Mostrando artículos por etiqueta: historiografía http://thecult.es Mon, 22 May 2017 15:30:18 +0000 Joomla! - Open Source Content Management es-es "Origen y meta de la historia", de Karl Jaspers http://thecult.es/libros/origen-y-meta-de-la-historia-de-karl-jaspers.html http://thecult.es/libros/origen-y-meta-de-la-historia-de-karl-jaspers.html

La idolatría contemporánea por el presentismo, por ese momento fugaz al que llamamos actualidad y que en tantas ocasiones sólo es un engaño pasajero, nos impide comprender el verdadero sentido y significado del ser humano en el flujo del tiempo, inserto en ese circuito de doble vía que forman la naturaleza y la cultura.

Este síntoma de nuestra época, en la que el embrujo tecnológico parece esterilizar el pasado, se conjura en este libro clásico de Karl Jaspers (1883–1969): un ensayo excepcional y revelador que nos permite regresar al presente con puntos de referencia en el ayer y con cimas por alcanzar en el porvenir.

Publicado en 1949, Origen y meta de la historia nos regala una lectura tan placentera como beneficiosa, y prácticamente todas sus páginas contienen alguna frase memorable o alguna lección a reivindicar. Obviamente, su esquema de la historia universal, organizado sobre los polos de Oriente y Occidente, provoca cierta nostalgia de aquel periodo de prodigios en el que surgieron Buda y Confucio, los filósofos griegos y los autores de los Upanishads, los profetas hebreos y demás protagonistas de aquel tiempo-eje, indispensable para la construcción de nuestras identidades culturales.

Aunque la obra está sólidamente estructurada, uno también puede disfrutarla como una suerte de miscelánea filosófica cuya genuina razón de ser es el subrayado de dos virtudes: la libertad y el conocimiento.

Aunque comparado con otros pensadores alemanes de su época, Jaspers solo ha alcanzado un prestigio marginal ‒en el sentido de que ocupa los márgenes de un debate protagonizado por otros‒, lo cierto es que hoy podemos leer sus escritos con la certeza de su validez.

Criado intelectualmente en un ambiente liberal y protestante, bajo el influjo temprano de Kant y Kierkegaard, Jaspers estudió psicología en la Universidad de Heidelberg, donde fue privatdozent (profesor independiente) antes de convertirse en catedrático de filosofía. Gracias a ese vaivén entre los estudios psicológicos y la doctrina filosófica, su obra fue adquiriendo cierta transversalidad que la hace especialmente atractiva para el lector moderno.

Si hubiera que rastrear a un maestro cuya sombra se proyecta en este libro, tendríamos que pensar en Max Weber. No en vano, Jaspers formó parte de su círculo más próximo, junto a intelectuales tan heterogéneos como György Lukács, Ernst Bloch, Emil Lask y Georg Simmel. A partir de otra influencia decisiva, la de Martin Heidegger, Jaspers encontró su ruta más personal, que en lo político, como ya se imaginan, le distanció mucho de Heidegger. Así, mientras que éste se unió a los nazis en 1933, Jaspers, tras algún que otro titubeo inicial, eligió el camino opuesto. No es de extrañar, si tenemos en cuenta sus raíces liberales, su compromiso democrático y el hecho de que su esposa era judía.

En la posguerra, abordó con agudeza la cuestión de la culpa alemana tras la evidencia atroz del holocausto. Se aproximó a Konrad Adenauer, participó en los debates que dieron lugar a la Europa que hoy conocemos, y emprendió un interesantísimo intercambio intelectual con Hannah Arendt. Asimismo, se le ha querido ver como un precursor de Jürgen Habermas. Sin duda, hay signos de todo ello en este magnífico libro, caracterizado por un humanismo a ultranza que, sin duda, logra contagiarnos.

"Contra todas las negaciones respecto a una ordenación pacífica, justa y jurídica del mundo ‒escribe, en este sentido‒, siempre surge indestructible, nacida de la observación de la historia y de nuestra voluntad, esta pregunta: ¿no será, sin embargo, posible algún día la novedad de encontrarnos todos reunidos en un reino de paz?"

