Mostrando artículos por etiqueta: zombis http://thecult.es Mon, 22 May 2017 15:30:27 +0000 Joomla! - Open Source Content Management es-es Crítica: "Melanie. The Girl with All the Gifts" (Colm McCarthy, 2016) http://thecult.es/critica-de-cine/critica-melanie-the-girl-with-all-the-gifts-colm-mccarthy-2016.html http://thecult.es/critica-de-cine/critica-melanie-the-girl-with-all-the-gifts-colm-mccarthy-2016.html Crítica:

“El sistema educativo acabará contigo”, decía Parade en su canción “Niño zombi”, tema que bien podría formar parte de la banda sonora de esta interesante película de ciencia ficción y terror.

El film nos sitúa una vez más en un mundo afectado por una plaga de eso que unos llaman zombis y otros infectados. En este caso, una invasión de extraños hongos convierte a la mayor parte de los humanos en seres rabiosos e hiperactivos, ansiosos por morder al prójimo, como sucedía en la película 28 dias después (Danny Boyle, 2002) o en el cómic Los pitufos negros (Peyo, 1959).

En lo que supone una mutación, o un nuevo salto evolutivo (ahí está el meollo de la historia), los niños nacidos de madres infectadas siguen teniendo esos impulsos animales, pero también son capaces de razonar como humanos normales. Melanie, la niña (¿zombi?) del título de la película, tendrá que sobrevivir tanto al entorno hostil post-apocalíptico como a los profesores, científicos y militares que la custodian para experimentar con ella.

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Aunque en la película abundan los ataques de infectados, y no falta sangre, no se trata de un film gore, y prácticamente es más una aventura humanista de ciencia ficción que una historia de terror. Un viaje a través de un mundo desolado por los hongos y los destrozos, pero no carente de belleza, con paisajes muy deudores de los vistos en el célebre videojuego The Last of Us.

¿Hasta que punto hay que mantener una actitud servicial y amable frente a los abusones? ¿Hay que obedecer e intentar imitar siempre a los mayores cuando uno es un niño? ¿Merece la pena salvar la humanidad, visto el panorama? Cuestiones como estas se formulan sin que la acción se detenga para que los personajes suelten discursos, con una fluidez narrativa que se agradece.

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El guión (obra de Mike Carey, quien adapta su propia novela) y la puesta en escena de The Girl with All the Gifts (trabajo del director Colm McCarthy, forjado en la televisión) son más que correctos, pero la verdadera fortaleza del film está en su notable reparto, encabezado por la joven Sennia Nanua (adorable o terrorífica según el momento) y con la sólida presencia de Gemma Arterton, Paddy Considine y una Glenn Close de sorprendente físico y grandiosa presencia.

Una película de puro entretenimiento, pero que también puede llevar al debate posterior sobre temas profundos.

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Sinopsis

El futuro cercano. La humanidad ha sido destruida por una enfermedad contagiosa que convierte a sus víctimas en carnívoros implacables. Sólo un pequeño grupo de niños parece inmune a sus efectos. En una base militar en la Inglaterra rural, se estudia a estos niños, que son capaces de pensar y sentir aún estar infectados, en la búsqueda de una cura. Melanie es una niña muy especial, que destaca del resto. Pronto decidirá su propio futuro y el de la raza humana.

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correo@thecult.es (Vicente Díaz) Critica de cine Wed, 01 Feb 2017 20:50:43 +0000
Crítica: "Train to Busan" (Yeon Sang-ho, 2016) http://thecult.es/critica-de-cine/critica-train-to-busan-yeon-sang-ho-2016.html http://thecult.es/critica-de-cine/critica-train-to-busan-yeon-sang-ho-2016.html Crítica:

En lo que llevamos de siglo, los zombis han pasado de ser “propiedad” de los aficionados al cine terror a convertirse en un producto de consumo general. El éxito de la adaptación televisiva del cómic The Walking Dead, las “marchas zombi” (zombie walk), la avalancha de comedias zombi a raíz del éxito de Shaun of the Dead (Edgar Wright, 2004), glamourosas muñecas infantiles zombi, videojuegos, monólogos zombi (!)... todas estas cosas y alguna más han “democratizado” a los zombis, y de paso han terminado por cansar un poco.

¿Habría que dejar un tiempo de descanso a estos muertos vivientes? Indudablemente, al menos hasta que a alguien se le ocurra alguna verdadera idea nueva. ¿Es posible hacer algo de interés con ideas trilladas y con los clichés del género? Pues uno diría que no, pero Train to Busan viene a demostrar que sí, que “lo de siempre”, si se hace con arte y convicción, puede resultar estimulante.

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Esta película surcoreana se basa en una idea muy sencilla: zombis en un tren. Los pasajeros de una especie de AVE oriental han de enfrentarse a una epidemia de muertos vivientes (en su variedad hiperactiva y corredora), combatiendo peligros tanto fuera del tren como dentro de él.

No hay mucho más que contar, pero aun así, el espectador se involucra en la película: ríe, se agobia, llora...

¿El secreto? Un ritmo excelente, buenos actores y unos personajes por los que no sentimos el tradicional desdén. Nos importa que puedan morir, y nos duele cuando lo hacen.

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Sin ser una película barata, Train to Busan sí tiene un presupuesto más limitado que las grandes producciones de Hollywood, pero aprovecha al máximo sus recursos. Ese efecto digital de avalanchas de zombis que veíamos en Guerra Mundial Z (Marc Foster, 2013), se vuelve a utilizar en Train to Busan, de una manera más económica, pero mucho más efectiva, precisamente porque es frecuente que las raciones pequeñas sepan mejor que los atracones.

Train to Busan contiene humor, pero no es una comedia zombi. Es una película que proporciona todo tipo de emociones, como suele ser frecuente en el cine surcoreano, bastión desde hace ya no pocos años del buen cine de entretenimiento, ese que da al público lo que quiere y aporta algo más que no se esperaba.

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Sinopsis

Train to Busan de Yeon Sang-ho (The King of Pigs, The Fake) es la sensación del año en Corea, con más de 11 millones de espectadores en su país y rompiendo taquillas allí donde se estrena (Taiwán, Hong Kong, Australia, Francia), se estrenará en nuestro país el 5 de enero 2017.

La película se presentó en la sección oficial del Festival de Cannes, donde se convirtió en una de las películas más comentadas y valoradas por la crítica. Después el film ha arrasado en todos los festivales donde se ha presentado:

Un brote viral misterioso pone a Corea en estado de emergencia. Sok-woo y su hija Soo-ahn suben al KTX, un tren rápido que une los 442 km que separan Seúl de Busan. Pero justo en el momento de su partida, la estación es invadida por zombis y uno de ellos sube a bordo del tren. Mientras el tren alcanza su máxima velocidad, los pasajeros tendrán que luchar por sus vidas.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © A Contracorriente Films. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Vicente Díaz) Critica de cine Fri, 23 Dec 2016 13:12:23 +0000
"Nosotros, los muertos", de Darko Macan e Igor Kordey http://thecult.es/comic/nosotros-los-muertos-de-darko-macan-e-igor-kordey.html http://thecult.es/comic/nosotros-los-muertos-de-darko-macan-e-igor-kordey.html

A la hora de valorar este tebeo hay que partir de dos definiciones. Son dos formas de verlo: complementarias, y al mismo tiempo, igual de turbadoras. En principio, nos hallamos ante una ucronía con elementos propios del steampunk. Pero calándola hasta impregnar todas sus páginas, aflora una pavorosa historia de muertos vivientes.

Esta ucronía zombi se ambienta en un mundo alternativo, en el que la peste medieval ha arrasado Europa hasta sus cimientos. Y es a ese teatro de podredumbre y devastación donde llegan los incas, ajenos a una conquista que nunca se produjo, montados en formidables dirigibles y dotados de una civilización plenamente superior a la de los europeos.

Esa epidemia de la zombificación es aquí interpretada como el secreto de la vida eterna. Un secreto que a los incas que protagonizan Nosotros, los muertos les parece más seductor que ningún otro tesoro.

