Casi había olvidado lo incómodo que era. Hablo de la sacudida que impacta en el ánimo cuando uno descubre que un personaje deslumbrante luce señales poco admirables. Siempre es duro descubrir que aquel a quien teníamos como un referente es, en realidad, un tipo frágil, vulnerable a las peores tentaciones. Incluida la de trabajar para el enemigo.

Durante el dominio nazi, la propaganda se extendió como la pólvora, envuelta en ese halo de populismo y manipulación que impregnó a la sociedad alemana desde el momento en que el Tercer Reich emprendió su nefasta andadura.

Alguien me dirá al ver el título de esta entrada: “No se puede comparar a Mao (o a Stalin) con Hitler”.

El domingo 30 de septiembre de 1984, José María de Areilza publicaba un artículo (ya clásico) sobre la posible conexión del norte de Burgos con el mito del Santo Grial.

Las cifras de la Segunda Guerra Mundial son inaprensibles para la mente humana. Se escapan a la escala diaria y hace falta mucha voluntad y esfuerzo de conciencia para llegar a intuir algo del horror que se percibe lejano. Más lejano si cabe por la manera en que se cuenta la historia al ciudadano de un mundo civilizado: un psicópata se hizo con el poder en Alemania y, embaucando a las masas, comenzó una guerra despiadada que se extendió por todo el mundo. Finalmente, el ejército aliado liberó los diferentes países y, tras el suicidio de aquel enfermo mental el 30 de abril de 1945, el ejército nazi formalizó la rendición el 7 de mayo del mismo año. Quedaba aún la guerra del Pacífico, pero esa es otra historia y tiene un epílogo diferente.

Adiós a Berlín

Uno de los personajes de este libro, la jovencita inglesa de clase alta llamada Sally Bowles, inspiró el personaje de Liza Minelli en la famosa película Cabaret.

Aunque el título español nos haga pensar que nos encontramos ante el remake de un film de John Sturges, o si me apuran de Val Kilmer, esta película es en realidad un drama judicial basado en hechos reales. El tema que se trata es el primer juicio alemán a criminales de guerra nazis, tiempo después de los procesos que abrieron los aliados en Núremberg.

Mil quinientas obras de grandes maestros. No, no hablamos del catálogo de un museo, sino del número de cuadros que un anciano escondía en su piso de Múnich. El descubrimiento, digno de una novela de suspense, ha puesto de actualidad el expolio artístico nazi.

Todos somos nazis

Hoy me cuesta escribir. No porque no haya noticias, ni anécdotas, ni locuras que me sirven de excusa para reflexionar. No. Me cuesta porque ya más de una persona me ha dicho: “Me gustan tus artículos, pero... ten cuidado con lo que escribes. Nunca se sabe quien lo puede leer.”

Imágenes pese a todo. Memoria visual del Holocausto, Georges Didi- Huberman. Traducción de Mariana Miracle. Paidós, Barcelona, 2004, 268 pp.