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En 1920, tras algunos de sus mayores éxitos, Franz Lehár decidió aceptar un libreto de Leo Stein y Béla Jenbach. El asunto era polaco y, al mismo tiempo, Lehár estaba componiendo La levita amarilla, de tema chinesco, que no obtuvo especial repercusión y que, años más tarde, como El país de las sonrisas (1929), Richard Tauber llevaría al triunfo.

Esplendor de lentejuelas

Inusitada actualidad cobra la reposición de El cantor de México, la opereta de Francis Lopez, en el madrileño teatro de la Zarzuela. En este momento de berrinche nacionalista, la obra, como todas las de este exitoso compositor, es un ejemplo de mestizaje. En efecto, Lopez –apellido corriente en España pero exótico en Francia– era francés, hijo de padre peruano y madre argentina, ambos de ascendencia vasca. Colaboró con Luis Mariano, un vasco español afincado en París, obteniendo sucesivos triunfos en la escena parisina del Châtelet.