Con esos mimbres argumentales, la trama se va complicando extraordinariamente, en un relato de poder, violencia, desesperanza y aventura que, precisamente por su originalidad, resulta difícilmente comparable a otras historias de zombis.

En ese retrato de una humanidad con su historia vuelta del revés, gana fuerza el trazo expresionista de Igor Kordey, cuyo arte se llena de esa oscuridad que le imprime el guión de Darko Macan. No deja de ser curioso que, dentro de un subgénero tan comercializado como el de los zombis, ambos se lanzasen a un proyecto tan personal como éste.

Nacido en Zagreb en 1966, Macan fue historiador y arqueólogo antes de entrar en el mundo del tebeo, primero en Croacia, con obras como Borovnica, Sergej, La Bête Noire y Silver City, y luego en Estados Unidos, a sueldo de compañías como Dark Horse y Disney.

En todo caso, al igual que sucede con su compatriota Tomaž Lavrič, el mercado que mejor ha acogido a Macan ha sido el francés. Y es precisamente el gusto del lector francés el que moldea una historieta como la que nos ocupa: culta, plagada de referencias, y al mismo tiempo provocativa, adulta e independiente.

En el caso de Igor Kordey, hablamos de un artista total, curtido en áreas como el diseño gráfico y la ilustración. La que comentamos, por cierto, no es la única distopía dibujada por Kordey, a quien también debemos Smoke, con guión de Alex de Campi. Por lo demás, Nosotros, los muertos, me parece un ejemplo paradigmático de la línea marcada por una revista donde ha trabajado este ilustrador, Heavy Metal. Y ya puestos a resaltar esto último, no es difícil imaginar las planchas de este cómic grapadas por las de artistas que pertenecen al mismo entorno profesional, como Richard Corben y Enki Bilal (por citar dos heavymetaleros de referencia para Macan y Kordey).

Sinopsis

Manco, príncipe de los incas, está a punto de heredar la mitad del imperio civilizado cuando se entera de la existencia de un nuevo continente donde los hombres no mueren nunca. Movido por la curiosidad, organiza una expedición para atravesar el océano y llegar a Europa, territorio desierto desde hace casi siete siglos donde, a pesar de todo, la vida continúa…

Darko Macan (Hellblazer) e Igor Kordey (La historia oculta) combinan aventura, ucronía, terror, steampunk, fantasía y zombis para dar forma a una sorprendente historia que revierte los convencionalismos de tan populares géneros. El viaje de Manco, plagado de peligros, le llevará a recorrer todo el mundo, desde el resplandeciente reino de Han hasta el corazón sombrío de África, en una desesperada tentativa de recuperar lo que ha perdido. Originalmente serializada en 2015 a través de cuatro álbumes, Nosotros, los muertos es por fin recopilada en el presente integral.

EDICIÓN ORIGINAL: Nous, les morts FR (1. Les enfants de la peste, 2. Le continent cimetière, 3. Le céleste empire, 4. Les enfants d'Abel) || FECHA PUBLICACIÓN: Octubre de 2016 || GUIÓN: Darko Macan || DIBUJO: Igor Kordey || FORMATO: Cartoné, 224 págs. A color. || ISBN: 978-84-16901-09-8

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © ECC. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Guzmán Urrero) Cómic Mon, 28 Nov 2016 18:26:36 +0000
Crítica: "Extinction" (Miguel Ángel Vivas, 2015) http://thecult.es/critica-de-cine/critica-extinction-miguel-angel-vivas-2015.html http://thecult.es/critica-de-cine/critica-extinction-miguel-angel-vivas-2015.html Crítica:

La exitosa novela de terror Y pese a todo..., de Juan de Dios Garduño, pasa a la pantalla grande de la mano de Miguel Ángel Vivas, uno de los más interesantes directores españoles que se han especializado en el thriller y el terror.

Extinction comparte estética y tema con otras obras de lo que vendría a ser el cine post–apocalíptico contemporáneo, desde la novela The Road, de Cormac McCarthy, al videojuego The Last of Us, pasando por la exitosa serie de cómic/televisión The Walking Dead, pero en realidad proviene, como todas las historias del fin del mundo a manos de zombis o mutantes, de la inmortal novela Soy leyenda, de Richard Matheson.

Al igual que en Soy leyenda, el acierto de Extinction es centrarse en una historia cotidiana y carente de épica en lugar de describir los pormenores de la hecatombe global. Por fortuna, no se nos detalla la procedencia de los infectados–mutantes, ni del gélido cambio climático que ha hecho que el invierno sea, al parecer, eterno.

Esta economía de información secundaria hace que el misterio funcione mejor, apelando a la imaginación del espectador, y además permite que nuestra atención sea para los protagonistas, un par de vecinos enfados y una simpática niña enfrentados a su pasado y a un futuro poco halagüeño.

El trabajo del reparto es impecable, y el escenario transmite al mismo tiempo una sensación acogedora y asfixiante.

Cierto aspecto televisivo y una tendencia a las escenas y diálogos reiterativos lastran una experiencia que podría haber sido más intensa con un metraje más ajustado. Aun así, se agradece el soterrado optimismo de un film que nos coloca en un mundo y una situación en la que lo sencillo habría sido intentar deprimir al espectador.

Sinopsis

Nueve años después de que una infección convirtiese a gran parte de la humanidad en criaturas salvajes y sin intelecto, Patrick (Matthew Fox), Jack (Jeffrey Donovan) y su hija Lu (Quinn McColgan) sobreviven solos en las afueras de Harmony, un rincón olvidado cubierto por nieves perennes. Sin embargo, algo terrible ocurrió entre Patrick y Jack y un odio profundo perdura entre ellos. Cuando los infectados reaparecen, ambos deberán dejar atrás su rencor para sobrevivir y proteger lo que más quieren, a la pequeña Lu.

Notas del director

"Y de pronto, de la noche a la mañana, se paró el mundo.

Extinction es un thriller post–apocalíptico, con sus momentos de terror, escalofriantes, pero es también una película de personajes, con una fuerte carga dramática e interpretativa. Es una película sobre monstruos blancos que se confunden en la nieve, pero es, sobre todo, una película sobre el odio de dos hombres – de entre los pocos que quedan en el planeta– y el amor que sienten por una niña de nueve años, Lu. Es una película sobre el odio, el amor, el perdón y la redención. Y, sobre todo, la esperanza.

Imaginaros un pequeño pueblo abandonado en medio de la nieve. Sólo dos casas muestran signos de estar habitadas, ambas valladas y fortificadas. Dos familias, dos hombres y un odio que les divide. Un lugar olvidado por todos, incluso por las horribles criaturas que pueblan el planeta… hasta hoy.

Tras Secuestrados me encontré con el desafío de hallar un siguiente proyecto que fuera atractivo y novedoso, pero, sobre todo, buscaba algo que me emocionara como director. Así, un día llegó a mis manos la novela Y pese a todo…, de Juan de Dios Garduño, que consiguió excitarme por el nuevo enfoque que aportaba al género. No sólo presentaba momentos terroríficos y un gran punto de partida visual así como unos monstruos que no había visto antes sino que, sin olvidar el género en el que cabalga, sabe fundirse con la emoción de una historia de personajes. Porque para mí eso es lo más importante en cualquier historia, la emoción e identificación que crean los personajes protagonistas. El drama. Debemos reír con ellos, llorar con ellos y, sobre todo, pasar miedo con ellos.

Extinction trata sobre muchas cosas pero, en última esencia, es una historia de aprendizaje en la que nuestros protagonistas deberán aprender que vivir sin dignidad y esperanza –aunque sea a salvo– no es vivir (Jack) y que la redención y el perdón de los pecados cometidos empiezan en el perdón de uno mismo (Patrick). Siempre he visto a estos personajes como unos náufragos en esta isla desierta que es Harmony, rodeada por un mar que es ese manto de nieve perpetua y llena de misterio y peligros tras la cual, ninguno de los personajes sabe lo que hay.

