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Hay muchos álbumes dobles en vivo que alcanzan la excelencia. Probablemente fue Cream, con Wheels Of Fire (1968), el grupo que configuró la plantilla para este tipo de grabaciones distendidas, que permitían a la banda "explorar" sus canciones más largas, al hacerlas un poco más... ‒¿cómo lo diría?‒ largas.

Irmin Schmidt se las ha ingeniado para entrar en la historia del rock y de la música electrónica con la máxima intuición, guiado por esa heterodoxia que caracterizó a un grupo ya mítico, Can, que Schmidt formó en Colonia a fines de los sesenta, junto al bajista Holger Czukay, el guitarrista Michael Karoli y el percusionista Jaki Liebezeit.

Leí en 2003 el mítico libro de Nik Cohn Awopbopaloobop Alopbamboom, publicado en 1969. Se considera que es la primera obra dedicada a la música pop y rock.

“Born to run. Memorias”, de Bruce Springsteen

Siete años ha tardado Springsteen en escribir esta Autobiografía que acaba de publicar en castellano Random House con una traducción de Ignacio Julià. Voluminoso libro de casi seiscientas páginas que el Boss dedica a Patti, Evan, Jess y Sam y que se acompaña de fotografías de su álbum familiar. Él mismo cuenta, en el capítulo de agradecimientos, el proceso de la escritura. Sin prisas y sin presiones.

Vamos a estar inmersos en la escucha de un disco que ha sido crucial en las vidas de muchos de nosotros. Un álbum clave por numerosos motivos, y es que, lo creamos o no, ya han transcurrido treinta años desde que Peter Gabriel publicara este cuarto trabajo en su discografía particular.

Crítica: "Janis" (Amy Berg, 2015)

La documentalista Amy Berg aborda la vida y obra de Janis Joplin, uno de los mitos fundamentales de la generación Flower Power, además de ejemplo de manual cuando se habla de rockeros muertos demasiado pronto a causa de sus excesos.

Marilyn Manson: The Pale Emperor

Cuando un músico de rock lleva cierto tiempo en el negocio y alcanza cierta edad tiene que hacerse un Lou Reed. O, dicho de otro modo, tiene que asumir que ya no tiene edad para el lado salvaje, dejarse de subterráneos aterciopelados, de vicios y de satélites de amor.

Este tiempo que anuncia la llegada del invierno invita a quedarse en el sofá, tapado con una manta hasta la barbilla, y con una taza de té humeante al alcance de la mano. Mientras los días no dejan de menguar, esta época incita también al recogimiento. Y gentes de todo tipo y condición empieza a desempolvar los adornos navideños, el Belén, a pensar en veladas familiares, todo ello mientras se invoca la posibilidad de que este año toque la Lotería y de que el año que viene las cosas mejorarán.

Después de las últimas recomendaciones musicales, más oscuras o rebuscadas, me apetecía hablar de un grupo más dulce, aunque esa dulzura solo se vea en la forma, pues las letras son más retorcidas de lo que parece. Es probable que tras diversos artículos dedicados a la electrónica, los aficionados al folk más pop o rock se hayan sentido un poco abandonados. Por eso y para dar cabida a múltiples estilos, esta vez les propongo un grupo folk. Ahora bien, no esperen que hable ni de Mumford and Sons, que me duermen al segundo compás y están, en mi opinión, un poco quemados, y tampoco, por ahora de The Lumineers, aunque me parecen mucho mejor que los anteriores.

Proto punk electrónico, post punk, art punk y art rock, dance punk y electro punk, synthpunk y synthpop, no wave y new wave, industrial… todas estas etiquetas se aplican o bien al dúo del que trata este artículo o a bien a sus hijos musicales. Se trata de Suicide y de todos los que lo siguieron.