Sinopsis

Este hermoso texto, publicado originalmente en 1949, se propone describir la situación del hombre. Para ello, aboga por situar al ser humano en el tiempo, en el fluir de la historia universal, para lo cual no debemos únicamente mirar al pasado, sino que tenemos que pensar en el futuro, precisar cómo se inscribe y se articula la existencia del individuo en esa totalidad que, como producto de la conciencia de cada época, cambia. Comprender la historia es comprendernos a nosotros mismos. Esta edición de Origen y meta de la historia recupera la traducción de Fernando Vela que se publicó por primera vez en Revista de Occidente en 1951.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Guzmán Urrero) Libros Fri, 31 Mar 2017 13:10:04 +0000
La historia de nunca acabar http://thecult.es/critica-de-cine/la-historia-de-nunca-acabar.html http://thecult.es/critica-de-cine/la-historia-de-nunca-acabar.html La historia de nunca acabar

Hace unos años el cine se ocupó de biografiar al poeta Jaime Gil de Biedma. El filme se llamó El cónsul de Sodoma y en él un excelente y sensible Jordi Mollá lidió victoriosamente contra un guión presumido y débil. Comentándolo con un amigo que había tratado al escritor, escuché su rasante censura, basada en el hecho de que (sic) había conocido a Gil de Biedma y no era para nada como lo mostraba su biopic. Pensé que aviados estamos si cada vez que se nos referencia algo histórico en el cine sólo lo entenderemos si hemos conocido a los personajes “reales” del caso.

Evoqué aquella conversación viendo 1898. Los últimos de Filipinas dirigida por Salvador Calvo. Leí y escuché opiniones de historiadores o meros aficionados a la historia que hallaban defectuosa la versión de aquellos eventos, tan novelescos por su parte, del improvisado fortín de Valer. Personalmente, juzgo la película como digna y fallida. Es cumplida la producción, suntuosa la fotografía, eficaz y climática la música de Roque Baños, pero errático el libro y descuidada la dirección de unos actores que, a menudo, como los estupendos Tosar y Errejalde, no saben muy bien qué hacer.

Abandono la crítica de cine porque el asunto de fondo es otro, la relación entre eventos históricos y ficciones novelescas, teatrales y cinematográficas. Soy de los que piensan que la ficción es ficcional, conforme a la primera ley de Pero Grullo. Un personaje histórico metido en un contexto de ficción se torna ficticio y adquiere una autonomía y una validez o invalidez propias. Nadie va a pedir a Shakespeare ser puntilloso y documental cuando pone en escena a sus reyes, a Julio César o a Tito Andrónico. Son tan ficticios como Romeo y Julieta, Hamlet y Próspero. Se sostienen o flaquean según su propia verosimilitud.

La historia de los oficiales y soldados que en un perdido destacamento filipino siguieron luchando por un imperio inexistente, ha sido motivo de estudios rigurosamente históricos y aún hoy quedan archivos sin explorar y, acaso, sorpresas que experimentar cuando salgan a la luz. En otro sentido, el 98 marcó una época intelectual española que removió el ancestral problema de la identidad. Derrotada por los Estados Unidos en América y Asia, abandonada por Europa, ¿en qué lugar del mundo se situaba España y cómo definir desde él a los españoles? ¿Valía de algo haber sido, cuatrocientos años antes, el mayor imperio del mundo? ¿Le correspondía integrarse en el Sur europeo o en el Norte africano?

La anécdota ha servido para hacer exaltaciones patrióticas, evocaciones esperpénticas, críticas a la administración militar, denuestos a una dirección política que recibió el Desastre con la corrida de toros del Dos de Mayo madrileño. El filme de Calvo vacila entre estas sugestiones sin saber cómo armonizarlas. Más allá de este ejemplo y cualquier otro, lo que retorna es el dicho de Eliecer a José en la novela de Thomas Mann: el pasado es un pozo que carece de fondo. Ciertamente, es un abismo en que nos apasionamos por averiguar cómo fue eso que tuvo presencia y la perdió por obra del tiempo, esa ausencia irrecuperable que, no obstante, nos resulta indispensable para estar en el presente.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Blas Matamoro) Critica de cine Fri, 30 Dec 2016 18:26:21 +0000
Un hombre libre http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/un-hombre-libre.html http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/un-hombre-libre.html Un hombre libre

Hace unos años conocí a un hombre libre. Libre porque sabía muy bien lo que quería y le importaba muy poco lo que el resto pensase de él. Me enseñó muchas cosas. Hoy he recordado una de las que más me impactó.