Me encantaba la idea de crear una historia de terror en un pueblo en mitad de la nieve. Me parece un escenario precioso, idílico y casi mágico, que choca con la idea misma del terror. De esta forma, a parte de la metáfora sobre unos personajes congelados en el espacio y en el tiempo, tenemos ese escenario de fábula que otorga a la historia una característica casi atemporal y, sobre todo, universal. Harmony puede estar ubicada en cualquier lugar del mundo, o, mejor dicho, en el último lugar del mundo".

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de las notas del director © Miguel Ángel Vivas. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © La Ferme! Productions, Laokoon Filmgroup, Ombra Films, Telefonica Studios, Vaca Films, Sony Pictures. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Vicente Díaz) Critica de cine Thu, 13 Aug 2015 20:50:31 +0000
Crítica: "The Walking Dead" (5ª temporada) http://thecult.es/television/critica-the-walking-dead-5-temporada.html http://thecult.es/television/critica-the-walking-dead-5-temporada.html Crítica:

The Walking Dead estrenó su cuarta temporada en Estados Unidos (y un día después en España) con un éxito fulminante. Ha roto sus propios récords: el 12 de octubre consiguió sentar a 17 millones de personas ante el televisor (a los que habría que añadir otros 5 millones que usaron servicios de VOD, o de grabación). Es decir, con 22 millones de personas, se convierte en la serie más vista de cable.

Cuando empezó su primera temporada, con un Rick (Andrew Lincoln) que se despertaba en una cama de hospital, y caminaba por los pasillos desiertos, sin ser consciente de lo que había ocurrido, no creo que ni los productores ni la cadena (AMC) creyeran que The Walking Dead se iba a convertir en el fenómeno mundial que es hoy en día. De hecho, no estaba muy claro que fuera a tener más de una temporada, y los medios y personajes de aquellos primeros episodios eran más escasos, que no menos efectivos.

Para poner al lector en situación, la quinta temporada comienza donde acabó la cuarta. Quien marca, una vez más, el tono dramático es el showrunner Scott Gimple. El grupo, tras dispersarse al escapar del ataque de la prisión dirigido por el Gobernador (un personaje al que se echa de menos), se ha reunido casi en su totalidad. Ahora bien, están atrapados en un vagón por los habitantes de Terminus. Como cabía presagiar en un mundo post-apocalíptico, no hay santuarios, y sin ser conscientes de ello, las vías del tren han guiado a los supervivientes al nido de un grupo de caníbales, dirigidos por Gareth (Andrew J. West), un villano de menor empaque que el gobernador, pero con un grado de locura similar.

Como es posible que algún seguidor de la serie todavía no haya visto los primeros capítulos ya emitidos en España, procuraré ir con cuidado con los spoilers, pero advierto al lector de que a continuación puede enterarse de algún detalle de la trama.

Para empezar, seguimos con el tema de fondo de esta serie: ¿cómo responde el ser humano al dolor y a la pérdida? Y cuando hablo de pérdida me refiero a la pérdida del mundo tal y como lo conocíamos.

La serie ha respondido a esta pregunta de forma contundente: a lo largo de las cuatro temporadas previas hemos podido ver que no todo el mundo estaba dispuesto a lo mismo por sobrevivir, y que los límites y fidelidades que cada personaje tenía eran distintos.

En la cuarta temporada este conflicto se planteó claramente a través de los personajes de Carol (Melissa McBride) y Rick. Este último no parecía querer asumir sus responsabilidades como líder, harto de muertes y fracasos, y se había tomado lo de cultivar su huerto al pie de la letra. Carol, por su parte, completó un viaje en el sentido inverso. De mujer desvalida, maltratada, y que lloraba la muerte de su hija, se convierte en uno de los personajes que más claro tiene que viven en un mundo en el que ya no se siguen las mismas normas; la lógica de Carol es clara: el bienestar del grupo puede exigir tomar medidas drásticas y un individuo no puede ponerlo en peligro.

Por supuesto, es difícil de aceptar y Carol paga cara su determinación, aunque el apocalipsis zombi no deje una y otra vez de darle la razón.

Ahora bien, los habitantes de Terminus sirven para dejar clara dónde está la línea que no se puede cruzar y permiten, por fin, entender al grupo la forma de actuar de Carol. De hecho, el inicio de temporada sirve prácticamente como redención de este personaje. Mientras Tyresse (Chad Coleman) está ocupado cuidando a la bebé Judith, y los demás machos alfa del grupo (Rick, Daryl, Glenn) están maniatados y amordazados a la espera de ser sacrificados como en un matadero, Carol se encarga de salvar el día.

Contraponer a Carol y a los habitantes de Terminus sirve para dejar claro que Carol no ha cruzado una línea de no retorno, pero también, resulta interesante conocer por qué Terminus dejó de ser un santuario y los motivos que llevaron a Gareth y a sus acólitos a ser asesinos caníbales, que no respetan ni a su propia familia (fíjense bien en quién es la persona que está en la mesa de disección, y verán que es una persona muy cercana a Gareth, que aparecía en el final de la 4ª temporada).

La reflexión final a la que se podría llegar es que un mundo sin límites morales, donde la supervivencia puede servir de excusa a la crueldad, desprovee al ser humano de todo aquello que lo hace humano. Y, entonces, el lema de que el hombre es un lobo para el hombre se vuelve completamente literal. Los habitantes de Terminus lo tienen claro, puedes ser depredador o rebaño. No hay término medio. De hecho, la revelación de que todas las personas están infectadas por el virus no es más que la metáfora de una cuestión que en los cómics queda muy clara: ¿Somos todos susceptibles de convertirnos en monstruos dadas las circunstancias? ¿Hasta dónde se puede llegar sin perder la humanidad?

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La nueva temporada llega con la artillería cargada. Los dos primeros episodios han tenido toda la acción y el ritmo narrativo ágil que algunos seguidores (no era mi caso) echaban de menos en la última temporada. Aunque algunos personajes, como Maggie (Lauren Cohan) o Glenn (Steven Yeun) no ha pronunciado todavía palabra, ha habido explosiones, hordas de zombis y sustos suficientes para compensar la segunda mitad de la cuarta temporada, que se usó para profundizar más en los personajes.

Sin duda, el ritmo desenfrenado de estos dos primeros capítulos consigue entretener al espectador, hasta el punto de que no se puede apartar la mirada de la pantalla para no perder detalle de quién vive y quién no.

El único problema que puedo achacarle es la saturación. Es decir, ¿es posible que hayamos llegado a un punto con The Walking Dead en el que nos hayamos insensibilizado a las atrocidades de corte gore? Es la duda que tengo. Estos dos capítulos se promocionaron bajo la premisa de que era tan tremendos que habían tenido que cortar algunas escenas (y no pretendo hacer ningún juego de palabras), y a mí, teniendo en cuenta el género, no me han parecido tan tremendos, y desde luego, no explotan el factor sorpresa.

En resumen, es un buen inicio de temporada, con algunas escenas largamente esperadas por los fans (como el abrazo entre Daryl y Carol cuando por fin se reencuentran), pero le pido más. No tantos fuegos de artificio y algo más de carga dramática, que hasta ahora se concentra solo en el personaje de Carol.

No espero que lleguen al nivel de crudeza de la novela de Cormac McCarthy, La Carretera (que John Hillcoat llevó al cine en 2009), pero sí un poco más de intensidad emocional a través del desarrollo de los personajes. En este sentido, la muerte de Hershel fue clave, y le echamos mucho de menos.

De todos modos, tengo la impresión, después de leer algunos avances por Internet, que esta temporada va a ser dura para todos. Y no creo que sea la última vez que la frase que citaba antes –El hombre es un lobo para el hombre– pueda volver a aplicarse. Disfruten del apocalipsis.

Copyright del artículo © Julia Alquézar Solsona. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes © AMC Studios, Circle of Confusion, Darkwood Productions, Valhalla Motion Pictures. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Julia Alquézar) Televisión Thu, 23 Oct 2014 17:26:20 +0000
Intacto pero podrido: los zombis en la historia del cine http://thecult.es/cine-clasico/intacto-pero-podrido-los-zombis-en-la-historia-del-cine.html http://thecult.es/cine-clasico/intacto-pero-podrido-los-zombis-en-la-historia-del-cine.html Intacto pero podrido: los zombis en la historia del cine

Si el vampiro es la metáfora por excelencia del género fantástico, capaz de personificar la naturaleza parasitaria de la aristocracia, los peligros del sexo o lo enfermizo del amor romántico, el zombi ha servido para encarnar –es un decir– a la masa descerebrada con acertada falta de sutileza.

