Lunes, 28 Julio 2014 20:21

"The Strain", los vampiros de Guillermo del Toro Destacado

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Hace muy poco se ha estrenado en Estados Unidos la adaptación televisiva de las tres novelas que Guillermo del Toro y Chuck Hogan escribieron sobre un apocalipsis vampírico, publicadas en 2009.

En castellano se las conoce como la Trilogía de la Oscuridad, y su primer tomo, The Strain (traducido como Nocturna), es el que da título a la serie.

Solo se han emitido dos capítulos, el piloto, Night Zero, de casi 90 minutos, y The Box, pero han bastado para que el público sepa qué puede esperar. Aquí no va a haber vampiros que brillen, se tumben en prados, o que tengan cuerpos esculturales y se dediquen a cortejar a dulces muchachitas sureñas algo cargantes.

Ni siquiera han cruzado océanos de tiempo para encontrar a su amor perdido. Aquí volvemos al vampiro de Bram Stoker: el ser cadavérico, cruel y desalmado, que para prolongar su existencia como no-muerto debe actuar como un parásito y alimentarse de la sangre de los vivos. Por fin, un vampiro que se comporta como tal.

The Strain no hace concesiones. Incluso antes de su emisión, sus carteles publicitarios (en los que aparecía un gusano atravesando un ojo) tuvieron que retirarse de varios lugares por quejas de ciudadanos, que los consideraban demasiado duros.

La serie cumple con esas expectativas, y en los 120 minutos que se han emitido ya, hemos tenido una buena ración de escenas de terror.

No obstante, no es el tipo de horror que se ha impuesto en los últimos años con películas como Saw, Hostel o incluso Sinister. La serie no se ensaña más de lo necesario. Por supuesto, hay vísceras y unos cuantos sesos esparcidos por el suelo, pero el verdadero sentimiento de desasosiego y tensión proviene de escenas en las que no hay un despliegue excesivo de efectos especiales y casquería. Con ello me refiero a la última escena del piloto.

Sin desvelar mucho, solo diré que se trata de alguien que vuelve a su casa, donde lo esperan con los brazos abiertos.

Ahí reside la maestría de Guillermo del Toro (que también dirige el primer capítulo). No solo sabe cuándo añadir la dosis de acción y vísceras necesarias, sino que también clava los momentos de tensión sutiles. El género de terror funciona gracias a nuestra capacidad de anticipar los horrores que están por llegar y que sabemos inevitables, y en The Strain ese mecanismo actúa a la perfección.

El argumento es muy sencillo y, en parte, viene a ser una actualización de la novela de Bram Stoker. Lo describiré a continuación en sus puntos esenciales, pero no teman: detesto los spoilers.

Todo empieza cuando un avión de pasajeros llega a Nueva York. Aterriza, pero no hay señales de vida en su interior. Es un avión fantasma, en lo que parece una clara referencia al Demeter de la novela de Stoker, esto es, el barco en el que Drácula llega a Inglaterra, tras matar a toda la tripulación.

De inmediato, los controladores del aeropuerto dan la voz de alarma y acuden a lugar distintas fuerzas del orden. Finalmente el CDC, el centro de control de enfermedades, se hace cargo del caso. Suben al avión dos de sus especialistas.

Allí reina una calma sepulcral. Parece que todos los pasajeros han muerto pero no hay señales de violencia a plena vista. Entonces, cuatro pasajeros despiertan de golpe. Inmediatamente se decreta el cierre del aeropuerto, la cuarentena de los supervivientes y se saca a los muertos del avión para que se les pueda practicar la autopsia.

El investigador jefe del CDC, Ephraim Goodweather (Corey Stoll), no tarda en darse cuenta de que las muertes están causadas por algún tipo de virus o parásito, que deja gusanos en sus víctimas, y por ello, ordena que se pongan en marcha las máximas medidas de seguridad para evitar la extensión de la infección.

Además, en la bodega del avión, él y su acompañante, la bioquímica Nora Martínez (la argentina Mía Maestro), encuentran una extraña caja, que no venía en el registro, llena de tierra y con los mismos gusanos que se han encontrado en las víctimas. De nuevo otro homenaje a Stoker: ya se sabe que la muerte viaja rápido (y más si va en avión en lugar de en barco), pero el vampiro debe descansar siempre en la tierra de su lugar de origen.

Digámoslo sin arruinar ninguna sorpresa: los intentos de Goodweather de controlar la situación pronto se verán frustrados por fuerzas oscuras que esperan al ocupante de la caja y que gozan del apoyo de un anciano poderoso pero enfermo, que sabe cómo mover los hilos de la ciudad para sembrar la desinformación sobre el caso.