El hombre libre era (es) un sabio. Un gran sabio. He tenido la suerte de conocer grandes sabios (y alguna que otra gran sabia, aunque menos, porque siempre estamos en inferioridad de condiciones, siempre). Pero el hombre libre creo que supera, con creces, a todos los demás. Vivía, más o menos feliz, en una bella y culta ciudad centroeuropea, dedicado al negocio de la compraventa de antigüedades. Huyó de la asfixiante Castilla de los sesenta. Aprendió italiano, alemán y francés. Descubrió a otros españoles que, como él, habían huido siglos antes. Y se hizo famoso, muy famoso. Famoso en su hererodoxia.

Fue, entonces, que un rico muy rico se puso en contacto con él. Un rico escandalosamente rico, que puso un cheque escandalosamente atractivo encima de la mesa. El rico muy rico quería un vocero para sus creencias. Pero no un vocero cualquiera, no: quería al mejor. Y el mejor era el hombre libre.

Bien. El hombre libre escuchó atentamente la propuesta. Sabía que ese cheque era su oportunidad. La oportunidad para resarcirse de tanta lucha, tanta persecución, tanta huida, tanto ostracismo. Ese cheque era su pasaporte hacia un futuro glorioso. Un futuro dedicado, en exclusiva, a su verdadera pasión: la Historia.

Pero él era un hombre libre. Pobre, arrinconado, menospreciado, pero libre. Así que, olvidándose de la casa que podría comprar, la vida desahogada que podría llevar, los viajes que podría disfrutar con su esposa, aquella judía criada en un kibbutz que hacía (hace) los mejores bizcochos de zanahoria que he probado nunca mientras escuchaba (escucha) sinfonías de Beethoven, olvidándose de todo, el hombre libre le dijo al rico muy rico: "Yo no soy apóstol de nada ni de nadie. Si quieres pagarme por investigar y contar la Historia que me encuentre, perfecto. En caso contrario, yo no soy tu hombre".

Y, contra todo pronóstico, el rico muy rico aceptó. Quizás estaba convencido de que, al final, el hombre libre claudicaría. Pero eso nunca ocurrió.

El hombre libre recorrió toda Europa. No quedó un archivo o biblioteca que no pisase, un documento o manuscrito que no mirase. Así, durante veinticinco años. Y empezó a escribir la Historia que, de verdad, ocurrió, en aquella convulsa Europa de la Edad Moderna. El verdadero origen de tantas y tantas circunstancias que cambiaron, para siempre, el devenir de nuestra Historia. Envió el primero de los siete volúmenes en los que había dividido su relato. Y el rico muy rico decidió que aquello no era lo que él quería leer. "Recuerda ‒le dijo el hombre libre‒, recuerda nuestro trato: no soy apóstol de nada ni de nadie".

Y así se rompió la relación. El rico muy rico tiene todos los papeles, sí, pero le hace falta alguien que los organice y le escriba la Historia que él desea. Pero el hombre libre también los tiene. En su biblioteca particular. A orillas del Mediterráneo, ese Mare Nostrum que es verdadero origen de nuestra cultura. Quizás nunca los publique. Es imposible que nos obsequie con todo el saber que ha acumulado a lo largo de su vida.

Pero no importa. Al menos, a quienes estamos al tanto de algunos de esos datos, trascendentales, que cambiarían la Historia tal y como nos ha sido contada, no nos importa que nunca vean la luz. Nos basta con saber que nuestras sospechas no son infundadas. Nos basta con haber aprendido que nunca hay que ser apóstol de nada ni de nadie. Porque la Historia contada es un constructo perfectamente creado para ser lanzado en una u otra dirección, según convenga. La verdadera Historia, sin embargo, es la que nunca se contará.

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Mar Rey Bueno) Gabinete de Curiosidades Sat, 10 Dec 2016 19:52:34 +0000
Recuerdo de Ernst Nolte (1923-2016) http://thecult.es/el-fondo-de-la-maleta/ernst-nolte-1923-2016.html http://thecult.es/el-fondo-de-la-maleta/ernst-nolte-1923-2016.html Recuerdo de Ernst Nolte (1923-2016)

La obra de Ernst Nolte ha servido, entre otras cosas, para reiterar el carácter inestable del pasado, que es el objeto por excelencia del historiador. Certeau señala que, junto con el psicoanálisis, la historia se caracteriza por ocuparse de un objeto ausente: el inconsciente y el pasado. En efecto, el pasado no está presente porque, de hecho, ha pasado, y esta impresencia es la que vuelve imposible su condición de objeto y, por tanto, su trato científico.

