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El poeta y escritor José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) es una de las voces más significativas de la literatura española contemporánea. Fue profesor universitario en Bogotá y es Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cádiz. Su amplia obra –poesía, novelas, ensayos y memorias– le sitúa en un lugar preeminente de la memoria literaria de nuestro país y le ha hecho merecedor de numerosos galardones, como el Premio de la Crítica, el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el Premio Nacional de las Letras, el Premio Nacional de Poesía y la Medalla de Oro del CBA. En 1997 fue declarado Hijo Predilecto de Andalucía.

19 de abril de 1884. Rosario de Acuña se transforma en la primera mujer que interviene en una velada poética del Ateneo de Madrid.

Para ti, que no sabes...
Honda pasión o grito ronco, qué importa. En vano lo pregunto cada tarde. En desigual batalla se plantea la lucha entre el tiempo que perdimos y el porvenir que acecha sin que sepamos cómo. En qué forma o motivo llegará hasta nosotros la huella de los días... En qué cuerpo hallaremos el consuelo que alivie un cansancio de siglos...

"Esta madera negra, los estantes"

Abrí el libro despacio, con cierta prevención. La poesía tiene un click y, si no suena, la cosa tiene poco arreglo. Volatilidad del verso, como el perfume de la flor del magnolio que se apaga cada noche y cada amanecer reverdece. Abrí el libro, sí. La cubierta es de color albero, el color de Sevilla, y el interior, con páginas de rugosa textura amarillenta, parece confortable. Como si pudieras descansar en él quién sabe qué cansancio o qué desdicha.

"Platero y yo"... y yo

No sé si en algún lugar he escrito algo sobre Platero y yo, pero da igual. Porque podría dedicarle muchas páginas, porque hay muchos recuerdos, muchas vivencias enhebradas a su lectura. En todo caso, como las efemérides han de servir para renovar en nosotros el deseo de leer, aprovecho que se celebra estos días el centenario de su publicación para escribir de ese libro, mal llamado de niños, que tantas veces he leído, oído y escrito.

José Carlos Rosales (Granada, 1952) acaba de publicar en la editorial Renacimiento la antología poética Un paisaje, que aúna poemas de los últimos 30 años. José Carlos es uno de los más sólidos y personales aunque también, quizás, uno de los más desconocidos valores de la llamada “generación novísima”, a pesar de que su aparición como poeta sea singularmente tardía, ya que su primer libro data de 1988.

Sabido es que durante todo el siglo XV este metro fue instrumento casi obligado de la poesía narrativa y didáctica, y que sólo después de larga resistencia cedió su puesto al endecasílabo italiano en la primera mitad del XVI. Su tipo clásico y más célebre, y, por consiguiente, el que con más cuidado y detención estudia el señor Morel-Fatio, es el de las Trescientas de Juan de Mena, que comparado, sin embargo, con los versos dodecasílabos de otros poetas, ofrece particularidades muy dignas de estudio y aún cierta irregularidad que parece intencionada y es a primera vista inexplicable.

Gaspar Núñez de Arce (Valladolid, 4 de agosto de 1834 – Madrid, 9 de junio de 1903), por las mejores y más sanas partes de su ingenio, y por las condiciones de la lengua poética que habla, es hijo de la escuela castellana, llamada comúnmente salmantina, a la cual se prende y adhiere por diversos lados, mucho más que a las escuelas andaluzas.

Si hay ingenio alguno que patentemente y con el ejemplo demuestre lo falso de la teoría de los medios, cuando se la extrema y saca de su quicio, es sin duda Martínez de la Rosa. Hijo era de Granada, y amantísimo de ella, y con todo, fuera necedad buscar en sus obras el más leve reflejo de las cualidades que hemos dado en tener por características de la fantasía meridional y de la poesía andaluza.

Ante todo, prescindiré del Quintana histórico, del Quintana político, del Secretario de la Junta Central, del organizador de la Instrucción Pública sobre nuevas bases, del patriarca y apóstol de las doctrinas, que después se llamaron progresistas, del perseguido y encarcelado en 1814, del desterrado en 1813, de aquella figura estoica y rígida, toda de una pieza, fundida artificialmente en el molde de los Catones y de los Brutos.