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The Shadow

En 1938, en plena guerra civil, la editorial Molino publicaba en Barcelona una novela más pulp y más celulosa que ninguna, debido a las circunstancias. Se titulaba Manos en la obscuridad y formaba parte de una serie protagonizada por un personaje oculto bajo un sombrero de ala ancha, una bufanda roja y un abrigo hasta los pies. Un fantasma que recibía el nombre de La Sombra. Se enfrentaba a sus enemigos mediante poderes psíquicos superiores, secundados por dos pistolas.

Virgil Finlay (1914-1971)

Ya hemos comentado en entradas anteriores la importancia que tuvieron los ilustradores de las revistas pulp en la formación de los iconos de la ciencia-ficción.

Como otras pasiones menos confesables, el amor por los libros tiene una dimensión fácil de justificar ‒la de los bibliófilos y letraheridos‒ y otra que depende de los caprichos y de la nostalgia de cada comprador. Es fácil entender qué nos conduce a adquirir un viejo ejemplar firmado, o una primera edición de una obra respetada, pero si nos adentramos en los dominios de la cultura popular, esas razones se apoyan, ante todo, en ciertos sueños muy personales. Unos sueños con los que aún nos empeñamos en identificamos.

Los tentáculos nos siguen fascinando. ¿Por qué? Depende la persona a la que se pregunte, eso es parte de su encanto. Para algunos, simplemente son cosas repulsivas, para otros un manjar delicioso. Enigmáticos, feos, bonitos, incluso sensuales… a gusto del consumidor.

A los diecisiete años yo era el perfecto ejemplo de eso que se llama un fracasado escolar. Había repetido tres veces 2º de bachillerato y por fin había logrado convencer a mis padres de que no valía la pena intentarlo una cuarta vez. Lo cierto es que tampoco había aprobado los cursos de 5º a 8º de la educación general básica y que sólo había logrado pasar a los cursos siguientes debido a que los profesores del colegio "Siglo XXI" de Moratalaz consideraban que no debía repetir y me pasaban siempre de curso si les prometía estudiar al año siguiente.

Una última frontera

Entre finales del siglo XIX y principios del XX, nuestro planeta se volvió de repente mucho más pequeño. Los Estados Unidos cerraron oficialmente su frontera, dando por acabada una expansión de tres siglos, y los exploradores europeos llegaban al corazón de África y los Polos. Desaparecían las últimas zonas en blanco de los mapas y, pocos años antes, los rusos habían conquistado toda el Asia Central, incluidos los últimos principados gengiskánidas, solventando así a cañonazos la milenaria pugna entre civilización y nómadas.

Los Hombres de la Lente

Isaac Asimov y Edgar Rice Burroughs son dos nombres habitualmente citados al ponerse a hablar de los padres del género de la ficción interplanetaria. En cambio, no suele salir tanto a colación “Doc” Edward Elmer Smith (1890-1965), el escritor estadounidense que, entre las décadas de los 30 y los 50 del pasado siglo, desarrolló la saga de Los Hombres de la Lente (Lensman).

Hace ya 10 años que la editorial Hard Case Crime, fundada por Charles Ardai y Max Phillips, dedica sus esfuerzos a un objetivo tan loable como lanzar al mercado novelas de género negro, con especial hincapié en la variante hardboiled.

Bogavante Johnson 2. La Mano Ardiente

Para muchos de los fans de Hellboy fue una verdadera alegría que el enigmático secundario Bogavante Johnson empezara a contar con su propio cómic e incluso con alguna que otra novela.

Batman. La maldición que cayó sobre Gotham

El manicomio de Arkham, creado por Dennis O’Neil, es uno de los lugares favoritos por los fans del Hombre Murciélago, ya que muchos de ellos son también amantes de H.P. Lovecraft, quien creara la ficticia ciudad de Arkham para sus relatos.