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"Los veintidós bebés de animales más monos", decía el titular. "¡No te imaginas cuál es el número 11!"

Más allá de la experiencia tangigle, lo que llamamos iconosfera tiene dos planos: por un lado, los signos de la realidad accesibles a través del arte y los medios de comunicación convencionales, y por otro, esa acumulación de estratos que engrandece, segundo a segundo, el mundo digital.

El libro que viene

En un mundo de coches y trenes sin conductores, aspiradoras y neveras inteligentes, sensores que rastrean el sueño y el ejercicio, ¿podemos suponer que el libro seguirá siendo igual? La eclosión de la inteligencia artificial o el big data auguran una transformación radical de la forma en que consumimos todo tipo de contenidos culturales. En este momento de cambios e incertidumbres, hacemos un ejercicio de prospectiva y nos aventuramos a predecir el futuro del libro.

Quién sabe cuántos usuarios son conscientes del lado oscuro de internet. Han pasado más de cuarenta años desde que pisamos la Luna, y ahora resulta que, en lugar de situar nuestra última frontera en el espacio, hemos decidido que la navegación más anhelada se realice a golpe de ratón, descendiendo por esas capas que se superponen en el universo digital.

"Internet no es la respuesta", de Andrew Keen

El principal problema al intentar decir algo sobre internet es el de precisar, con el mayor equilibrio posible, cuándo nos referimos a sus prodigiosas potencialidades y cuándo aludimos al uso mayoritario que se hace de la red. En ese sentido, este magnífico y revelador ensayo de Andrew Keen no es, ni mucho menos, un canto a las virtudes de la vida analógica ‒Keen no es un luddita‒ sino un profundo análisis de los gravísimos problemas que han generado esos a quienes el autor llama los evangelistas de internet.

Esta obra aborda una serie de asuntos que conviene encarar con base científica y, sobre todo, con serenidad, especialmente a la hora de formular conclusiones. Dichas materias pueden englobarse bajo una sola etiqueta, el uso problemático de internet, que abarca desde la posible adicción a los juegos online o a las redes sociales hasta esa ludopatía que hoy padecen tantos usuarios.

Después del diluvio

En la última década se han establecido, al menos en la percepción colectiva, varias verdades fundamentales sobre el estado de la información como materia prima y su papel en el mundo. A saber:

En 2008 el tecnólogo americano Nicholas Carr publicó un artículo en el que afirmaba que Internet estaba erosionando nuestra capacidad de concentración y de pensamiento crítico, e incluso aseguraba que la Red cambiaría la estructura de nuestro cerebro y forma de pensar.

Lleva años pululando por la red. Se han celebrado ya diversos encuentros mundiales para hablar sobre esta idea e incluso en el Foro Económico Mundial de Davos de 2014 se convirtió en uno de los hashtags más usados. Estamos entrando en la era del Internet de las cosas, un concepto que hace referencia a equipar a los objetos que forman parte de nuestro paisaje cotidiano de sensores y sistemas de transmisión de información, con los que pueden identificarse, comunicarse entre ellos, conectarse a Internet para ofrecernos información y datos con propósitos muy diversos.

Virus tecnológicos

Toda tecnología puede ser mal usada. Hasta un simple lápiz puede emplearse para herir e incluso matar.