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Apostillas a Beatriz Sarlo

Se puede leer en El País del 15 de julio pasado un inteligente y ameno artículo de la ensayista argentina Beatriz Sarlo: El mundo será Tlön.

La Academia de Ociosos

Algunas reflexiones que leo, en estos días, sobre las redes sociales guardan cierta relación con las que provocó la aparición de los periódicos en el XVIII.

"Internet no es la respuesta", de Andrew Keen

El principal problema al intentar decir algo sobre internet es el de precisar, con el mayor equilibrio posible, cuándo nos referimos a sus prodigiosas potencialidades y cuándo aludimos al uso mayoritario que se hace de la red. En ese sentido, este magnífico y revelador ensayo de Andrew Keen no es, ni mucho menos, un canto a las virtudes de la vida analógica ‒Keen no es un luddita‒ sino un profundo análisis de los gravísimos problemas que han generado esos a quienes el autor llama los evangelistas de internet.

Esta obra aborda una serie de asuntos que conviene encarar con base científica y, sobre todo, con serenidad, especialmente a la hora de formular conclusiones. Dichas materias pueden englobarse bajo una sola etiqueta, el uso problemático de internet, que abarca desde la posible adicción a los juegos online o a las redes sociales hasta esa ludopatía que hoy padecen tantos usuarios.

Uno de los acontecimientos determinantes de esta historia tuvo lugar no hace mucho, cuando la página oficial de The Cult en Facebook fue bloqueada por una de esas herramientas de software que estructuran la red social.

Muerte por Twitter

Las redes sociales son algo que nunca antes había existido en la historia de la humanidad. Son, como he dicho en otras ocasiones, lo más parecido que tenemos a la telepatía: comunicación instantánea (a veces tan instantánea que tuiteamos o publicamos antes de pensar), sin filtros y de largo alcance… y que puede salirse de control y volverse “viral”.

Los muy inteligentes y los muy cortitos, los genios y los lerdos, los extraordinarios y los ordinarios; todos, todos nosotros hemos actuado de manera estúpida en alguna ocasión. Y sin duda, lo seguiremos haciendo.

En esas horas del verano en las que es imposible asomar la nariz a la calle, al jardín o, incluso, a la piscina, porque puedes acabar convertida en un espeto de sardina, reflexiono sin más sobre este tema. Un tema que me apasiona. Como todo aquello que tiene que ver con la conducta humana. Y no soy en esto una especialista en conductismo, sino una observadora de la vida.

Explotar burbujas

La publicidad se aproxima al fin de una era, y la inevitabilidad de ese desastre nos permite anticipar dos predicciones. La primera es que las acciones de Facebook y Twitter no valdrán nada. La segunda es que, cuando explote la burbuja publicitaria, la onda expansiva se llevará por delante a numerosos medios de comunicación y destruirá sectores que hoy parecen invulnerables. Podemos desviar la mirada, pero el emperador va desnudo. No es tan difícil comprobarlo.

Las redes sociales son un gran invento. Una forma de comunicación, una posibilidad de conocer a personas diferentes y lejanas, un medio de expresión, un ágora en la que se puede discutir acerca de temas que nos interesen… Incluso podemos convertirnos en opinadores, en personas que lanzan ideas que otros comparten, siguen o discuten.