Cuando hablamos de ecosistemas en peligro, nos llegan a la mente imágenes de una selva destruida por taladores irresponsables, o de un rico sistema marino arruinado por el naufragio de un buque petrolero. Nunca imaginamos la existencia de otros sistemas igual de frágiles y que se encuentran literalmente bajo nuestros pies. Estos ecosistemas son las cuevas.

"Una luz muy intensa llenó el interior del hangar. Era tan brillante que me cegó temporalmente. Menos de un minuto después retumbó una explosión y una fuerte onda de presión me causó dolor de oídos. Noté que el cielo se había encapotado de repente. Todo era muy misterioso. Cuando llegué a casa de mi abuela, estaba cubierto de cenizas negras. Me di un baño y me cambié de ropa, aunque en ese momento no sabía que las cenizas emitían una radiación peligrosa".

“… el contraste entre el verde de los abetos, el anaranjado de las mariposas y el fondo azul del cielo hacen de los santuarios de la mariposa monarca un sitio de reposo espiritual…”

Los juncos de ojo oscuro, Junco hyemalis, y los juncos de ojo amarillo, Junco phaeonotus, son gorriones de la familia Emberizidae cuya evolución ha seguido caminos muy diferentes.

El saola o buey de Vu Quang (Pseudoryx nghetinhensis), uno de los mamíferos más raros y más amenazados del planeta, fue fotografiado en Vietnam, en noviembre de 2013, por primera vez en quince años, gracias a una cámara-trampa colocada por WWF y el Departamento de Protección Forestal del gobierno vietnamita.

El trabajo de los científicos es muy similar al de los detectives de las novelas o la televisión. Decirlo es un lugar común, pero no deja de ser cierto.

Todos los rasgos de exclusividad que el ser humano se atribuía a sí mismo han ido cayendo: el uso de herramientas, la empatía, la autoconciencia… En su libro ¿Tenemos suficiente inteligencia para entender la inteligencia de los animales? (Tusquets Editores, 2016), Frans de Waal descubre al lector un abanico de conductas animales que empujan a concluir que, quizás, la cognición humana tampoco sea única.

A finales del siglo XVII la isla Mauricio, un pequeño pedazo de paraíso perdido en el Océano Índico, fue testigo de la extinción de uno de sus habitantes endémicos, el dodo, paradigma de la extinción provocada por el ser humano.

El panda rojo, además de haberse especializado en la alimentación a base de bambú, desarrollando una dentición única y un ‘falso pulgar’, es el único representante actual de la familia Ailuridae. Su evolución es poco conocida, pero los yacimientos de Madrid, entre ellos Cerro de los Batallones, han proporcionado fósiles muy interesantes que están ayudando a entender la historia evolutiva de esta familia tan peculiar.

Era verano de 1861 cuando P. T. Barnum, “el gran Showman americano”, anunció su nueva exhibición en el museo americano de Nueva York: dos belugas vivas. El New York Tribune relató la llegada de estas ballenas que causó estupor entre el público que nunca había visto animales vivos en cautividad. Fue el primer intento de Barnum de exhibir cetáceos.