Jueves, 23 Octubre 2014 17:26

Crítica: "The Walking Dead" (5ª temporada) Destacado

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The Walking Dead estrenó su cuarta temporada en Estados Unidos (y un día después en España) con un éxito fulminante. Ha roto sus propios récords: el 12 de octubre consiguió sentar a 17 millones de personas ante el televisor (a los que habría que añadir otros 5 millones que usaron servicios de VOD, o de grabación). Es decir, con 22 millones de personas, se convierte en la serie más vista de cable.

Cuando empezó su primera temporada, con un Rick (Andrew Lincoln) que se despertaba en una cama de hospital, y caminaba por los pasillos desiertos, sin ser consciente de lo que había ocurrido, no creo que ni los productores ni la cadena (AMC) creyeran que The Walking Dead se iba a convertir en el fenómeno mundial que es hoy en día. De hecho, no estaba muy claro que fuera a tener más de una temporada, y los medios y personajes de aquellos primeros episodios eran más escasos, que no menos efectivos.

Para poner al lector en situación, la quinta temporada comienza donde acabó la cuarta. Quien marca, una vez más, el tono dramático es el showrunner Scott Gimple. El grupo, tras dispersarse al escapar del ataque de la prisión dirigido por el Gobernador (un personaje al que se echa de menos), se ha reunido casi en su totalidad. Ahora bien, están atrapados en un vagón por los habitantes de Terminus. Como cabía presagiar en un mundo post-apocalíptico, no hay santuarios, y sin ser conscientes de ello, las vías del tren han guiado a los supervivientes al nido de un grupo de caníbales, dirigidos por Gareth (Andrew J. West), un villano de menor empaque que el gobernador, pero con un grado de locura similar.

Como es posible que algún seguidor de la serie todavía no haya visto los primeros capítulos ya emitidos en España, procuraré ir con cuidado con los spoilers, pero advierto al lector de que a continuación puede enterarse de algún detalle de la trama.

Para empezar, seguimos con el tema de fondo de esta serie: ¿cómo responde el ser humano al dolor y a la pérdida? Y cuando hablo de pérdida me refiero a la pérdida del mundo tal y como lo conocíamos.

La serie ha respondido a esta pregunta de forma contundente: a lo largo de las cuatro temporadas previas hemos podido ver que no todo el mundo estaba dispuesto a lo mismo por sobrevivir, y que los límites y fidelidades que cada personaje tenía eran distintos.

En la cuarta temporada este conflicto se planteó claramente a través de los personajes de Carol (Melissa McBride) y Rick. Este último no parecía querer asumir sus responsabilidades como líder, harto de muertes y fracasos, y se había tomado lo de cultivar su huerto al pie de la letra. Carol, por su parte, completó un viaje en el sentido inverso. De mujer desvalida, maltratada, y que lloraba la muerte de su hija, se convierte en uno de los personajes que más claro tiene que viven en un mundo en el que ya no se siguen las mismas normas; la lógica de Carol es clara: el bienestar del grupo puede exigir tomar medidas drásticas y un individuo no puede ponerlo en peligro.

Por supuesto, es difícil de aceptar y Carol paga cara su determinación, aunque el apocalipsis zombi no deje una y otra vez de darle la razón.

Ahora bien, los habitantes de Terminus sirven para dejar clara dónde está la línea que no se puede cruzar y permiten, por fin, entender al grupo la forma de actuar de Carol. De hecho, el inicio de temporada sirve prácticamente como redención de este personaje. Mientras Tyresse (Chad Coleman) está ocupado cuidando a la bebé Judith, y los demás machos alfa del grupo (Rick, Daryl, Glenn) están maniatados y amordazados a la espera de ser sacrificados como en un matadero, Carol se encarga de salvar el día.

Contraponer a Carol y a los habitantes de Terminus sirve para dejar claro que Carol no ha cruzado una línea de no retorno, pero también, resulta interesante conocer por qué Terminus dejó de ser un santuario y los motivos que llevaron a Gareth y a sus acólitos a ser asesinos caníbales, que no respetan ni a su propia familia (fíjense bien en quién es la persona que está en la mesa de disección, y verán que es una persona muy cercana a Gareth, que aparecía en el final de la 4ª temporada).