La gran peculiaridad del zombi es que se basa en unos seres que han existido en la realidad, de los que hay casos documentados, y que no han sido estudiados por la ciencia con demasiado interés, si exceptuamos al etnobotánico Wade Davies, que viajó hasta Haití para escribir el ensayo El enigma zombi (La serpiente y el arcoiris).

Obviamente, no se trata de zombis podridos y antropófagos, sino más bien de humanos manipulados con potentes drogas y toxinas por santeros expertos.

Durante años, los zombis cinematográficos se basaron en esta concepción: seres sin voluntad ni alma que obedecían las órdenes de un brujo mediante la magia vudú o en su defecto, mediante las triquiñuelas de la superciencia.

Aunque podrían ser catalogadas como zombis las cobayas humanas de El Gabinete del Doctor Caligari (1920), lo cierto es que los primeros zombis “oficiales” son los aparecidos en el film de 1932 La legión de los hombres sin alma (White Zombie), dirigida por Victor Halperin y protagonizada por Bela Lugosi.

El actor rumano interpretaba al hechicero blanco Legendre, quien controlaba a los zombis de una plantación haitiana mediante el vudú y la sobreactuación. Por lo que se nos cuenta, la película se elaboró con la supervisión de un experto en estos temas, y se convirtió en el modelo a seguir durante décadas, hasta que George A. Romero instauró el reino del muerto viviente que hoy conocemos, y sobre el que trata este reportaje.

En todo caso, y antes de perdernos en los terrenos de la putrefacción animada, no podemos olvidar dos clásicos bien distintos. El primero es el aclamado drama fantástico de Jacques Tourneur Yo anduve con un zombi (1943), una atmosférica historia ambientada en el Caribe e inspirada en Jane Eyre, que cuenta con la espeluznante aparición del enorme y recordado zombi Carrefour.

El otro "clásico" es Plan 9 from outer space (1959), de Edward D. Wood Jr., que llegó a ser votado como el peor film de la Historia por una panda de críticos que no habían visto cine español.

Este legendario film fue popularizado para el público no-freak por Tim Burton en su obra maestra Ed Wood (1994). Cualquiera que haya visto este disparate de marcianos amanerados y zombis en cementerios minúsculos no podrá olvidarlo, bien sea en sus sueños o en sus pesadillas.

Una vez citados estos antecedentes, vamos con el zombi que usted y yo amamos y tememos. El cadáver resucitado, con mal aspecto, medio comido o medio podrido (generalmente las dos cosas), de gestos torpes y lentos, prácticamente incapaz de hablar o de manejar instrumentos, y movido por una inexplicable necesidad de devorar carne humana. Vamos, como cualquier hijo de vecino en una fiesta a las cuatro de la madrugada.

Este modelo de amenaza maloliente surge del clásico de 1968 La noche de los muertos vivientes, co-escrito y dirigido por George A. Romero.

Rodada con cuatro duros, como suele pasar con los films más importantes del género de terror, la película cuenta la historia de un reducido grupo de desconocidos que se refugia en una casa de campo, huyendo de esos muertos que de repente se han levantado de sus tumbas para dedicarse a comer gente, sin que nunca sepamos la razón.

Pese a su escasez de medios, La noche de los muertos vivientes fue un éxito por su cruda referencia al canibalismo (que por entonces era un tema prácticamente tabú), su explotación del mínimo decorado para crear angustiosa claustrofobia, lo terrorífico de los propios muertos andantes y su impactante final, en el que el único superviviente es confundido por un zombi por una patrulla de humanos y recibe una bala en la cabeza.

Al estar la película realizada en una época tan convulsa, se quisieron dar mil y una lecturas políticas al film, entre otras cosas por ser el protagonista principal un actor de color. Esto último es algo que hoy no nos llamaría la atención, al igual que no le importó a Romero, quien asegura que escogió a ese intérprete por ser bueno, no por ser negro.

Comidas de tarro aparte, La noche de los muertos vivientes es un film de horror claustrofóbico que toma prestadas ideas de la novela Soy Leyenda, de Richard Matheson.

Aquí los muertos no siguen las órdenes de ningún científico loco: son una masa devoradora en donde uno puede distinguir a su vecino o a su hermano tratando de morder su carne sin inmutarse. Con motivo del 30 aniversario la película se reestrenó en cine con unas escenas añadidas rodadas ad hoc, en una versión extendida que es mejor olvidar.

Como es sabido, y gracias a la ganancia de peso de la saca, la película se convirtió en la primera de una trilogía básica en la historia del terror, que narra el lento pero imparable triunfo de los muertos vivientes sobre el mundo de los vivos.

Así, en 1979 George A. Romero presenta Zombi (Dawn of the dead), para muchos la mejor película de este subgénero y tan revolucionaria como la primera.

Lo que en La noche de los muertos vivientes parecía un simple fenómeno inexplicable, ahora se está convirtiendo en una importante plaga. Las fuerzas del orden empiezan a tener problemas para combatir a este creciente enemigo y los políticos se muestran tan incompetentes como siempre, más empeñados en salvar su imagen que en salvar a la población (¿les suena?). En esta ocasión, los protagonistas se refugian en un centro comercial que convierten en su fortaleza, en donde vivirán a cuerpo de rey hasta que unos salvajes moteros irrumpan allí, sembrando el caos.

Zombi pasa del minimalismo de la original a la orgía gore, gracias a un presupuesto mayor (buena parte de la responsabilidad la tiene Dario Argento, quien aportó dinero y música de Goblin al proyecto) y los efectos de maquillaje de Tom Savini, quien aparece también interpretando al jefe de los moteros, personaje que luego recrearía en Abierto hasta el amanecer.

La sátira social está más presente en esta entrega, mostrando a unos zombis que acuden al centro comercial por pura inercia, como eco de cuando vivían. Pero lo más importante de Zombi es la mezcla de acción violenta y muertos vivientes, inaugurando el subgénero del survival horror, que hoy está aceptado como estándar, pero que en su época resultó poco menos que impactante.

Zombi también supuso un filón para cientos de imitaciones, entre ellas las del italiano Lucio Fulci, del que hablaremos más adelante.

La última película de la trilogía de Romero se tituló, inevitablemente, El día de los muertos (1985). La película muestra un mundo post-apocalíptico tomado por los zombis. En una base militar malviven soldados y científicos, que capturan muertos vivientes para experimentar con ellos.

Romero se toma aquí demasiado en serio los análisis político-sociales sobre sus anteriores films y carga las tintas en estos temas, prevaleciendo el enfrentamiento entre los humanos de la base (en su mayoría, lamentables actores) por encima de las escenas de terror gore, aunque las que hay son de extrema calidad.

Lo mejor de la película, en todo caso, es ese zombi soldado al que se intenta domesticar, y que recuerda solamente dos cosas: el saludo militar y cómo se usa una pistola.

Este film fue el menos popular de la trilogía, y quizá por eso se hablamos de trilogía, aunque la resurrección del género zombi llevó a Romero a filmar nuevas secuelas.

Como hemos indicado, el impacto de Zombi hizo surgir innumerables imitaciones, en especial en el hoy casi extinto cine de explotación europeo. El realizador Lucio Fulci, a pesar de haber sido alumno de Visconti y Antonioni, supo divertir al público más mundano con sus variaciones sobre el zombi romeriano.

Abundantes en gore y desnudos gratuitos, las películas de Fulci se mueven en la serie B más chusca y torpe, pero poseen esa atmósfera pesadillesca e irreal tan propia del cine de terror italiano, intercalándose el abuso de zooms mareantes con planos de innegable impacto visual y extraña belleza.

