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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Muera madame Bovary

La muerte por ingestión de arsénico de doña Emma Bovary ha dado mucho de que hablar. Ni más ni menos que nuestra ¿Cómo ves? ha abordado el tema de la explicación bioquímica de la acción de los venenos y, por supuesto, de algunos famosos envenenamientos históricos y literarios. Yo viví durante algún tiempo de juventud expuesta al “olor a almendras amargas”, pues era fan de Agatha Christie.

Los libros suelen recibir elogios unánimes en tanto que instrumentos que ayudan a la cultura, a la paz y al entendimiento entre los seres humanos. Óscar Cabello ha escrito Literatura mortal para demostrarnos lo contrario.

El arte de envenenar

No está bien envenenar a la gente  De hecho, está muy mal. Ya nos lo advirtió Thomas de Quincey en su Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes, refiriéndose no al envenenamiento en concreto, actividad que desdeña y deplora como novedad abominable importada, sin duda, de Italia, sino al asesinato, en general. “Si uno empieza por permitirse un asesinato –escribe De Quincey–, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente”. Imperdonable. “La ruina de muchos –nos advierte– comenzó con un pequeño asesinato al que no dieron importancia en su momento”. Así que nada de asesinar, ni con veneno, ni soga, ni arma blanca, ni de fuego, porque ya se sabe: se empieza por una tontería así y se acaba faltando a la buena educación.

El 17 de octubre de 1587, después de 11 días de agonizante sufrimiento, el Gran Duque de Toscana, Francesco I de Medici murió a consecuencia de la malaria, de acuerdo con los documentos oficiales de la época. La muerte del duque italiano probablemente no se hubiera convertido en evento histórico de no ser por una extraña circunstancia: apenas horas después del fallecimiento del sobrio gobernante, su esposa Bianca Cappello murió también de la misma enfermedad.