Existe una película con este mismo título, famosa por ser una de las producciones más incómodas de historia del cine: por un lado, fue una cinta esencial en el desarrollo del lenguaje cinematográfico, pero por otro, se trata de uno de los films más moralmente nauseabundos que se recuerdan.

Ha ganado las elecciones municipales de Londres el candidato laborista Sadiq Khan frente al conservador Zac Goldsmith. La cosa no saldría de lo normal si no se hubieran puesto en juego las respectivas religiones de los postulantes, musulmán el laborista y judío, el conservador. Muy poco parecieron igualmente importar los orígenes sociales de ambos, muy acordes con su coloración política: un hijo de la emigración paquistaní, obviamente más que modesta, y un millonario por su casa y sus negocios.

El tema de las razas humanas siempre levanta polémica. Y resurge periódicamente.

Crítica de "Criadas y señoras" (2011)



Tras terminar sus estudios universitarios, el sueño de Skeeter (Emma Stone) es convertirse en escritora, aunque de momento se conforma redactando una columna sobre consejos domésticos en el periódico local de su natal Jackson (Mississippi). Pero pronto se volcará en un trabajo personal: un libro en el que pretende reflejar la desigualdad imperante a través del testimonio de las mujeres negras que trabajan para la clase alta, en el que contará con la inestimable ayuda de las sirvientas Aibileen (Viola Davis) y Minny (Octavia Spencer). Un proyecto arriesgado y revolucionario para la reaccionaria sociedad del momento, que deberá llevar en secreto para protegerse a sí misma y a sus entrevistadas.

La amistad es un factor esencial en la historia de Criadas y Señoras, y también lo fue para que la película se hiciera realidad.

Criadas y Señoras es la dramática, amable, conmovedora y a ratos divertida adaptación de la novela del mismo título publicada en 2009 por Kathryn Stockett.