Los positivistas intentaron hacer científica la historia, buscando ocuparse de los hechos puros y desnudos. No los hallaron porque los hechos desaparecen en el tiempo y hemos de recuperar fragmentos y huellas de su paseo temporal para construir con ellos un relato verosímil. Y ahí te las den todas.

El problema que plantea este asunto es el límite entre pasado y presente cuando el historiador debe trabajar con un tiempo que, de alguna manera, sigue existiendo como contemporáneo. El nazismo, sin ir más lejos. En obras como El fascismo en su tiempo y La guerra civil europea 1917-1945, Nolte lo abordó y suscitó duras críticas, sobre todo de izquierdas, por entenderse que estaba intentado justificarlo. Creo que no es tal, que explicar el nazismo y explicarnos a su través, no es justificarlo, declararlo justo. Se puede pensar, y me incluyo en el juicio, que el nazismo fue injusto, que cometió las injusticias mayores y más monstruosas del siglo XX, que no anduvo pobre de ellas. A la vez, es posible tratar de entenderlo, aun en su maraña de apelaciones a lo irracional, en una época que Borges definió como bajamente romántica.

Hurgando en las fuentes del fascismo, Nolte observó que respondía a surgentes y tradiciones nada excepcionales en todo un espacio del pensamiento europeo. Y asociando las dos guerras mundiales, las vio como una sola guerra no solamente militar sino civil, que involucraba a las sociedades de su tiempo en todos sus niveles. Además, abrió el campo de la investigación a las diferencias entre fascismos, en lo que fue seguido por Milsza y otros estudiosos ajenos a simplificar una zona de la historia demasiado compleja como para soportar simplezas. Renzo de Felice también recibió censuras por intentar razonar el hecho fascista italiano, obviando considerarlo una anomalía de los tiempos, una excepción recortable y pasajera.

Es ciertamente difícil, todavía en la actualidad, estudiar el nazismo sin experimentar cierta repugnancia por la condición humana, incluida las de los europeos, tan justamente orgullosos de los estallidos luminosos de su/nuestro pasado. Pero no hay luz sin tinieblas y es incorrecto, poco racional, considerar que las sombras de Europa no son europeas.

Ahora bien: ¿es posible tomar distancia ante el nazismo para tratar de entenderlo, de entender qué nos atañe de él? ¿Es posible no juzgar moralmente a un personaje como Adolf Hitler como si estuviera tan lejos como Gengis Khan? Desde luego, no juzgaríamos éticamente al déspota mongol al igual que al déspota austriaco. Pero la pregunta insiste: ¿por qué no? El problema del historiador es que cabe otra interrogación: ¿desde dónde se juzga la moralidad de los personajes históricos? Hoy aún podemos hablar con los sobrevivientes de Auschwitz y el imperativo moral tiene fecha, nuestra propia fecha. Quizá Nolte se situó en el filo de la navaja que le dejó unas cuantas cortaduras sangrantes. Al surgir, su sangre se reconoció como la nuestra, la de esos sobrevivientes y las de las víctimas de nuestra atrocidades cotidianas. Es cuando consideramos a Hitler como nuestro hermano, según la fórmula de un alemán difícil mas seguramente nada nazi: Thomas Mann.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Blas Matamoro) El fondo de la maleta Mon, 22 Aug 2016 12:42:01 +0000
Los primeros historiadores griegos http://thecult.es/juego-de-espejos/los-primeros-historiadores-griegos.html http://thecult.es/juego-de-espejos/los-primeros-historiadores-griegos.html Los primeros historiadores griegos

Tucídides a pesar de sus méritos indudables, no se ha podido llevar el título de padre de la historia, porque Heródoto se le anticipó.

No hay certeza absoluta de que Heródoto fuese el primer historiador griego, pues él mismo se refiere a Hecateo de Mileto como precedente. El propio Hecateo parece referirse a sus precursores cuando dice: “Hecateo de Mileto dice: Múltiples y risibles son los discursos de los griegos; yo, empero, Hecateo, digo lo siguiente.” Lo que se confirma porque cuando Heródoto se refiere a Hecateo y otros que elaboraron mapas lo dice en plural: “los jonios”. 

