Lunes, 25 Noviembre 2013 13:11

Crítica: "The Day of the Doctor" (2013) Destacado

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Por supuesto que es algo especial escribir sobre The Day of the Doctor, no faltaba más, y casi no hay más remedio que comenzar por subrayar lo que muchos lectores ya saben: este es el episodio especial que conmemora los 50 años de la serie Doctor Who. Emitido el 23 de noviembre por televisión y programado en los cines de numerosos países, The Day of the Doctor es una de esas raras producciones que nos hurgan por todos los rincones del alma. Otra cosa –ahora hablaré de ello– es que ese afán se traduzca en un relato que logre conmovernos adecuadamente.

Es más que probable que Steven Moffat, responsable actual de la serie, se haya sentido impresionado por todo lo que había que celebrar en una sola TV movie: 33 temporadas, alrededor de 800 capítulos y la memoria sentimental –¿o debería hablar de resoplidos de impaciencia?– de varias generaciones de espectadores.

Aunque los críticos profesionales han sido más comprensivos, lo cierto es que la séptima temporada de Doctor Who no ha generado excesivo fervor popular. Y aunque el formato sigue bien firme en el panel de la BBC, está claro que The Day of the Doctor llega a las pantallas con el propósito de renovar el entusiasmo de los fans.

Un personaje crucial en este episodio es el misterioso Señor del Tiempo encarnado por John Hurt. Gracias al miniepisodio The Night of the Doctor, ya sabemos que es una encarnación que se sitúa entre el octavo Doctor (Paul McGann) y el noveno (Eccleston). Este Doctor guerrero participó en la Gran Guerra del Tiempo, y arrastra a lo largo de los siglos una maldición que deriva de esa contienda.

El primer acierto de Moffat consiste en embridar la pasión de los fans y evitar una sobrecarga de referencias. No nos engañemos: ese abuso hubiera convertido a este producto televisivo en una sucesión de guiños o en una reedición dramatizada de Esta es su vida.

A partir de una cabecera en blanco y negro, que por unos segundos nos remite a 1963, la cinta entra directamente en materia y ubica a cada Doctor en un eje del relato.

El Doctor guerrero (Hurt) siente la tentación de interrumpir por la vía más expeditiva la contienda de su pueblo con los daleks. Pretende recurrir a un arma definitiva para el genocidio –el Momento– que adquiere la imagen fantasmal de Rose Tyler (Billie Piper), y que a través de ese holograma rubio y de largas pestañas, revela una conciencia digna de un Pepito Grillo existencialista.

El undécimo Doctor (Matt Smith), seguido por su hiperactiva compañera Clara Oswald (Jenna-Louise Coleman), viaja a la Torre de Londres, donde le esperan dos misterios del pasado: una carta que le escribe la reina Isabel I, sellada en el siglo XVI, y una pintura tridimensional oculta en la National Gallery, en la que aparece Gallifrey en llamas.

Y por último, el décimo Doctor (David Tennant), coquetea con la mencionada monarca (Joanna Page) hasta que ese flirteo campestre se ve interrumpido por un atacante de una raza estelar capaz de adoptar la apariencia ajena, los Zygons (vean Terror of the Zygons, 1975).

Moffat se esfuerza por inyectar ligereza a la narración, y sin duda lo consigue, sobre todo en el largo tramo en el que interactúan Smith y Tennant. Convertidos en una pareja de comedia, en la mejor tradición británica, y arropados por un caro diseño de producción, ambos consiguen elevar el tono del episodio. De hecho, sus réplicas, carreras y ocurrencias consiguen que olvidemos ciertos huecos e inconsistencias del guión.

Por supuesto, The Day of the Doctor seduce (en el buen sentido) a quienes disfrutan de la serie en su conjunto, más allá de preferencias puntuales. De ahí que, entre los puntos fuertes del metraje, destaquen las apariciones –reales, virtuales o en imágenes de archivo– de otros avatares del Doctor. Por ejemplo, el duodécimo, Peter Capaldi, de quien se ofrece un primerísimo plano de sus ojos. O Tom Baker, el cuarto Doctor, que aparece de una forma reveladora y enigmática, en una de las últimas secuencias.

La trama en torno a Gallifrey, aunque hilvanada con profesionalidad, me interesa bastante menos que las situaciones y los diálogos que conducen a su desenlace. ¿Un momento épico en el que todos los destinos del Multiverso whoviano se alinean? ¿Un apocalipsis interestelar que solo se puede conjurar con ingenio, golpes de efecto y un destornillador sónico? Ya hemos tenido mucho de eso a lo largo de la serie, de modo que lo más atrayente no es la catarsis final, sino el modo en el que la aventura transcurre a empujones, alternando el humor, el dinamismo y los sentimientos más oscuros.

Precedida por dos miniepisodios, el mencionado The Night of the Doctor y The Last Day, esta superproducción en 3D fue emitida simultáneamente en 94 países. Todo un récord: uno más para una serie que ya ha pulverizado todas las previsiones en cuanto a permanencia en antena y popularidad.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © BBC One. Reservados todos los derechos.

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Guzmán Urrero

Tras una etapa profesional en la Agencia EFE, Guzmán Urrero se convirtió en colaborador habitual de las páginas de cultura del diario ABC y de revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Album Letras-Artes y Scherzo.

Como colaborador honorífico de la Universidad Complutense de Madrid, se ocupó del diseño de recursos educativos, una actividad que también realizó en instituciones como el Centro Nacional de Información y Comunicación Educativa (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte). 

Asimismo, accedió al sector tecnológico como autor en las enciclopedias de Micronet y Microsoft, al tiempo que emprendía una larga trayectoria en el Instituto Cervantes, preparando exposiciones digitales y numerosos proyectos de divulgación sobre temas literarios y artísticos.

Es autor de trece libros (en papel) sobre arte y cultura audiovisual.

En 2006, fundó junto a Javier Sánchez Ventero la revista Thesauro Cultural (The Cult), un medio situado en la frontera entre la cultura, las ciencias y las nuevas tecnologías de la información.

Desde 2015, Thesauro Cultural sirve de plataforma a una iniciativa más amplia, conCiencia Cultural, concebida como una entidad sin ánimo de lucro que promueve el acercamiento entre las humanidades y el saber científico, tanto en el entorno educativo como en el conjunto de la sociedad.

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