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El doctor Eldon Tyrell intentaba consolar al replicante Roy Batty en Blade Runner, dado que estaba a punto de cumplirse su fecha de caducidad como organismo vivo, con una frase ya célebre: “La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo. Y tú has brillado con mucha intensidad Roy.”

Las neuronas del corazón

"Hoy se cuida el corazón, se da, se le tiene en los labios, /se habla con él en la mano; es duro o tierno; / se quiere o se aborrece con todo el corazón / o con una parte de él; se tiene o no se tiene, / lo cual es inexplicable" (Henri de Parville).

El concepto de inmortalidad, ejemplarmente explorado por Alejandro Navarro Yáñez en este magnífico libro, se nos antoja fascinante. Sobre todo, desde el punto de vista de aquellos lectores que recorremos estas páginas con unas cuantas décadas en la mochila.

Alrededor de los años 70 ocurrió algo en Japón que puso en marcha una cadena de acontecimientos que, a modo de efecto mariposa, está influyendo en cómo hoy se analizan algunas enfermedades discapacitantes, como el autismo [1]. Se trata de una idea llamada Tojisha-Kenkyu, un tipo de autoanálisis en el que son los propios pacientes los que estudian sus síndromes o discapacidades con la colaboración de sus iguales.

En 1946, en el Reino Unido, el Medical Research Council recogió los datos de más de 5.000 recién nacidos de todas las clases socioeconómicas para seguir la pista de su salud hasta hoy. Los resultados del estudio, promovido por el médico James Douglas, sirvieron para influir en las políticas sociales en aquel momento en el que nacía el Estado de Bienestar. Ahora se espera que ofrezcan información crucial acerca de cómo envejecemos.

No por azar ni en vano se dice que nuestra edad está fechada en el cerebro. Y no hablo tanto de la edad mental ‒me refiero al poso de juventud que nos queda en la madurez‒ como de la edad física. Al fin y al cabo, un cerebro sano es, muchas veces, el indicador de una vida saludable y plena.

La primera transfusión humana con éxito fue probablemente la que realizó en 1667 Jean-Baptiste Denis. Administró tres pintas o gotas de sangre de carnero a una persona sin observar ninguna reacción postransfusional.

El cólera de Aquiles

Un alumno mío, de los tiempos heroicos cuando daba clase de redacción en Biomédicas, confundía el género de cólera cuando quería referirse a la enfermedad (masculina), y hablaba (o peor, escribía) de la cólera (pues sí, femenina).

Cuando pensamos en virus, la mayoría de nosotros tendemos a imaginarlos simplemente como “bichos” microscópicos que nos enferman.

Enfermedades olvidadas

¿Qué tienen en común tres enfermedades poco conocidas que llevan los extraños nombres de leishmaniasis, mal de Chagas y tripanosomiasis africana?