Heródoto también menciona a un tal Dionisio, también de Mileto, que habría escrito dos libros acerca de los persas (Persika) de antes y después de Darío. También se conservan noticias de un tal Janto, que escribió una historia de Lidia, y de dos autores que no es seguro si son anteriores o posteriores a Tucídides: Carón de Lámpsaco y Damastes de Sigeo, que al parecer escribió un libro que hoy nos parecería interesantísimo acerca de los antepasados de los héroes que combatieron en Troya.

Todos estos autores son asiáticos, detalle que ha sido señalado por Momigliano, quien propone un problema, “más fácil de plantear que de resolver”, acerca de la influencia oriental, bajo dominio persa, como impulso para la historiografía griega. “Cuando Hecateo se refiere a los discursos risibles de los griegos (a las historias épicas y a los textos de Homero) habla como jonio de Asia Menor, bajo una fuerte influencia persa.

También, por supuesto, habría que contar entre los precedentes de Tucídides a Helánico de Mitilene o Lesbos, al que Tucídides critica en su obra, que escribió una historia del Ática hacia el –405 y muchos otros libros, entre ellos una Atlantida, aunque probablemente no se trata de la Atlántida de Platón, sino de la genealogía del titán Atlas.

Roussel, para terminar con este asunto, da una lista de historiadores elaborada por Dionisio de Halicarnaso, ya en época de Augusto, y que se suponen anteriores o contemporáneos de Tucídides: Egeón de Samos, Dioco de Proconeso, Eudemo de Paros, Damocles de Figela, Hecateo de Mileto, Acusilao de Argos, Carón de Lámpsaco, Meleságoras de Calcedonia, Helánico de Lesbos, Damastes de Sigeo, Jenómedes de Quíos y Janto de Lidia. El propio Roussell añade a Antíoco de Siracusa, “cuya historia de Sicilia fue sin duda consultada por Tucídides”.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Daniel Tubau) Juego de espejos Sat, 09 Jul 2016 09:50:27 +0000
Historia de género http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/historia-de-genero.html http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/historia-de-genero.html Historia de género

Durante trece años fui la encargada de "enseñar" el Museo de la Farmacia Hispana a los cientos de estudiantes que, cada curso, pasaban por la asignatura de Historia de la Farmacia.

"Enseñar el museo". "La visita al museo". Cada vitrina, cada sala, tenía su chascarrillo propio. De entre todos los que podría contar, hoy recuerdo uno, relativo a un albarelo. El Museo de la Farmacia Hispana cuenta con una impresionante colección de albarelos de todos los tiempos. Entre ellos, uno de cerámica turolense, con su característica decoración en verde y manganeso o "verdimorada". Un albarelo estilizado, decorado con hojas como de vid, alrededor de las cuales estaba inscrito, sin solución de continuidad, "Ave Maria Gratia Plena".

Quienes se encargaron de instruirme en cerámica farmacéutica me dijeron que aquel albarelo era propiedad, no cabía duda, de un boticario converso. Porque sólo un converso necesitaba hacer tal proclama de su nueva fe. En fin, doctores tiene la Iglesia...

Y me acuerdo del albarelo turolense de un boticario morisco a estas alturas porque, a veces, me siento con la fe de un converso. Me explico. Durante muchos años he mirado con recelo aquellas investigaciones realizadas por mujeres que sólo hablaban de mujeres. La llamada "Historia de género". Una disciplina muy nueva. Pero no es la novedad lo que hace que sea vista con recelo por los grandes popes de la Historia. Es el "género". Hacer Historia de género sigue siendo, para la inmensa mayoría de los académicos actuales, algo menor. Un desperdicio, en suma. Bien es cierto que la situación va cambiando, que cada vez se visibiliza más la Historia de las mujeres. Pero es un proceso exasperantemente lento.

