La humanista Luisa Sigea

"Un fin, una esperanza, un cómo o cuándo

La innovación y las humanidades

Cada vez que cambia el gobierno de manos, cambia la ley de educación. Y sin embargo, hay una constante en todos esos cambios: la degradación de los estudios de humanidades. Actualmente, en los institutos de Cataluña, con los que yo estoy familiarizada, prácticamente en ningún bachillerato humanístico se da griego clásico. Y el lugar del latín en el currículum debe justificarse continuamente. No hablemos ya de que los estudios de literatura son meras asignaturas de paso, en las que apenas se aprende algo más que datos y fechas, a menudo incorrectos.

A fines del siglo XV, el estado del clero en España no era mucho mejor que en otros pueblos de la Cristiandad, aunque los males no fuesen tan hondos e inveterados como en Italia y Alemania. Ante todo, en la Península no había herejías: Pedro de Osma no tuvo discípulos, y es un caso aislado.

Arnaldo no fue albigense, insabattato ni valdense, aunque por sus tendencias laicas no deja de enlazarse con estas sectas, así como por sus revelaciones y profecías se da la mano con los discípulos del abad Joaquín. En el médico vilanovano hubo mucho fanatismo individual, tendencias ingénitas a la extravagancia, celo amargo y falto de consejo, que solía confundir las instituciones con los abusos, temeraria confianza en el espíritu privado, ligereza y falta de saber teológico.

En cierto sentido, la palabra Renacimiento carece de exactitud histórica y hasta filosófica. Nunca se dan soluciones de continuidad en la historia, ni es posible abrir una zanja entre el mundo antiguo y el moderno. En ese sentido nada renació, porque nada había muerto del todo. En las entrañas de la Edad Media palpitaba así lo bueno como lo malo de la civilización antigua. ¿Y cómo no, si la idea de lo bello, verdadera divinidad helénica, y la idea de justicia y unidad, que tiró a realizar el pueblo romano, son eternas e indestructibles?

En el año de 1598, a los setenta y uno de su edad, expiraba en Sevilla Arias Montano, el gran filólogo, el eminente escriturario, el sabio humanista, el dulcísimo poeta, colosal figura en aquel siglo de gigantes, que vió morir a Erasmo y a Luis Vives. Fatigado en vida por la envidia y las persecuciones, envuelto en dilatados procesos, acusado ora ante la Corte de Roma, ora en el Tribunal de la Inquisición Suprema, por émulos como el maestro León de Castro, mejor helenista que hebraizante, ciego y descaminado perseguidor de los varones más ilustres de su tiempo, consiguió, por fin, Arias Montano poner a salvo de tales ataques la contrastada Polyglota de Amberes. Pero, muerto él, volvieron a levantarse sus enemigos, intentando oscurecer el brillo de su nombre y dar al traste con la Biblia Regia, monumento imperecedero de su gloria. A dicha, vino a defenderla de tan enconada persecución un discípulo de Arias Montano, educado por él en las letras hebreas, y en las griegas por el Brocense.

Arte y humanismo en la Alemania del Renacimiento

El Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid presentan Durero y Cranach. Arte y Humanismo en la Alemania del Renacimiento, una exposición centrada en dos de los más grandes artistas de la época que representaron dos corrientes distintas.

Escritos literarios, de Leonardo da Vinci

Por si le faltara alguna disciplina, Leonardo también escribía. De sus papeles, dispersos como todo lo suyo, se han antologado aforismos, fábulas, pequeños ensayos, polémicas con nigromantes y alquimistas, traducciones, fantasías, retazos inclasificables. Hay, para completar el retrato letrado del genio, un escrutinio de su biblioteca y unos esbozos geométricos. Humanista de su tiempo, se ve en Leonardo a un estoico moderno, una inteligencia confiada en el orden matemático del mundo, un pragmático para el cual la verdad es hija de la acción y la experiencia.

Viida y obra de Juan de Valdés



Don Marcelino Menéndez Pelayo señala que el Ciceronianus, del gran Erasmo, se introdujo con presteza en España. Incluso fue reimpreso en Alcalá de Henares, en 1529, tan sólo un año después de su aparición en Basilea, el 14 de febrero de 1528. Añade luego el sabio que las inteligencias más claras de la Península se sintieron atraídas por este ejemplo del humanismo alemán, y cita entre aquéllas al filósofo Juan Luis Vives, al teólogo dominico Sancho Carranza de Miranda, al Abad Pedro de Lerma y a su sobrino, el Cancelario de la Universidad de Alcalá, Luis de la Cadena. En particular, don Marcelino señala en este grupo al Secretario de cartas latinas del Emperador Carlos V, Alonso de Valdés, y a su hermano, «el grande escritor y místico reformista Juan de Valdés» (Bibliografía hispano-latina clásica, tomo III, en Obras completas, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1940-1966, p. 232).

Vida del Cardenal Cisneros



De toda la variedad de episodios que brinda la existencia de este eclesiástico y político español, nacido en Torrelaguna (Madrid) en 1436 y fallecido en Roa (Burgos) en 1517, varios pueden admitirse como sobresalientes para los destinos de España, singularmente en lo que se refiere a nuestro desarrollo científico y cultural.