Nueva York bajo el terror de los zombis (1979) es el título español (que destripa el final de la película, por cierto, como pasó con La semilla del diablo) para la primera película de zombis de Fulci, y posiblemente es la más venerada por freaks de todo el mundo gracias a escenas tales como la lucha submarina de un zombi contra un tiburón (real) o la famosa escena de la astilla y el ojo.

La historia es la tontería de siempre: científico obseso en isla caribeña y el barrio lleno de zombis, todo aderezado con la intervención de jovenzuelos neoyorquinos entrometidos.

La gracia estaba en que, cuando los supervivientes logran huir de la isla, se enteran de que Nueva York está hasta arriba de muertos hambrientos. El éxito de este film impulsó al director a la fabricación de más zombis en títulos como Miedo en la ciudad de los muertos vivientes (1980) y El más allá (1981), esta última su mejor película, un ejercicio de terror esotérico con puntuales apariciones de zombis para no defraudar a los fans.

El auténtico festín zombie se produjo en los 80, popularizado, entre otras cosas, por el genial videoclip rodado por John Landis para Michael Jackson. Thriller (1983) supuso el nacimiento del videoclip como arte y un susto irreparable para millones de niños, que poco podían esperar lo monstruoso de la futura degeneración facial de Jacko, más terrorífica que la del video.

El film de zombis más escalofriante de aquella década fue Muertos y enterrados (1981), con guión de Dan O´Bannon y dirigida por Gary Sherman. En esta cinta, se narran los experimentos de un malvado forense (Jack Albertson), quien revive a los ciudadanos de un pequeño pueblo haciendo que continúen con sus vidas cotidianas, salvo cuando les ordena matar a la siguiente victima.

El sheriff interpretado por James Farentino iniciará una investigación que le lleva a descubrir la verdad, muy similar a la que luego descubrirían Bruce Willis y Nicole Kidman en El sexto sentido y Los otros.

Pese a este ejemplo de terror en estado puro, lo cierto es que los zombis de los 80 se movieron por los terrenos de la diversión sangrienta y un punto paródica. Ya en 1981 Raimi introdujo un elemento zombi a su alocada película sobre posesiones infernales.

En 1985 se iniciaron dos sagas zombis llenas de humor negro y putrefacto.

La primera de ellas comienza con Re-animator, seguida de La novia de Re-animator (1990) y Beyond Re-animator (2003). Todas ellas se basan en las andanzas del Doctor Herbert West, ideado por H.P. Lovecraft, un brillante y grillado científico aficionado a inyectar suero revitalizante a todo lo que huele a muerto, creando casi siempre un desparrame lleno de zombis salidos y ultragore.

Brian Yuzna (con la dirección de Stuart Gordon en el primer film) pasa así a la posteridad como creador de una serie de films alocados, llenos de casquería y poseedores de un extraño romanticismo y complicidad con el villano protagonista, interpretado por el extravagante Jeffrey Combs.

La otra saga creada en el 85 resultó aún más paródica. El regreso de los muertos vivientes, dirigida por Dan O´Bannon se planteaba en la propia trama como una secuela bastarda del film de Romero, pero con evidente ironía. En esta cinta, unos barriles militares llenos de fiambre y gas tóxico desatan una plaga de muertos que no dejan de exclamar “cereeeeebroooos”.

El film, todo un éxito en el campo de la serie B, fue seguido por La divertida noche de los zombies (1987), una fotocopia de la anterior con chistes aún más malos, y Mortal zombie (1993), dirigida por Brian Yuzna y mucho menos paródica que las anteriores. De hecho, es un cuento de ciencia ficción romántico y necrófilo protagonizado por Mindy Clarke, una zombi que calma las ansias de comerse a su novio mediante el piercing extremo. Extraña película y aún más extraña secuela teniendo en cuenta sus antecesores.

Zombies “pilotados” por babosas del espacio exterior instaladas en su cerebro eran algunas de las maravillas que aparecían en El terror llama a su puerta (1986), en donde Fred Dekker homenajeaba el terror pulp de los 50 (como hacían casi todas las películas de esta época, por otro lado) con esa gracia y salero tan de los 80, incluyendo un homenaje directo a Plan 9 antes de que nadie conociera a Tim Burton.

Ya a principios de los 90 el género zombi desaparecía. En el primer año de esa década George A. Romero producía un remake de La noche de los muertos vivientes, dirigido con eficacia (y más gore que en la original) por Tom Savini. Pese a ser una película más que decente, teniendo en cuenta su naturaleza imitadora, su estreno no tuvo mucha repercusión y hoy casi nadie la recuerda.

Más memorable es Braindead (permítanme que no reproduzca aquí su título español), dirigida en 1993 por quien iba a ser en el futuro, quien lo diría, el director mejor pagado de Hollywood, Peter Jackson.

Ambientada a finales de los 50, narra la pesadilla por la que pasan Lionel (Timothy Balme), un tipo torpe y dominado por su madre, y la inmigrante española Paquita (Diana Peñalver) al enfrentarse a una horda de zombis provocada por la mordedura de una exótica rata-mono.

Jackson pisó hasta el fondo el pedal del gore en esta película, quizá la más sangrienta y desmelenada de toda la historia del cine de terror, pero una de las menos desagradables gracias al humor tipo cartoon que convertía cada acto sangriento en un gag de consecuencias tronchantes.

Tanto exceso y pitorreo hizo desaparecer de la faz de la tierra al muerto viviente durante años, siendo revivido por el éxito de los videojuegos de la saga Resident evil, que jugaban con el modelo del zombi de Romero para desvelar a más de un jugador sensible.

Inferior a los juegos, pero razonablemente entretenida resultó la versión cinematográfica rodada en 2002 por Paul W.S. Anderson, una película llena de zombis hambrientos pero sin demasiado gore, en la que lo único destacable eran las piernas de Milla Jovovich. Su éxito condujo a una sucesión de secuelas.

Por la misma época, llegaron a las pantallas dos modestos films que intentan recoger el testigo de Braindead y Posesión Infernal. Tanto la producción australiana Undead (2003) como la nipona Versus (2000) juegan con la mezcla de acción / humor / gore / zombis. Destaca la segunda, una película japonesa de Ryuhei Kitamura admirable por su derroche de acción ultraviolenta al más puro estilo videojuego, una modalidad de la que este autor se ha convertido en maestro indiscutible, añadiendo valor artístico a la mera brillantez visual.

En 2005, Romero regresó a las pantallas con La tierra de los muertos vivientes. Para entonces, el subgénero que nos ocupa ya había dado muestras de renovación, gracias a la magnífica comedia Shaun of the dead o al remake de Dawn of the Dead. No tardarían en llegar al público el cómic The Walking Dead, luego convertido en exitosa teleserie, y la novela Guerra Mundial Z, de Max Brooks, llevada al cine por la productora de Brad Pitt, protagonista asimismo de dicha adaptación.

En la actualidad, los zombis se han consolidado como una moda con múltiples ramificaciones, tanto en el cine de bajo presupuesto como en el mainstream, sin olvidar los videojuegos. Gracias a ese nuevo impacto de los muertos vivientes en la cultura popular, las generaciones más jóvenes han podido descubrir qué extraña fascinación producen esas putrefactas criaturas.

Como decía aquel viejito: “Cuando no haya más lugar en el infierno, los muertos caminarán por la tierra”.

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Vicente Díaz) Cine clásico Fri, 01 Aug 2014 20:59:36 +0000
Reseña: "Lucifer 113", de Jonathan Maberry http://thecult.es/libros/resena-lucifer-113-de-jonathan-maberry.html http://thecult.es/libros/resena-lucifer-113-de-jonathan-maberry.html Reseña:

La hierba está quemada por el sol. Erizado de ruinas, el horizonte ofrece todos los síntomas de la catástrofe. Sin embargo, esa fantasía apocalíptica impacta menos que sus nuevos pobladores. Una legión cadavérica y hambrienta, en constante peregrinaje, que resume el fin de nuestra civilización con un simple zoom sobre sus labios entreabiertos.

Las apariencias no engañan. Seguir estando vivo es esto: aterrorizarse ante la visión de esa boca violácea, insaciable, de la cual chorrea un hilo de sangre oscura.

