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Tercera época - Nº 326

Le tocó morir en Buenos Aires, la ciudad en la que vivió durante décadas y cumplió la mayor parte de su obra literaria y docente. Pero era rosarina y cabe recordarlo porque pertenece a una época muy intensa de la cultura letrada del país que se dio en esa ciudad de Santa Fe sobrenombrada la Chicago argentina.

La poesía de Leopoldo Castilla

Una rápida ojeada a la obra de este poeta salteño recoge la difícil síntesis que produce el encuentro de Rilke y Vallejo. Del primero palpita el ánima exaltado al descubrir que el mundo está lleno de cosas dignas del canto. Del segundo, el gusto por las ásperas reuniones entre palabras que andan desencontradas en el habla cotidiana. Para tal empeño, Castilla se vale de algo muy personal, lo más personal que puede tener un poeta: la inmediatez corporal del verbo.

Aunque nacido y educado como porteño, hace décadas que no habito Buenos Aires y así es como la ciudad sigue siendo capaz de sorprenderme. Anoto apenas una de estas sorpresas: la cantidad de lugares urbanos bautizados con nombres de escritores. La ciudad lo merece porque uno de sus títulos universales es, justamente, es ser sitio letrado: así es como he paseado por calles y plazas que se llaman Roberto Arlt, Jorge Luis Borges, Victoria Ocampo, Julio Cortázar y Leopoldo Marechal.

"La comemadre", de Roque Larraquy

El bonaerense Roque Larraquy, guionista y experto en el mundo audiovisual, demuestra con La comemadre que también es un novelista de primera. No en vano, se trata de un relato en el que la mitología oscura de las viejas fantasías científicas genera tanta inquietud como fascinación.

Volviendo a Cortázar

Con el centenario de Julio Cortázar sufrí un episodio de inverosimilitud. En efecto, me parece inverosímil que ese muchachón con inmutable aspecto de adolescente pudiera arrugarse como suele ser la costumbre de los ancianos centenarios. Por eso, quizá, me he puesto a recordar una historia, mínima si se quiere, de sus lecturas. Debo usar la primera del singular. El que avisa no es traidor. A pesar de mi costumbre –la crítica literaria– paso a creerle a mi memoria como el lector creerá a mis palabras. En el fondo de esta maleta hay viejos papeles, libros desencuadernados, letras grises sobre fondos amarillentos.

Héctor Tizón, la voz en el desierto

 
La vida de Héctor Tizón (1929-2012) empezó y terminó en la provincia de Jujuy, tierra de confín, donde la Quebrada argentina se orienta hacia el Altiplano de Bolivia o la alta meseta boliviana se abre en la Quebrada jujeña. Más concretamente, fue una vida en la que salió y volvió al punto nativo, el pueblo de Yala. En efecto, a pesar de sus numerosos viajes, de sus años como diplomático en México y Milán y su septenio de exilio en Madrid (1976-1983), Tizón estuvo en Yala o volviendo a ella. Esta circularidad tiene que ver, además, con su opción para ser un escritor argentino y con su visión circular del mundo, donde los caminos vuelven sobre sí o se interrumpen, sin conducir a ninguna parte.

Sólo una razón política, y que pudiéramos decir de equilibrio internacional, divide las dos Repúblicas, de tan desigual extensión, que se asientan en las márgenes oriental y occidental del Río de la Plata. La historia de ambos países es una misma, idénticas sus condiciones sociales, análogo el carácter de sus moradores, y tan mezclada su producción literaria, que es casi imposible dejar de mencionar entre los argentinos algún escritor uruguayo, o viceversa. La pequeñez del territorio de la República Oriental está compensada con las riquezas del suelo y con la posesión de uno de los más hermosos puertos y de las más opulentas ciudades de la América del Sur.

El inmenso territorio comprendido entre el Brasil y el Cabo de Hornos, los Andes y el Atlántico, formó, por Real cédula de 1778, un nuevo virreinato, llamado de Buenos Aires, que la Revolución separatista vino a fraccionar en cuatro repúblicas de muy desigual extensión e importancia: Bolivia, Argentina, Paraguay y Uruguay. De la primera hemos hablado ya; la tercera no tiene historia literaria, propiamente dicha, a lo menos en los tiempos modernos; resta tratar de las otras dos, y muy especialmente de la Argentina, cuya superior importancia en la cultura de la América del Sur, comienza propiamente con el hecho de la emancipación.

"La pequeña Gyaros", de José Bianco

 
La pequeña Gyaros. José Bianco. Seix Barral, Buenos Aires, 1994,137 páginas, con prefacio de Jorge Luis Borges

"El criador de gorilas", de Roberto Arlt

 
El criador de gorilas. Viaje terrible. Roberto Arlt. Alianza, Madrid, 1994, 224 páginas