Mi recelo ante la Historia de género procedía, como suele ocurrir en estos casos, de esa necesidad que sientes, como neófita, por ser aceptada en la manada. Una manada que es mayoritariamente masculina. Una manada que, salvo honrosas excepciones, ve la Historia de género como algo poco serio... Siempre he tenido una carpeta rotulada con un "Evas alquímicas", donde iba recopilando los datos, pocos y dispersos, que me iba encontrando sobre mujeres. Siempre he querido escribir algo al respecto, pero nunca lo he hecho. Siempre dedicada a escribir sobre hombres y más hombres. Siempre hasta ahora. Hasta que han venido a rescatarme todas ellas. Con sus historias fascinantes. Y he decidido, con la fe del converso, cambiar de registro...

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Mar Rey Bueno) Gabinete de Curiosidades Sat, 09 Jul 2016 08:37:29 +0000
Los afectos del historiador http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/los-afectos-del-historiador.html http://thecult.es/gabinete-de-curiosidades/los-afectos-del-historiador.html Los afectos del historiador

Creo recordar que fue Paul Preston quien dijo aquello de que no quería escribir una biografía de Hitler por no cogerle cariño al tipo.

Es inevitable. Cuando te acercas a un personaje histórico, cuando empiezas a husmear entre sus papeles y vas trazando su trayectoria vital, es imposible no hacerlo tuyo, no incluirlo en tu lista de afectos, no transformarlo en uno más, hablando de sus virtudes y defectos como si de un amigo cercano se tratase.

Actitud que, en sí misma, encierra un arma de doble filo, pues va anulando nuestra capacidad analítica sin que seamos del todo conscientes. Tendemos a justificar sus decisiones equivocadas. Alabamos, en demasía, sus buenas acciones. No vemos, en definitiva, al personaje real de carne y hueso con la distancia requerida.

Cierto es que resulta muy complicado ser imparcial. Siempre nos sentimos más atraídos por unas personalidades que por otras. Siempre encontramos mayores puntos de conexión con determinados caracteres. Un gesto, una decisión concreta, un interés manifiesto por algún tema que sea de nuestra devoción, es razón más que suficiente para decantar la balanza.

Soy de la opinión que siempre nos implicamos cuando nos ponemos a escribir historia. A poco que bajemos la guardia, dejaremos al descubierto nuestras filias, nuestras fobias. De ahí que gran número de historiadores se sientan irremisiblemente atraídos por la novela histórica. Porque es en este terreno donde pueden dar rienda suelta a su imaginación, liberándose de las ataduras que supone toda narrativa académica rigurosa, que siempre debe ser fiel a los datos conservados, alejándose de cualquier licencia especulativa.

Copyright del artículo © Mar Rey Bueno. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Mar Rey Bueno) Gabinete de Curiosidades Fri, 03 Jun 2016 10:37:16 +0000
La fidelidad de la tradición http://thecult.es/juego-de-espejos/la-fidelidad-de-la-tradicion.html http://thecult.es/juego-de-espejos/la-fidelidad-de-la-tradicion.html La fidelidad de la tradición

La poca fidelidad de la transmisión de las ideas mediante la tradición es algo que mucha gente desconoce. Son mayoría los que todavía creen que hay costumbres ancestrales que se trasmiten fielmente durante siglos. Pero, aunque desde un punto de vista intuitivo parecería que las tradiciones mantienen ideas, canciones y recuerdos durante siglos, lo cierto es que eso apenas sucede y que los cambios y novedades en lo que se llama la tradición son constantes.

La tradición, en la mayoría de los casos, tiene entre cien y doscientos años, aunque a veces se conservan recuerdos de hace muchos siglos pero tan cambiados que se hacen casi irreconocibles, como los “ogros” de lo cuentos infantiles, que proceden del miedo a los “húngaros” o la canción “Mambrú se fue a la guerra” que procede del Duque de Malborough y la batalla de Malplaquet en 1709 entre británicos y franceses.

Aunque es frecuente que se aluda a cantos y poemas que “se han trasmitido fielmente a través de los siglos”, cuando el tema se ha estudiado con algo de rigor y seriedad la conclusión ha sido la contraria: las tradiciones cambian constantemente, incluso de una generación a otra. La cultura oral se transforma más que la cultura escrita.

En una ocasión se hizo un estudio antropológico acerca de cantos tradicionales que procedían “de la lejana prehistoria”. Cincuenta años después, se repitió el estudio y aquellos cantos habían sufrido grandes modificaciones. ¿Cuáles eran ahora los cantos que procedían de la prehistoria?