No hace falta que añada más detalles al cuadro. Ya saben que hablo de zombis.

Me duele decirlo pero, a estas alturas, el subgénero de los muertos vivientes acumula pocas obras maestras y un sinfín de despropósitos. Al fin y al cabo, estas critaturas han prosperado en la serie Z, y solo una sucesión de circunstancias sociales –la crisis, la moda de la autosuficiencia, la conspiranoia, la posmodernidad– han conseguido que, en muy contados casos, los no muertos alcancen la primera división del cine, la televisión, el cómic o la literatura.

Lucifer 113 pertenece a esa rara y admirable categoría. Jonathan Maberry, que es un estupendo escritor, emplea la tradición de los zombis –eso que los sajones llaman undead fiction– para hilvanar una alegoría sobre los demonios ocultos de nuestra sociedad: desde la ignorancia hasta el fanatismo.

"Así es como acaba el mundo", leemos en la primera línea de la novela. Una montaña rusa que arranca en Stebbins, un pueblo de Pensilvania, con el escalofriante paso a la otra vida –no me refiero al paraíso, sino a la zombificación– de Lee Hartnup, asesinado en la morgue por un hombre que, en apariencia, dormía el sueño de los justos sobre una camilla.

Como en todos los relatos de este tipo, la epidemia es desatada por un mad doctor, empeñado a convertirse en aprendiz de brujo. En este caso, se trata de Herman Wolker, quien prueba su novedoso suero en las venas de un psicópata condenado a la inyección letal. El mismo asesino en serie que, hambriento de carne y vísceras, desata el horror en Stebbins.

Jonathan Maberry maneja excepcionalmente los tiempos y diseña personajes que atrapan al lector, como la carismática policía Desdemona Fox y el periodista Billy Trout, dos de los protagonistas de esta mórbida aventura.

A medida que discurren las páginas, se hace evidente que Maberry es un fan de George A. Romero y de la imaginería que éste consolidó en La noche de los muertos vivientes.

No obstante, el escritor va más allá del tópico, y consolida un microcosmos crudo e implacable, en el que se hospedan seres con la carne desgarrada, que doblan la esquina de la calle profiriendo gemidos guturales. En definitiva, justo lo que necesita un aficionado a la buena literatura de horror.

Sinopsis

El doctor Herman Volker ha estado investigando una nueva fórmula. Quién mejor para probarla que el desalmado asesino en serie Homer Gibbons. Donde muchos ven una merecida pena de muerte por inyección letal, Volker ve una oportunidad de hacer justicia. Le inyecta a Gibbons el fármaco que hará que mantenga la conciencia mientras su cuerpo se pudre en la tumba. Desgraciadamente, nada sale según lo planeado. En vez de ser enterrado en la prisión, llevan al asesino al cementerio de una pequeña ciudad de Pensilvania. Y toda sustancia experimental tiene efectos secundarios imprevistos... El criminal despierta antes de que lo entierren. Está hambriento. Infectado. Y es contagioso.

Cuando la agente Dez Fox llega al camposanto, solo encuentra un par de cuerpos a medio masticar y una bolsa para cadáveres... vacía.

Jonathan Maberry ha ganado varios premios Bram Stoker. Escritor profesional y profesor de redacción desde 1978, ha publicado más de mil cien artículos, diecisiete libros de no ficción y siete novelas, así como relatos, poesía, letras de canciones, guiones y dos obras de teatro.

Ficha editorial

Lucifer 113

ISBN: 9788490180945 | 344 páginas | Rústica con solapas | 0.47 kg

20.95 € 19.90 €

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © La Factoría de Ideas. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Guzmán Urrero) Libros Thu, 28 Nov 2013 16:34:11 +0000
Crítica: "We Are What We Are" (2013). Vuelve el gótico americano http://thecult.es/critica-de-cine/critica-we-are-what-we-are-2013-vuelve-el-gotico-americano.html http://thecult.es/critica-de-cine/critica-we-are-what-we-are-2013-vuelve-el-gotico-americano.html Crítica:

Un servidor ha de aclarar que no recuerda haber visto Somos lo que hay, el film mexicano de 2010 en el que se basa este remake de Jim Mickle (Stake Land), con lo cual no sabría decir si los muchos méritos de la película se deben a Mickle o a Jorge Michel Grau.

Sea como sea, lo cierto es que nos encontramos ante un excelente ejemplo de "gótico americano", con caníbales, inundaciones y tensiones familiares.

Más enfocado al suspense y a la tensión psicológica que al gore, este film no escatima la sangre, pero ésta siempre llega en el momento justo, y nunca se antepone a un guión bien desarrollado e interpretado. En este sentido, destaca la potente participación de un excepcional Michael Parks.

Quizá resulta algo tópico que el malvado de la función vuelva a ser un fanático religioso que gobierna a su familia a base de Biblia malinterpretada y malas caras, pero el director sabe centrar la atención en los personajes que le rodean, bastante más interesantes –sus hijos, el doctor que se huele algo raro...–. Por otro lado, la ambientación es tan perfecta que uno casi percibe el olor a lluvia, bosque y vieja casa opresiva.

Esos detalles no son tan sencillos de conseguir como parece, y marcan la diferencia en este tipo de películas.

En definitiva, We Are What We Are es un ejercicio de thriller elegante que sabe sortear los muchos peligros que lo hubieran convertido en artificio ramplón y ruidoso.

Sinopsis

Los habituales de Sitges ya saben lo que hay. Carne fresca y mucho terror. Aquí se suman dos referentes de enjundia: el director de la prometedora Stake Land se lanza a un remake de Somos lo que hay.

Nos trasladamos de México a la provincia de Nueva York, donde unas chicas se han quedado huérfanas de madre. Deberán cuidar de su hermanito y, sobre todo, perpetuar las excéntricas costumbres del padre.

Graduado por la Tisch School of Arts de Nueva York, Jim Mickle ha trabajado durante años en cine y publicidad como iluminador, montador, ilustrador, diseñador gráfico y dibujante de storyboards. Ha dirigido Mulberry Street (2006) y Stake Land (Sitges'10).

Copyright del artículo © Vicente Díaz. Reservados todos los derechos.

Copyright de la sinopsis © Sitges 2013. 46 Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Vicente Díaz) Critica de cine Tue, 15 Oct 2013 15:46:36 +0000
"Guerra Mundial Z", de Max Brooks http://thecult.es/libros/guerra-mundial-z-de-max-brooks.html http://thecult.es/libros/guerra-mundial-z-de-max-brooks.html

Algo ocurrió a principios del recién estrenado siglo XXI, algo que generó una ola de zombimanía que aún perdura. No sé lo que sucedió. No voy a realizar pomposas disquisiciones sobre ansiedades milenaristas ante el cambio de milenio o sobre el mundo post 11-S, pero lo cierto es que, entre 2002 y 2004, vieron la luz una serie de obras que volvieron a poner en el candelero la figura del muerto viviente antropófago.

Dichas creaciones, pese a su calidad puntual, dieron pie a una moda marcada por la mediocridad general. ¿A qué títulos me refiero? Pues a las películas 28 días después (28 days later, Danny Boyle, 2002), Zombies Party (Shaun of the dead, Edgar Wright, 2004) y Amanecer de los muertos (Dawn of the dead, Zack Snyder, 2004), y a la serie de cómics Los muertos vivientes (The walking dead, 2003), que se convertiría en la teleserie The walking dead en 2010.

Contemporáneo del citado cómic es el libro Zombi: Guía de supervivencia (The zombie survival guide, 2003), una divertida broma en forma de texto de autoayuda, del tipo “Hágalo usted mismo”.

Gracias a la brillante pluma de Max Brooks, esta guía glosa consejos a seguir ante un inminente apocalipsis –equipo a utilizar, escenarios a evitar, etc.– sin que al autor se le afloje la sonrisa en momento alguno.

