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Las redes sociales han creado un boom en la difusión de la información, pero poco se sabe sobre la dispersión de noticias falsas en estos canales. Para arrojar luz sobre este fenómeno, investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y de la Sloan School of Management (ambos en Cambridge, EE UU) llevaron a cabo el mayor estudio sobre la transmisión de falsedades en Twitter entre los años 2006 y 20017. Los resultados se publicaron en la revista Science.

El fin de la prensa

Una de las aficiones favoritas de futurólogos profesionales y profetas mediáticos es vaticinar cuándo se publicará el último periódico en tinta y papel. Hace una década el entonces director ejecutivo de Microsoft, Steve Ballmer, aseguró que eso ocurriría en 2018. También dijo que se retiraría ese año pero tuvo que hacerlo cuatro años antes.

En la era de la posverdad

Le dicen posverdad y es la propagación de versiones falsas, presentadas como auténticas, que ha influido en algunos de los virajes políticos más drásticos en los años recientes. No se trata de la simple repetición de mentiras, que siempre las ha habido en el quehacer político, sino del efecto que tienen las redes sociodigitales en la articulación de grandes núcleos de la personas que dan más verosimilitud a informaciones falsas, pero que les parecen creíbles, y no a las noticias que difunden los medios de comunicación tradicionales.

En septiembre de 2014, Nick Bilton publicó en el New York Times su artículo "Steve Jobs Was a Low-Tech Parent", en el que hacía una revelación a propósito del famoso empresario. Fue algo que sorprendió a los gurús tecnológicos, sobre todo a los empeñados en creer que un smartphone o una tablet son los mejores recursos educativos para la infancia.

Para quienes siguen disfrutando con los placeres de la vieja escuela (es decir, largas conversaciones en persona, un libro, una película...), este magnífico ensayo de Adam Alter será una confirmación de esa sospecha que algunos compartimos en voz baja: los ordenadores, capaces de facilitar incomporablemente la transmisión de conocimientos o la filantropía, son también el foco de una adicción muy típica de nuestro tiempo.

A tipo fijo

“¡A tipo fijooo!” ha sido una de las frases de moda en las fiestas navideñas de 2017. Por si usted ha estado lejos de Internet, los medios de comunicación o las reuniones sociales, aquí va una breve explicación.

El otro día, caminando por la calle escuché: “Como no te portes bien, hoy no te doy tus juguetes”. Pensé, con ternura, pobre niño, hoy se queda sin jugar. No fue poca mi sorpresa al girarme y ver que a quién se dirigía la mujer no era a un niño, sino a un pobre perro que miraba atónito a su dueña.

Apostillas a Beatriz Sarlo

Se puede leer en El País del 15 de julio pasado un inteligente y ameno artículo de la ensayista argentina Beatriz Sarlo: El mundo será Tlön.

La Academia de Ociosos

Algunas reflexiones que leo, en estos días, sobre las redes sociales guardan cierta relación con las que provocó la aparición de los periódicos en el XVIII.

"Internet no es la respuesta", de Andrew Keen

El principal problema al intentar decir algo sobre internet es el de precisar, con el mayor equilibrio posible, cuándo nos referimos a sus prodigiosas potencialidades y cuándo aludimos al uso mayoritario que se hace de la red. En ese sentido, este magnífico y revelador ensayo de Andrew Keen no es, ni mucho menos, un canto a las virtudes de la vida analógica ‒Keen no es un luddita‒ sino un profundo análisis de los gravísimos problemas que han generado esos a quienes el autor llama los evangelistas de internet.