Hace 3,18 millones de años la Australopithecus afarensis Lucy, ancestro de los humanos actuales, vivía en lo que hoy es la región de Afar en Etiopía hasta caer de más de doce metros de altura, probablemente de un árbol, y fallecer.

La Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas y las manos de Juan Cabré Aguiló y Francisco Benítez Mellado nos permiten disfrutar hoy lo que difícilmente en su conjunto puede ser observado en la naturaleza. Estas copias fueron realizadas para el Museo Nacional de Ciencias Naturales hace ahora algo más de cien años en un momento poco favorable para la ciencia española.

La evolución del lenguaje humano

A la par del desarrollo de la teoría evolutiva se han sugerido distintas hipótesis acerca de la evolución del lenguaje humano; incluso éstas preceden a la teoría evolutiva al punto que, en 1866, se eliminó de la discusión académica al interior de la Société de Linguistique de Paris debido, según se argumentó, al alto grado hipotético y la poca aportación teórica que existía al respecto. No obstante, en biología evolutiva nunca ha dejado de ser un tema relevante y se ha planteado que la aparición de Homo sapiens está ligada a la del lenguaje.

Un safari pleistocénico

El África actual es el paraíso de los grandes mamíferos. Año con año el continente negro recibe miles de aficionados a los safaris de observación de animales silvestres. En los promocionales se habla de la posibilidad de observar hasta treinta especies de antílopes, además de elefantes, jirafas, rinocerontes, hipopótamos y, por supuesto, grandes felinos como el león y el leopardo. Muchos viajeros son capaces de gastar miles de dólares para tener la oportunidad de presenciar en vivo la gran maravilla de la evolución de los mamíferos, la megafauna africana contemporánea.

Los yacimientos paleontológicos del Cerro de los Batallones son un archivo excepcional para documentar la fauna del Mioceno superior. Pocos yacimientos han proporcionado tal cantidad de fósiles, tan completos y tan bien conservados. El Museo Nacional de Ciencias Naturales empezó a excavar en ellos hace ya 24 años y aún es mucho lo que queda por descubrir.

Cuando se habla de mastodontes muchas personas evocan erróneamente los legendarios mamuts, sin embargo se trata de animales muy diferentes.

Dos investigadoras estadounidenses han publicado en la revista Nature un artículo sobre su descubrimiento de dientes de chimpancé en Kenia, en África del Éste. Lo aprovechan para repasar la hipótesis de la East Side Story que propuse hace una veintena de años. Según esta hipótesis, prechimpancés y prehumanos se habrían separado por razones de adaptación a entornos que, a su vez, se habrían diferenciado hace entre 8 y 10 millones de años como consecuencia de un acontecimiento tectónico, el hundimiento del valle del Rift y el levantamiento de su borde occidental; el lado este de África, más seco y más descubierto, se habría convertido en el de los prehumanos, y el lado oeste, más húmedo y más cubierto, en el de los prechimpancés.

Dentro de unos días arranca la tercera campaña del Proyecto Tamanart, una investigación dirigida por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) y el Centro Nacional de Patrimonio Rupestre (Marruecos). El equipo está estudiando el arte prehistórico de dos emplazamientos clave del sur de Marruecos, Tachokalt y Tan-Tan, con el objetivo de definir la secuencia cronológica del arte rupestre de esta zona del país, que no se ha explorado hasta ahora de forma exhaustiva.

La reapertura de la cueva de Altamira (Cantabria), tras doce años cerrada al público, no está exenta de polémica. Estudios científicos previos desaconsejaban esta opción; sin embargo, el patronato que custodia las pinturas rupestres quiere compartir este patrimonio cultural con la sociedad. Marián del Egido, nueva directora del Museo Nacional de Ciencia y tecnología (MUNCYT), ha sido la coordinadora del proyecto que desde el 26 de febrero permite la entrada de cinco personas a la cueva cada semana hasta el mes de agosto.

 
A partir de hoy, 27 de febrero de 2014, el Museo de Altamira inicia las visitas experimentales a la cueva, en grupos de cinco personas semanales. Con ello, será posible analizar el impacto que el ser humano tiene sobre sus pinturas.