se desplaza a nuevos sectores ha sido sorprendentemente pequeño: en 2010, sólo el 0,5 por ciento de la población activa estaba empleada en industrias que no existían en el año 2000.

La discusión acerca de los seres humanos, las máquinas y el trabajo tiende a proyectarse sobre algún punto indeterminado en el futuro lejano. Pero ya es el momento de enfrentarse a la realidad. El futuro es ahora.

Copyright del artículo © Moshe Y. Vardi. Este artículo fue publicado originalmente por The Conversation y se publica en The Cult con permiso de su equipo editorial. Lea aquí el artículo original.

Moshe Y. Vardi

Moshe Y. Vardi es profesor de ingeniería informática del Instituto de Tecnologías de la Información Ken Kennedy, en la Universidad William Marsh Rice (Houston, Texas), donde ocupa la cátedra Karen George Ostrom. Sus investigaciones se centran en el razonamiento automatizado, una rama de la inteligencia artificial con amplias aplicaciones. Vardi es miembro de las siguientes instituciones: Association for Computing Machinery, Society for Industrial and Applied Mathematics, Association for the Advancement of Artificial Intelligence, American Mathematical Society y American Association for the Advancement of Science.

Los artículos de Moshe Y. Vardi se publican en The Cult por cortesía de The Conversation.

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