Entre los protagonistas, destaca el personaje del profesor Abraham Setrakian, encarnado por David Bradley. Esta figura es un tercer homenaje a Stoker, en este caso a Abraham Van Helsing. Setrakian es un superviviente del holocausto. Parece haberse enfrentado ya a las amenazas que se ciernen ahora sobre Nueva York en un tiempo anterior.

Como novedad, y para darle un toque absolutamente neoyorquino a la aventura, tenemos a un exdelincuente de Queens, “Gus” (Miguel Gómez), que intenta rehacer su vida. Gus aún tiene viejas cuentas con su pasado y los aliados del mal pretenden tentarlo.

Eso sí, en una de las escenas clave del primer capítulo –no les diré cuál–, protagonizada justamente por este personaje, Guillermo del Toro pone un toque de humor al usar como banda sonora la canción de Molotov, “Dame el poder”, que sirve para terminar de redondear el capítulo, y, claro, para dejar su impronta personal.

Tras el final del segundo capítulo, todas las cartas están sobre la mesa. El espectador sabe qué programa tiene entre manos: una buena serie de vampiros, en la que los héroes son hombres con defectos que deberán crecerse ante la adversidad si quieren sobrevivir y salvar a sus seres queridos.

Por supuesto, parece pronto para emitir un juicio definitivo, y es cierto que se le podría criticar que en algún momento la trama recurra a tópicos del género, (nadie puede creerse que la cuarentena durará y se hará caso al experto), pero ¿acaso unos de los placeres del terror clásico no consiste también en saberse cómplice de la historia y esperar que los personajes cometan una serie de errores prácticamente canónicos, como intentar huir por un cementerio abandonado en lugar de por una avenida bien iluminada y con coches?

Así, me atrevo a afirmar que los amantes de los vampiros y lo fantástico en general disfrutarán de cada minuto, y esperarán cada semana su dosis de vampirismo a la vieja usanza.

De entrada, el primer episodio ha sido de los mejores que he visto en mucho tiempo, tanto en televisión como en el cine: cuenta con una narración ágil, imágenes impactantes (la del avión a oscuras con todos los pasajeros muertos a bordo es realmente sobrecogedora y no hay ni una gota de sangre), un estilo de filmación clásico, que según Del Toro pretende ser realista. No esperen cámaras temblorosas, ni películas súper 8 encontradas en desván, ni apariciones fantasmales que salen de ninguna parte.

The Strain se perfila como una de las sorpresas más agradables del año. De momento, cuenta con 13 episodios, y en su debut ha disfrutado de buena acogida de crítica y público.

Habrá que ver cómo sigue desarrollándose y hasta dónde nos lleva, pero hay motivos para la confianza. Guillermo del Toro conoce bien el material que tiene entre manos y está haciendo lo que mejor se le da. Sobrecoger y divertir al espectador a partes iguales.

Copyright del artículo © Julia Alquézar Solsona. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © FX Productions. Reservados todos los derechos.

 

Visto 12066 veces Modificado por última vez en Lunes, 15 Septiembre 2014 14:40
Julia Alquézar

Desde siempre he leído y he escrito. De niña era mi entretenimiento, de joven, mi refugio, y de adulta intento que sea mi sustento. Elegí la carrera de filología clásica porque desde el momento en que conocí las letras clásicas, y el griego clásico en particular, me sentí fascinada y no podía resignarme a estudiar ninguna otra cosa, por mucho más sensato que pareciera. Así, me licencié en Filología clásica por la U.B. y, a continuación, decidí cursar estudios de tercer ciclo, especializándome en estética del mundo clásico y teoría de la novela antigua, lo que me permitió obtener el Diploma de Estudios Avanzados.

Casi como consecuencia inevitable después de tantos años aprendiendo a traducir a los clásicos, empecé a trabajar en el sector editorial, primero como lectora y correctora, y después como traductora editorial de inglés, francés y catalán a español. Desde 2005, y tras cursar un postgrado de traducción literaria, he tenido la oportunidad de trabajar con grandes grupos editoriales y con editoriales independientes, como Rocaeditorial, Tempus, Penguin Random House, Edhasa, Omega-Medici, Ariel, Crítica, Destino, Noguer, Casals, Cambridge University Press, Bang, Siruela, RBA, Molino, Luciérnaga, Salsa Books, Gredos, Pearson, Blume, Proteus, Suma de Letras, Círculo de Lectores, Esfera de los Libros, Capitán Swing, Fórcola, Sajalín y S·D Ediciones.

Asimismo, compagino la traducción editorial con la enseñanza del griego, el latín y la cultura clásica en general en prácticamente todos los niveles de la educación secundaria obligatoria y el bachillerato, donde intento transmitir a mis alumnos mi pasión por la lengua y la literatura, así como los valores que caracterizan el espíritu humanista.

 

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