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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

Este es uno de esos ensayos que logra convencerte completamente en favor de una tesis. Su único defecto es que la tesis que demuestra es la contraria a la que el autor defiende.

Recordar conversaciones

Diré algo respecto a lo difícil que es reproducir una conversación con fidelidad. Nuestra mente tiene una fuerte tendencia a ordenar los acontecimientos, a presentarlos como racionales y razonables, así que busca en una conversación más o menos caótica que hemos mantenido quizá hace unas horas, un sentido y un orden subyacente.

Tuve mi primer ataque de ansiedad antes incluso de saber qué era eso. Un día, con quince años, estaba leyendo un artículo sobre el grupo de música Smashing Pumpkins en un suplemento del diario. Y citaban una de las parrafadas existencialistas de Billy Corgan; no recuerdo exactamente qué. Algo sobre la muerte y la finitud de la existencia. Muy en la línea del grupo.  

A comienzos de 2017, Meik Wiking se dio a conocer internacionalmente gracias a un libro de grata lectura, Hygge. La felicidad en las pequeñas cosas, en el que, de forma desenfada, recomienda ciertas costumbres danesas que pueden contribuir al bienestar en la sociedad del nuevo milenio.

Es difícil que por lo menos alguien no haya oído citar a esta disciplina como la base de muchas estrategias. Desde la política a la mercadotecnia, desde las habilidades empresariales a la gestión de equipos, la psicología social figura siempre como ese pilar académico que sostiene, muchas veces desde la trastienda, cada una de esas actividades.

Las neurociencias, la psicología y la antropología cultural conocen desde hace mucho tiempo el problema del mal, y han tratado de definir de qué modo éste introduce patrones en nuestro comportamiento, tanto individual como colectivo.

De todas las maneras de observar la realidad, la que nos presenta Milton Rokeach es la que más se arriesga a entrar en contradicción con nuestras certezas y creencias. Y no crean que exagero. Como descubrirán los lectores de su magnífico libro, este psicólogo elige como protagonistas de su estudio a tres enajenados: un trío de pacientes de esquizofrenia paranoide empeñados en identificarse con Jesucristo.

Muchos de nosotros iniciamos el año con determinados proyectos ‒ponernos en forma, aprender una nueva habilidad, cambiar de hábitos a la hora de comer‒ . Pero si realmente deseamos hacer estas cosas, ¿por qué esperamos para ello hasta una fecha arbitraria, que no señala otra cosa que una convención temporal? La respuesta nos dice algo importante acerca de la psicología de la motivación, y también sobre lo que ignoran las teorías populares acerca del autocontrol.

¿Neurofelicidad o neurotimo?

Estoy sentada en una playa, sola. El sol brilla y el sonido de los pájaros se entremezcla con el romper de las olas. Una voz suave y amable me pide que me concentre en mis exhalaciones y que trate de dejar mi mente en blanco. “Siente cómo tu respiración fluye por tu cuerpo. Siente el contacto de tu cuerpo con la superficie. Sin cambiar nada”, repite una y otra vez.

En 1988 Carlo M. Cipolla escribía un breve análisis de la estupidez humana, incluso en su ensayo Allegro ma non troppo. Formado en la Sorbona y en la London School of Economics, Cipolla (1922-2000) enseñó en diversas universidades italianas hasta que, en 1959, se incorporó a la prestigiosa Universidad de Berkeley, donde permaneció hasta su retiro, en 1991.