Hasta el descubrimiento de la imprenta, la copia de textos era manual, por lo que los cambios se producían también con más facilidad, cosa que han confirmado las investigaciones en las que se ha podido comparar manuscritos copiados en distintas épocas.

Con la imprenta, los errores en las copias se redujeron, pero es posible que vuelvan a aumentar con Internet, puesto que somos muchos, me temo, los que citamos textos en Internet, a veces no con demasiada exactitud, con lo que al final habrá que recurrir a ediciones princeps en Internet (quizá ya existan).

[Publicado en 2008]

Nota en 2013

No sé a qué ejemplo me refería de cantos trasmitidos desde la prehistoria, pero sé que leí algo acerca del tema. También se podría mencionar aquí sin duda a Milman Parry y sus célebres investigaciones entre los cantores serbios. Su discípulo Albert Lord siempre dijo, en polémicas con Walter Ong, John D. Smith y otros autores, que los métodos de memorización y tradición oral producían constantes cambios y variaciones, no sólo con el paso de los años, sino incluso entre recitadores o cantores coetáneos.

Como bien dice la frase tradicional: “Scripta manent, verba volant” (lo escrito permanece, lo hablado vuela”, es decir, lo hablado se trasforma, cambia, está vivo.

En lo que se refiere a esta cultura que ahora vivimos, nacida de internet, los ordenadores y el mundo digital, no encaja plenamente ni en la definición oral ni en la textual. Es por eso, que contradiciendo a McLuhan, inventé la nueva frase latina: “Bytia volant et manent” (“Los bits vuelan y permanecen”), que se ejemplifica en el signo que Samuel Velasco creó para mi libro El guión del siglo 21.

Copyright del artículo © Daniel Tubau. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Daniel Tubau) Juego de espejos Thu, 18 Feb 2016 10:54:56 +0000
¿Vivimos en tiempos violentos? http://thecult.es/la-aventura-de-la-vida/vivimos-en-tiempos-violentos.html http://thecult.es/la-aventura-de-la-vida/vivimos-en-tiempos-violentos.html ¿Vivimos en tiempos violentos?

Mucha gente podría encontrar en las palabras de Hobbes una nítida descripción de la vida moderna. En las noticias diarias se ha vuelto ya una costumbre leer o escuchar terroríficas narraciones de actos de guerra, ataques terroristas, brutales asesinatos masivos o de sociedades enteras que viven en el terror y la incertidumbre. Las impactantes imágenes de los últimos minutos de la vida de Muamar El Gadafi son solamente el más reciente ejemplo de la presencia continua de la violencia en los medios masivos de comunicación, y por tanto, en nuestras vidas. En la televisión, los programas sobre asesinos en serie, laboratorios forenses y sobre los crímenes más atroces gozan de un altísimo rating. En la vida real, en México los noticieros presentan cada día el recuento de los cadáveres que las bandas del crimen organizado abandonan sin el menor pudor en las calles, haciendo que la población sienta que su vida es cada vez más parecida a la del estado de la naturaleza de Hobbes: solitaria, miserable, cruel, brutal y corta.

Pero, ¿es verdad que el mundo moderno es la fase más violenta de la historia de la humanidad? Esta es la primera pregunta que se plantea Steven Pinker, profesor de psicología de la Universidad de Harvard en su nuevo libro, The better angels of our nature: The decline of violence in history and its causes (2011, Viking Adult, 832 pp). Pinker es claro y veloz en contestar con un rotundo no. De hecho, argumenta, la segunda mitad del siglo XX fue la época más tranquila en la historia del ser humano, y los últimos 25 años pueden considerarse aún menos violentos. Esta es una afirmación que va en completa contradicción con la percepción de la mayoría de la gente, pero Pinker utiliza una buena parte de su enciclopédica obra de 832 páginas para presentar datos y argumentar su punto: cualquier momento de la historia fue mucho más violento que el actual.

Desde los tiempos de Ötzi el hombre de la Edad del Cobre cuyos restos fueron encontrados en un glaciar de los Alpes hasta la Segunda Guerra Mundial, la historia de la humanidad es una secuencia de eventos violentos y muertes del hombre por el hombre. Casualmente, en el número de noviembre de National Geographic se publica un reportaje sobre un estudio forense que se realizó recientemente a los restos de 5,300 años de antigüedad de Ötzi. En el estudio se confirmó que la muerte del kilogenario (como lo llama Pinker) se produjo por la ruptura de una arteria causada por una flecha disparada por la espalda. Parece ser que lo último que hizo Ötzi en su vida fue disfrutar de una abundante comida, apenas unos momentos antes de ser asesinado por sorpresa.

