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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

"Breve historia de la química", de Isaac Asimov

Hay un matiz intransferible que poseen los mejores divulgadores científicos. En el caso de Isaac Asimov, la pedagogía, la sabiduría y un punto de excentricidad formaron parte del mismo equipaje. Al fin y al cabo, hablamos de un pionero de ese arte que consiste en vulgarizar los saberes más complejos de forma que pueda entenderlos un lector como usted o como yo.

La mesa de juego de Mendeleiev

Un buen día de febrero del año 1869 el químico ruso Dimitri Ivanovich Mendeleiev se encontraba obsesionado, como lo había estado durante años, por vislumbrar un sistema general que explicara la relación y el comportamiento de los elementos.

Por Real Cédula de 13 de marzo de 1650 Felipe IV declaraba la Farmacia Arte Científica. Publicada inicialmente para los boticarios madrileños, pronto se hizo extensible a los de toda España, transformándose en la principal norma legal del sector en la segunda mitad el siglo XVII.

Fray Esteban Núñez había nacido en Antequera, pero se hizo fraile boticario en Burgos. Entró en el monasterio de San Juan, uno de los principales de la ciudad burgalesa, y aprendió el oficio de otro boticario benedictino, fray Esteban Villa, el mejor en su arte de toda la península, tanto, que hasta el mismísimo Felipe IV le pedía medicinas, pese a tener a su disposición un nutrido elenco de boticarios reales.

(El 5 de agosto de 1939 morían fusiladas las "Trece Rosas". Su recuerdo me ha traído éste otro).

Ver lo invisible

Una gran frustración de los químicos ha sido siempre no poder ver las moléculas con las que trabajan.

Conviene reflexionar si sigue siendo buena idea dividir el conocimiento científico en las disciplinas clásicas: física, química, biología… Y es que la naturaleza es una. Segmentarla para estudiarla mejor es una buena estrategia de trabajo, pero corremos el riesgo de creer que el mundo realmente se divide en los anaqueles en que acomodamos el conocimiento que adquirimos sobre él.

Pero no siempre la ciencia es la mejor solución a los problemas. No sólo porque hay problemas que, evidentemente, salen de su campo de acción (los asuntos amorosos, familiares o políticos son buenos ejemplos de campos en que la ciencia nada tiene que hacer).

El mes pasado en esta columna se afirmó que “cualquier cosa que esté formada por materia sólida, líquida o gaseosa es necesariamente química. El aire, el agua, la tierra, los seres vivos, los cerebros gracias a los que pensamos y tenemos un sentido del yo... todo es química y nada más que química”.

Por alguna razón, todo lo relacionado con la química ha obtenido mala fama en las últimas décadas. Decir que algo es químico hoy se entiende como sinónimo de que es nocivo. Incluso se habla de “químicos tóxicos” (en vez de sustancias tóxicas), como si los profesionales de esta ciencia pudieran ser venenosos.