La reflexión final a la que se podría llegar es que un mundo sin límites morales, donde la supervivencia puede servir de excusa a la crueldad, desprovee al ser humano de todo aquello que lo hace humano. Y, entonces, el lema de que el hombre es un lobo para el hombre se vuelve completamente literal. Los habitantes de Terminus lo tienen claro, puedes ser depredador o rebaño. No hay término medio. De hecho, la revelación de que todas las personas están infectadas por el virus no es más que la metáfora de una cuestión que en los cómics queda muy clara: ¿Somos todos susceptibles de convertirnos en monstruos dadas las circunstancias? ¿Hasta dónde se puede llegar sin perder la humanidad?

La nueva temporada llega con la artillería cargada. Los dos primeros episodios han tenido toda la acción y el ritmo narrativo ágil que algunos seguidores (no era mi caso) echaban de menos en la última temporada. Aunque algunos personajes, como Maggie (Lauren Cohan) o Glenn (Steven Yeun) no ha pronunciado todavía palabra, ha habido explosiones, hordas de zombis y sustos suficientes para compensar la segunda mitad de la cuarta temporada, que se usó para profundizar más en los personajes.

Sin duda, el ritmo desenfrenado de estos dos primeros capítulos consigue entretener al espectador, hasta el punto de que no se puede apartar la mirada de la pantalla para no perder detalle de quién vive y quién no.

El único problema que puedo achacarle es la saturación. Es decir, ¿es posible que hayamos llegado a un punto con The Walking Dead en el que nos hayamos insensibilizado a las atrocidades de corte gore? Es la duda que tengo. Estos dos capítulos se promocionaron bajo la premisa de que era tan tremendos que habían tenido que cortar algunas escenas (y no pretendo hacer ningún juego de palabras), y a mí, teniendo en cuenta el género, no me han parecido tan tremendos, y desde luego, no explotan el factor sorpresa.

En resumen, es un buen inicio de temporada, con algunas escenas largamente esperadas por los fans (como el abrazo entre Daryl y Carol cuando por fin se reencuentran), pero le pido más. No tantos fuegos de artificio y algo más de carga dramática, que hasta ahora se concentra solo en el personaje de Carol.

No espero que lleguen al nivel de crudeza de la novela de Cormac McCarthy, La Carretera (que John Hillcoat llevó al cine en 2009), pero sí un poco más de intensidad emocional a través del desarrollo de los personajes. En este sentido, la muerte de Hershel fue clave, y le echamos mucho de menos.

De todos modos, tengo la impresión, después de leer algunos avances por Internet, que esta temporada va a ser dura para todos. Y no creo que sea la última vez que la frase que citaba antes –El hombre es un lobo para el hombre– pueda volver a aplicarse. Disfruten del apocalipsis.

Copyright del artículo © Julia Alquézar Solsona. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © AMC Studios, Circle of Confusion, Darkwood Productions, Valhalla Motion Pictures. Reservados todos los derechos.

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Julia Alquézar

Desde siempre he leído y he escrito. De niña era mi entretenimiento, de joven, mi refugio, y de adulta intento que sea mi sustento. Elegí la carrera de filología clásica porque desde el momento en que conocí las letras clásicas, y el griego clásico en particular, me sentí fascinada y no podía resignarme a estudiar ninguna otra cosa, por mucho más sensato que pareciera. Así, me licencié en Filología clásica por la U.B. y, a continuación, decidí cursar estudios de tercer ciclo, especializándome en estética del mundo clásico y teoría de la novela antigua, lo que me permitió obtener el Diploma de Estudios Avanzados.

Casi como consecuencia inevitable después de tantos años aprendiendo a traducir a los clásicos, empecé a trabajar en el sector editorial, primero como lectora y correctora, y después como traductora editorial de inglés, francés y catalán a español. Desde 2005, y tras cursar un postgrado de traducción literaria, he tenido la oportunidad de trabajar con grandes grupos editoriales y con editoriales independientes, como Rocaeditorial, Tempus, Penguin Random House, Edhasa, Omega-Medici, Ariel, Crítica, Destino, Noguer, Casals, Cambridge University Press, Bang, Siruela, RBA, Molino, Luciérnaga, Salsa Books, Gredos, Pearson, Blume, Proteus, Suma de Letras, Círculo de Lectores, Esfera de los Libros, Capitán Swing, Fórcola, Sajalín y S·D Ediciones.

Asimismo, compagino la traducción editorial con la enseñanza del griego, el latín y la cultura clásica en general en prácticamente todos los niveles de la educación secundaria obligatoria y el bachillerato, donde intento transmitir a mis alumnos mi pasión por la lengua y la literatura, así como los valores que caracterizan el espíritu humanista.

 

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