Profesionalmente, además de hacer sus pinitos como actor, Brooks fue guionista durante un par de temporadas de Saturday Night Live, el programa de humor decano de la televisión estadounidense. La noticia de que no renovaría contrato con el show, coincidió con la publicación del libro y, visto con perspectiva, SNL salió perdiendo y a Brooks le tocó la lotería. Zombi: Guía de supervivencia se convirtió en un best seller de la lista del New York Times y le permitió tener un caché que ronda los diez mil dólares por conferencia sobre zombis que ofrece.

Por cierto, un breve apunte biográfico: la brillantez de casta le viene al galgo. El escritor es hijo del cineasta Mel Brooks y de la actriz Anne Bancroft, la señora Robinson de El graduado.

Podríamos estar ante un one-hit wonder, pero no es así. El éxito del primer libro le sirvió a Brooks como trampolín de lanzamiento para su siguiente incursión en el mundo de los muertos vivientes: Guerra Mundial Z, una historia oral de la guerra zombi (World War Z, an oral history of the zombie war, 2006), una obra ante la que hay que descubrirse.

(Permítanme otro inciso: el fenómeno zombi ha proliferado globalmente en el sector literario, espoleado principalmente por el éxito de los libros de Brooks, pero la cantidad no ha sido acompañada por la calidad. Como botón de muestra, cabe decir que en nuestro país un único editor ha publicado cincuenta títulos en poco más de cinco años.)

Guerra Mundial Z se inspira, al igual que en su día hizo George A. Romero, en Soy leyenda de Richard Matheson, y narra grosso modo el origen y curso de un apocalipsis zombi a nivel planetario.

A priori, nada nuevo bajo el sol, y ahí es donde reside el gran acierto de Brooks. Me refiero a la forma en que cuenta lo que hemos visto y leído hasta la saciedad.

El autor es un gran aficionado a la historia, con especial interés en la militar, y decidió enfocar la obra como un compendio de testimonios orales, en la onda de diversos libros del ganador del premio Pulitzer Studs Terkel o del volumen La Tercera Guerra Mundial, del general británico Sir John Hackett. Si estuviéramos hablando de cine, lo calificaríamos de mockumentary, un falso documental.

Detengámonos brevemente en la obra de Hackett, quien figura en los agradecimientos de Guerra Mundial Z junto al mencionado Terkel y George A. Romero, padre putativo del género zombi.

La Tercera Guerra Mundial (1982) es una obra de política-ficción escrita años después del hipotético fin de esta, en 1985. Se trata de una breve aunque devastadora conflagración entre las democracias occidentales y el bloque soviético, de la que la OTAN surgió vencedora.

El libro reúne un compendio de testimonios de personas involucradas en el conflicto. Hackett era un alto oficial británico retirado, con un fin didáctico en mente cuando redactó estas páginas. ¿Su objetivo? Fomentar una mayor compenetración entre los integrantes de la OTAN frente a la amenaza de la URSS y el Pacto de Varsovia.

Gracias a las medidas sugeridas por el general, implementadas por la organización atlántica en el escenario planteado en el libro, Occidente prevalecía.

Utilizando a un documentalista de la ONU como hilo conductor, Brooks, mediante las voces de personajes de muy distinto origen y condición, narra el origen de la amenaza zombi, cómo la humanidad es puesta contra las cuerdas y acaba imponiéndose.

Pese a que la intención del autor no es otra que la de entretener –frente a la intención de influir en política de defensa de Hackett–, ello no está reñido con el conocimiento de la materia tratada.

Brooks también pergeña un inteligente ejercicio de política-ficción, planteando el apocalipsis zombi como nadie lo había hecho antes: deteniéndose en cómo se produce la propagación mundial de los zombis y de la histeria consiguiente, y asimismo reflejando los planes de defensa para hacerles frente, la implementación de nuevas estrategias militares y armas ante el fracaso del modus operandi de los ejércitos convencionales, el estrés postraumático de los supervivientes, la propaganda diseñada para elevar la moral de estos o la reconversión de la economía a una de guerra sin parangón.

Desprovisto del menor atisbo de chauvinismo estadounidense, Brooks abarca los cuatro puntos cardinales del globo, y plasma un amplio fresco geopolítico que deviene, en casos como el de Corea del Norte, en una aterradora posguerra zombi. De hecho, descubrimos que el planeta Tierra jamás volverá a ser el mismo.

Por otro lado, la obra no sólo se detiene en el destino de los estados. También sigue una vena más cercana, que recoge las vivencias del ciudadano de a pie. Se intuye asimismo la presencia, más o menos velada, de personajes tan diversos como Nelson Mandela, la reina Isabel II, Paris Hilton  o Steven Spielberg.

Si su primer título lo lanzó al estrellato, Guerra Mundial Z ha consagrado a Brooks. En 2011 Publishers Weekly cifraba las ventas del libro en un millón de ejemplares.

Guerra Mundial Z dio lugar en 2007 a un laureado audiolibro que, entre otros, cuenta con los talentos vocales de Mark Hamill, Martin Scorsese, Paul Sorvino, John Turturro y Simon Pegg.

Por si esto fuera poco, Brad Pitt entró en escena y compró los derechos cinematográficos de la obra, casi en el momento de su publicación, por un millón de dólares. Esa es, por cierto, la única relación de Brooks con el proyecto fílmico.

Desde que se conoció que Pitt había adquirido los derechos, el clamor generalizado fue que la película sería un vehículo para el lucimiento del actor, con una dudosa fidelidad respecto al original.

Parafraseando a Woody Allen, podríamos decir que Brooks tomó el dinero y salió corriendo, sin querer saber nada del devenir del proyecto. En todo caso, sus elegantes declaraciones han dejado claro que también hacía suyo ese clamor contrario al film.

No ha comprado páginas en la revista Time o en el New York Times para despotricar contra Pitt, como hicieron en el pasado Anne Rice, ante la elección de Tom Cruise para interpretar a Lestat en Entrevista con el vampiro (Interview with the vampire, Neil Jordan, 1994), o Clive Cussler, para denunciar el desaguisado cometido con su novela Sahara, en la película homónima de 2005 protagonizada por Matthew Mconaughey y Penélope Cruz.

No obstante, Brooks le prohibido al grupo editorial Random House que emplee la imagen de Brad Pitt en la portada de futuras ediciones del libro.

El núcleo duro de fans de la novela rehuirá la película, que hubiese quedado excelente como una serie televisiva en clave de falso documental. En todo caso, ese puñado de fieles siempre podrá volver a releer el que probablemente sea, a riesgo de pecar de exagerado, el equivalente de Guerra y paz dentro del género zombi.

Sinopsis

Por fin, toda la verdad sobre la pasada guerra con los muertos vivientes

Max Brooks ha dedicado varios años a recorrer el mundo en busca de todos los testimonios que ahora reúne aquí sobre la guerra mundial zombi. Por insólito que parezca este libro, que algunos tildan de novela demasiado realista, es la parte censurada del informe que le encargó Naciones Unidas para que quedara memoria de «La Crisis», los «Años Oscuros» o la «Plaga Andante», principalmente conocida como Guerra Mundial Z. Al parecer había «demasiado factor humano».

Este libro aclara realmente cómo el doctor Kwang Jingshu descubrió los primeros casos y se destaparon las pruebas ocultadas por el gobierno chino sobre el gran estallido. También cómo surgió y se propagó el controvertido Plan Naranja de supervivencia, fruto de un oscuro cerebro del apartheid sudafricano. Además contiene los testimonios directos de gentes de la posguerra: contrabandistas de Tíbet, oficiales de servicios secretos de medio mundo, militares, científicos, industriales, políticos, ecologistas, supermodelos, gentes de culturas alternativas tras el cataclismo y muchos otros que lucharon para defendernos de la amenaza de los zombis. También de aquellos que no lo hicieron tanto e incluso de aquellos que creen que la lucha continúa.

Por fin, el mundo sabrá la historia verdadera de cómo la humanidad estuvo a punto de extinguirse. Desde el fin oficial de hostilidades se han producido numerosas tentativas para documentar la guerra zombi. Guerra Mundial Z es el relato definitivo –realizado por los propios supervivientes- de los detalles tecnológicos, militares, sociales, económicos y políticos de cómo la civilización estuvo al borde de la extinción en la lucha total contra el muerto viviente.

