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¡La ciencia no es magia!

Es curioso comparar dos películas que hablan de magia pero que, a diferencia de Harry Potter, recurren constantemente a la ciencia y la técnica.

Fue un antecedente de las tiendas de magia. En el año 1776 el señor Rupano abría cada día su tienda ambulante de secretos al pie del Pont Neuf, en París. Muy cerca de donde Augier, el venerable patriarca de los escamoteadores parisinos, practicaba sus juegos de pasa-pasa y cubiletes.

Esta es la historia de un muerto que nunca existió. El Gran Lafayette viste un uniforme rojo y ciñe una espada. Una amplia capa roja tiembla sobre sus hombros.

La bala atrapada

Dedicado a Servando Rocha, rutilante escritor y editor de la sugerente editorial La Felguera.

A los adultos les encanta escuchar historias de magia y superchería. No es que esperen conocer a un auténtico hechicero, pero el mundo de la ilusión es tentador, y siempre es buen momento para descubrir, como si fuera un acontecimiento íntimo, la delicada complejidad de un conejo que trepa desde el fondo de una chistera.

En cierto sentido, Elsie Wright y Frances Griffiths, las dos jovencitas que fotografiaron a las hadas de Cottingley en 1917, son, simplemente, dos hijas de su tiempo. Niñas educadas con rigor victoriano, que leyeron hermosos cuentos y quisieron refugiarse en ellos.

El abate Gounon regaló a Rousseau una fuente diseñada por Herón de Alejandría. Se trataba de una fuente neumática de la que manaba un chorro de agua vertical, mediante la presión del aire. El aparato evocaba los trucajes de los templos antiguos que Herón había descrito en sus obras y se regía por los mismos principios.

Schiller y la fantasmagoría

Avanza el siglo XVIII. Las luces de la razón empiezan a parpadear ante la atracción de lo irracional. En Prusia los iluminados y videntes aseguraban comunicarse habitualmente con los muertos, antes de que existieran médiums e invocaciones en Norteamérica y Francia,

Sombras con los pies

El ombrómano Chassino (Eléonor Chassin, 1869-1955) era de nacionalidad francesa. De niño fue pastor de ovejas. La primera vez que vio un espectáculo de sombras fue en la iglesia de su pueblo. Desde entonces entretenía las largas horas de soledad componiendo formas y figuras en las paredes de oquedades y cuevas. Un caso parecido al del pintor Giotto, que dibujaba en el suelo cuando le descubrió Bramante.

Houdini no es el único mago que derivó su nombre artístico del de Robert-Houdin. Cuando estudiaba en el instituto, un jovencito llamado George Joseph Kresge modificó su nombre para una actuación escolar, añadiendo otra K en honor Harry Kellar y las dos letras finales de Robert-Houdin. El resultado fue Kreskin, que con el tiempo se convirtió en uno de los más brillantes mentalistas. Pero hubo un tercer mago que le sirvió de modelo. Cuando aún era un muchacho con las rodillas desgarradas, cubiertas de mercromina, estaba fascinado por Mandrake.