En lo que llevamos de siglo, los zombis han pasado de ser “propiedad” de los aficionados al cine terror a convertirse en un producto de consumo general. El éxito de la adaptación televisiva del cómic The Walking Dead, las “marchas zombi” (zombie walk), la avalancha de comedias zombi a raíz del éxito de Shaun of the Dead (Edgar Wright, 2004), glamourosas muñecas infantiles zombi, videojuegos, monólogos zombi (!)... todas estas cosas y alguna más han “democratizado” a los zombis, y de paso han terminado por cansar un poco.

A la hora de valorar este tebeo hay que partir de dos definiciones. Son dos formas de verlo: complementarias, y al mismo tiempo, igual de turbadoras. En principio, nos hallamos ante una ucronía con elementos propios del steampunk. Pero calándola hasta impregnar todas sus páginas, aflora una pavorosa historia de muertos vivientes.

La exitosa novela de terror Y pese a todo..., de Juan de Dios Garduño, pasa a la pantalla grande de la mano de Miguel Ángel Vivas, uno de los más interesantes directores españoles que se han especializado en el thriller y el terror.

The Walking Dead estrenó su cuarta temporada en Estados Unidos (y un día después en España) con un éxito fulminante. Ha roto sus propios récords: el 12 de octubre consiguió sentar a 17 millones de personas ante el televisor (a los que habría que añadir otros 5 millones que usaron servicios de VOD, o de grabación). Es decir, con 22 millones de personas, se convierte en la serie más vista de cable.

Si el vampiro es la metáfora por excelencia del género fantástico, capaz de personificar la naturaleza parasitaria de la aristocracia, los peligros del sexo o lo enfermizo del amor romántico, el zombi ha servido para encarnar –es un decir– a la masa descerebrada con acertada falta de sutileza.

Reseña: "Lucifer 113", de Jonathan Maberry

La hierba está quemada por el sol. Erizado de ruinas, el horizonte ofrece todos los síntomas de la catástrofe. Sin embargo, esa fantasía apocalíptica impacta menos que sus nuevos pobladores. Una legión cadavérica y hambrienta, en constante peregrinaje, que resume el fin de nuestra civilización con un simple zoom sobre sus labios entreabiertos.

Un servidor ha de aclarar que no recuerda haber visto Somos lo que hay, el film mexicano de 2010 en el que se basa este remake de Jim Mickle (Stake Land), con lo cual no sabría decir si los muchos méritos de la película se deben a Mickle o a Jorge Michel Grau.

"Guerra Mundial Z", de Max Brooks

Algo ocurrió a principios del recién estrenado siglo XXI, algo que generó una ola de zombimanía que aún perdura. No sé lo que sucedió. No voy a realizar pomposas disquisiciones sobre ansiedades milenaristas ante el cambio de milenio o sobre el mundo post 11-S, pero lo cierto es que, entre 2002 y 2004, vieron la luz una serie de obras que volvieron a poner en el candelero la figura del muerto viviente antropófago.

Pese a algunas grietas estructurales en su guión, que me impiden hablar de un gran largometraje, Guerra Mundial Z es un sólido blockbuster de verano, urdido con inteligencia y con un impecable elenco técnico y artístico.

Poética, sugestiva y febril, I Walked with a Zombie (Yo anduve con un zombie) es una de las obras maestras del cine fantástico, y sin duda, garantiza la inmortalidad de su realizador, Jacques Tourneur.