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Todo el mundo ha oído hablar del análisis postmortem, un trabajo de forenses que aparece una y otra vez en todo tipo de series de televisión y en novelas policíacas. Pero no son muchos los que conocen el análisis premortem.

La escritura y la muerte

En 1982, cuando los computadores estaban los comienzos de su prodigioso desarrollo posterior, Walter Ong publicó su gran libro Oralidad y escritura, una de las más estimulantes investigaciones acerca de las diferencias entre el mundo oral previo a la escritura, el de la escritura y el que se inició con la imprenta.

La muerte y la memoria

Los seres humanos vivimos aterrorizados por nuestra propia mortalidad. Somos la única especie en el planeta que es consciente de que existe la muerte: de que nuestra vida no durará por siempre. Comenzamos a saberlo en algún momento de nuestra infancia o adolescencia, y hay quien dice que es a partir de ese momento que nos volvemos plenamente humanos.

El gran temor de toda persona es la muerte. Lo reconozcamos o no, todos tememos ese momento en que dejaremos de existir, y al mismo tiempo tratamos de no pensar en ello, de olvidar la certeza que tenemos de ser finitos. Filósofos como Fernando Savater han dicho que es esa certeza de nuestra propia mortalidad lo que nos hace humanos: es en ese angustioso momento en la soledad de alguna noche oscura en que un niño o adolescente se hace consciente de que él también va a morir algún día cuando se vuelve plenamente una persona humana.

Huesos de santos

Uno de los tal vez mayores agentes de la vida humana sea, por paradoja, el intento de matar la muerte. Explorar el pasado, obtener una historia, honrar a los ancestros queridos o queribles (muchos de ellos, desconocidos o inexistentes) son variables maniobras para inmortalizar a la especie, ya que no a los individuos.

La ciencia moderna lo revela una y otra vez: cuando las analizamos detenidamente, las cosas casi nunca son tan claras ni bien definidas como parecen.

Evitar la muerte ha sido una gran ilusión de la humanidad. Durante mucho tiempo se pensó que sólo las religiones podían ofrecer esperanzas de este tipo, con base en la creencia en un alma o espíritu inmaterial que habita el cuerpo y que perdura más allá de la muerte.

Una de las muchas cosas para las que la ciencia no tiene una respuesta definitiva —de hecho, no tiene ninguna respuesta, aunque muchos sigan empeñados en pedírsela—, es esa elusiva cuestión filosófica que se conoce como “el sentido de la vida”. Pero cuando se considera la cuestión opuesta, las cosas son muy distintas. La ciencia tiene no una, sino varias formas de entender el significado e incluso la utilidad que puede tener la muerte (considerada desde un punto de vista biológico, desde luego).

La inmortalidad y los libros

Durante la presentación de Recuerdos de la era analógica, Juanjo de la Iglesia y yo nos referimos a un cuento que se incluye en el libro, “El último siglo mortal”.

Vindicación de la muerte

El filósofo Augusto Klappenbach ha publicado en el más reciente número de la revista Claves el muy interesante artículo “Defensa de la muerte”. No se trata de encarecer la muerte como un valor sino, aunque suene a paradójico, de enaltecer la vida humana, que es mortal de necesidad a la vez que considera intolerable esta necesidad. Y en esta encrucijada sitúa Klappenbach una de las innumerables características de la condición humana…