Las Matemáticas son consideradas tradicionalmente una materia árida, con un perfil marcadamente académico y hacia la que los estudiantes suelen manifestar una actitud de recelo por su complejidad. La división entre conocimientos es únicamente una forma de organizar los sistemas educativos pero, en la vida real, no solamente no existe sino que entorpece la aprehensión de los contenidos.

Este es Joseph Banks (1743-1820), uno de los científicos británicos más prestigiosos de todos los tiempos. Botánico y explorador, acompañó a James Cook en su primer viaje de investigación por América y Australia. Identificó hasta setenta y cinco nuevas especies para el natural europeo. Introdujo en el viejo continente el eucalipto, las mimosas y las acacias. Fue consejero real en materia botánica. Y presidió la Royal Society, la sociedad científica más antigua y prestigiosa del mundo. Durante más de cuarenta años. Ya es decir.

La intuición de Monty Hall

Monty Hall fue uno de lo más famosos presentadores de la historia de la televisión en Estados Unidos. Durante casi treinta años, desde 1963 hasta 1990, presentó el concurso Let’s Make a Deal (Hagamos un trato). Además de elegir entre una sucesión de objetos que escondían premios muy diversos, los concursantes recibían tentadoras ofertas en metálico para hacerles más difícil la decisión.

La cortina de Pitágoras

El origen del artilugio llamado la cortina acusmática se atribuye al legendario filósofo griego Pitágoras, quien nació en Samos, al menos en una ocasión. La creencia en la rencarnación justifica el aparente absurdo de la frase anterior. Pitágoras presumía de haber vivido varias vidas, algunas como hombre, otras como mujer.

Cuentan que a la reina Victoria le gustó tanto Alicia en el país de las maravillas (1865) que ordenó que le enviaran el siguiente libro que escribiera su autor. No podía imaginar que dos años después recibiría en sus aposentos una copia del Tratado elemental de los determinantes que, por supuesto, no le divirtió en absoluto. Esta anécdota, tan popular como improbable, sirve para recordar que tras el pseudónimo de Lewis Carroll se ocultaba tímidamente Charles Dodgson, un brillante matemático y divulgador.

Una conocidísima frase atribuida al primer ministro británico Benjamin Disraeli se usa frecuentemente para descalificar la utilidad de la estadística: "Hay mentiras, mentiras descaradas, y estadísticas".

Las matemáticas son intrigantes. Estudian cosas que no existen en el mundo físico: números, teoremas y demás objetos matemáticos no están hechos de átomos, ni obedecen las leyes de la gravedad o la termodinámica.

La desesperante estadística

Uno de los aspectos de la ciencia que más desesperan a quienes no se dedican a ella es que no revela verdades tajantes.

Una parte de la ciencia que se publica actualmente —resultados científicos presentados en revistas especializadas— no tiene mucha mayor validez que el conocimiento aportado por disciplinas que gozan de nula credibilidad entre la gente sensata, como la astrología o la cartomancia (lectura de cartas).

Por alguna razón poco explicada, las palabras “ciencia” y “tecnología” suelen aparecer siempre juntas. En cambio, las matemáticas y la ciencia, aunque a primera vista pudieran parecer más afines, tienen entre sí una relación que no siempre resulta clara. Surge de inmediato la pregunta: ¿qué las matemáticas no son una ciencia?