Un relato insólito y realista, lleno de interrogantes sobre cómo se comportó la Humanidad ante la gran amenaza de la extinción

Max Brooks (Maximillian Brooks, Nueva York, 1972) es escritor, guionista y actor. Hijo del director Mel Brooks y de la actriz Anne Bancroft, desde 2001 a 2003 fue miembro del equipo de guionistas del programa de televisión norteamericano Saturday Night Live. En 2003, fascinado al descubrir el gran secreto, lo dejó todo para documentar la Guerra Mundial Zombi por encargo de Naciones Unidas. Publicó su primer libro The Zombie Survival Guide (editado en España por editorial Berenice). Este manual de supervivencia para un apocalipsis zombi, con un sorprendente éxito de ventas, le llevó a pensar que más gente había descubierto el secreto. A partir de entonces Brooks ha dedicado estos años a viajar por multitud de lugares del planeta para conseguir material de documentación de dicha catástrofe.

El segundo de sus libros, Guerra Mundial Z. Una historia oral de la guerra zombi (World War Z: An Oral History of the Zombie War) fue publicado en inglés en septiembre de 2006 y fue un bestseller instantáneo en las listas de The New York Times.

Ficha editorial

Guerra Mundial Z. Una historia oral de la guerra zombi

Max Brooks

Almuzara

ISBN: 978-84-96968-81-3

Páginas: 464

Tamaño: 14.5x22

Rústica

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Almuzara. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (José Luis González) Libros Mon, 24 Jun 2013 21:23:27 +0000
Crítica de "Guerra Mundial Z" (2013) http://thecult.es/critica-de-cine/critica-de-guerra-mundial-z-2013.html http://thecult.es/critica-de-cine/critica-de-guerra-mundial-z-2013.html Crítica de

Pese a algunas grietas estructurales en su guión, que me impiden hablar de un gran largometraje, Guerra Mundial Z es un sólido blockbuster de verano, urdido con inteligencia y con un impecable elenco técnico y artístico.

Marc Forster ha dirigido una película de zombies para todos los públicos, lo cual, por un lado, supone que aquí no hay primeros planos de látex y jarabe de sirope –carne y sangre, para entendernos–, y por otro, implica que el foco se pone en la epidemia: una plaga anárquica, feroz, que se acelera al mismo tiempo que crece el pánico de sus víctimas potenciales.

El lugar común puede asaltarnos al poco de comenzar la proyección: "Se podrían haber ahorrado la compra de los derechos del libro de Max Brooks, porque esto va por otro sitio". O aún peor: "¿Cuándo nos van a mostrar a un zombi lanzando un bocado en la yugular de alguien?".

Si logramos evitar ambos prejuicios, el entretenimiento está asegurado, porque Guerra Mundial Z es puro escapismo.

Les anticipo un detalle importante: si hubiera que encontrarle un aire de familia a esta producción, tendríamos que relacionarla con otras películas de catástrofes con una pandemia en su argumento. Como es obvio, las cintas de George A. Romero o la teleserie de AMC Los Muertos Vivientes juegan en otra liga. 

Tiene su gracia que la película haya sorteado el fracaso entre la crítica y el público. Durante cierto tiempo, se hablaba de Guerra Mundial Z con el mismo pesimismo con el que se describiría el naufragio de un enorme petrolero. No es para menos: a los rumores sobre la constante rescritura del guión se sumaban los anuncios de que habría que volver a rodar secuencias enteras.

La buena noticia es que, pese al encuentro de egos entre Forster y el protagonista y productor Brad Pitt, la película ha llegado a su destino con un resultado que, pese a sus irregularidades, satisfará a buena parte de los espectadores. Insistiré en ello: no es una cinta perfecta, pero contiene secuencias de enorme brillantez, y hay tramos enteros que uno ve con el alma en vilo.

¿Cuál es, entonces, el problema que me impide llegar al total entusiasmo? Bien, no hace falta tener fuentes en Hollywood para comprender qué oscilaciones de tono y de criterio iba a tener un guión coescrito –y sobreescrito– por tipos con una personalidad tan intensa como Matthew Michael Carnahan (El reino, Leones por corderos, La sombra del poder), J. Michael Straczynski (El intercambio, Thor), Drew Goddard (Buffy Cazavampiros, Alias, Perdidos, The Cabin in the Woods), Damon Lindelof (Perdidos, Prometheus, Star Trek: En la oscuridad) y Max Brooks (guionista de Saturday Night Live y feliz autor del libro en el que, supuestamente, se basa este largometraje. Su responsabilidad acaba ahí, porque en cuanto se puso en marcha el proyecto, no escribió una línea y cedió su lugar a Straczynski).

Podemos imaginar que en el cóctel se fueron añadiendo elementos ideados por cada uno de los escritores mencionados, y que Pitt y Forster han ido encajando las piezas según su criterio.

¿El resultado? Bien, la película crece a partir de un magnífico arranque, sostiene su verosimilitud y su dinamismo durante los dos primeros actos, y da un giro en el último: lo que hasta ese momento ha sido un vibrante thriller de catástrofes se transforma en una historia de terror intimista y menos creíble, con toques propios de una teleserie de nivel medio de la BBC.

Hay pecados mucho más graves en el cine actual, desde luego, pero uno siempre espera que el desenlace de una cinta de estas características sea tan apoteósico como su inicio. Y aquí eso no sucede.

Por insistir en el aspecto positivo de este balance, les diré que me convenció la relación familiar que ese establece entre el protagonista, el investigador de las Naciones Unidas Gerry Lane (Pitt), su esposa, Karin (Mireille Enos) y sus dos hijas. El vínculo emocional de esos cuatro personajes sirve de centro de gravedad a una película cuya trama se expande por medio mundo, con el peligro de disgregarse por el camino.

Las actuaciones son de primer nivel. Entre los secundarios, fíjense en el excelente desempeño de James Badge Dale como ranger de infantería, en el de David Morse como renegado de la CIA, y en el del cineasta holandés Ludi Boeken como agente del Mossad.

En el aspecto técnico, hay que destacar la fotografía, cuyos méritos se deben a Ben Seresin y al no acreditado ganador de un Oscar Robert Richardson. La dirección artística, siempre de magnífica categoría, es obra Nigel Phelps.

¿Y qué decir de los efectos visuales? No me sorprende su calidad, porque son el resultado de la colaboración de cuatro compañías de larga trayectoria: MPC, Cinesite, Industrial Light & Magic y Lola VFX.

Sinopsis

En un día normal y corriente, Gerry Lane (Brad Pitt) y su familia ven interrumpido su tranquilo trayecto en coche por un atasco de tráfico. Como antiguo investigador de Naciones Unidas, Lane se da cuenta de que no es un atasco de tráfico normal. Mientras los helicópteros de la policía rondan por los aires y policías en moto derrapan salvajemente por los suelos, la ciudad se va sumiendo en el caos.

Algo está haciendo que multitud de personas se ataquen salvajemente entre sí: un virus letal que se transmite mediante un simple mordisco, convirtiendo a seres humanos sanos en algo irreconocible, inconsciente y feroz. El vecino se vuelve contra el vecino, un solícito desconocido de repente se convierte en un peligroso enemigo. Se desconoce el origen del virus, y el número de afectados aumenta de manera exponencial cada día, convirtiéndose rápidamente en una pandemia mundial. A medida que los infectados desbordan a los ejércitos del mundo y hacen caer rápidamente a sus gobiernos, Lane se ve obligado a volver a su antigua y peligrosa vida para garantizar la seguridad de su familia, poniéndose al frente de una búsqueda desesperada por todo el mundo de la fuente de la epidemia y de algún medio para detener su incesante avance.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Paramount Pictures, Skydance Production, Hemisphere Media Capital, GK Films, Plan B Entertainment/2DUX2. Cortesía de Paramount Pictures Spain. Reservados todos los derechos.

 

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correo@thecult.es (Guzmán Urrero) Critica de cine Sat, 22 Jun 2013 23:48:22 +0000