Las muertes violentas y la sangre fría son componentes centrales de las narraciones épicas de todos los pueblos. Pinker nos presenta un recuento detallado y extenso de los episodios violentos que aparecen por ejemplo en los libros clásicos de Homero y en el Antiguo Testamento. ¿Cuál es el dato más antiguo que se tiene de una tasa de criminalidad? Bueno, responde Pinker, consideremos que cuando Caín asesinó a su hermano Abel, la población total del mundo era de cuatro personas, de manera que en ese momento la tasa de muertes violentas fue de un 25%. Los relatos bíblicos de la furia de Yahvé y las numerosas guerras que emprendió su pueblo elegido, las narraciones de las guerras floridas de los Aztecas, las conquistas de Gengis Khan y de Atila el Huno, aquel que donde pisaba su caballo no volvía a crecer la hierba, las épicas de los cruzados, las expediciones de conquista y las interminables guerras de los últimos siglos nos convencen de que en el pasado la muerte violenta, el genocidio, la tortura, los ataques sexuales y otras formas de violencia eran mucho más comunes.

Entonces, si realmente la violencia ha decrecido, como afirma Pinker, ¿cómo podemos explicar el fenómeno? Para empezar, nos explica Pinker, el porcentaje de muertes que se producen a raíz de la guerra es mucho menor en sociedades organizadas en estados. Con datos recopilados de sitios arqueológicos y de estudios antropológicos de grupos tribales modernos, Pinker observa que tal porcentaje puede llegar a ser de más del 50% y que en general es de más del 15%. En los estados, por el contrario, el porcentaje es mucho menor, incluso si se considera la Segunda Guerra Mundial y los genocidios que durante ella se cometieron. De hecho, parece ser que la sociedad-estado más violenta, de acuerdo con la métrica de Pinker, fue la de los Aztecas, en donde la probabilidad de ser muerto (y comido) durante una guerra era de hasta un 5%. En cierta forma, que Pinker es cuidadoso en ponderar, el pacto social de Hobbes, el paso desde la sociedad de la naturaleza hacia la sociedad del estado, ha logrado disminuir la violencia en las sociedades modernas.

Ahora bien, hay que recordar que Steven Pinker es uno de los proponentes más visibles de la llamada psicología evolutiva, la disciplina que intenta explicar varios de los comportamientos y atributos humanos a la luz de la evolución por selección natural. Pinker en particular ha defendido la postura de que el lenguaje humano puede explicarse como una adaptación evolutiva en el sentido estricto de la palabra. En este contexto, algunos lectores de Pinker (y probablemente muchos de sus detractores) esperarían encontrar una explicación evolutiva a la tendencia a la reducción de la violencia. Pinker, sin embargo, es bastante cuidadoso en discutir que el tiempo en el que se han producido los cambios que él analiza no permite pensar en cambios en las proporciones génicas de las poblaciones humanas que pudieran explicar las tendencias. Se trata, más bien, de cambios en la actitud y en la percepción de la gente sobre las relaciones personales y los derechos humanos. Estos cambios están asociados con el desarrollo de las ciencias y las artes y con un incremento detectable en la inteligencia promedio de las personas en los últimos cientos de años.

De hecho, ese desarrollo intelectual es probablemente la razón de que percibamos nuestros tiempos como los más violentos de la historia. El hecho de que veamos la violencia como algo aborrecible hace que estemos más atentos a ella y que reprobemos con vehemencia los hechos violentos que parecen ser el pan de cada día. No es que la tendencia natural a la violencia haya desaparecido, sino que el funcionamiento de las sociedades modernas ha permitido controlar de alguna manera las tendencias naturales a la violencia. Probablemente las personas seguirán teniendo los demonios internos que las impulsen a cometer o a disfrutar los actos violentos, pero existirán también los “ángeles más bondadosos”, esos que aparecen en el título del libro, que permitirán controlar esos impulsos.

Copyright del artículo © Héctor Arita. Publicado previamente en Mitología Natural con licencia CC. Reproducido íntegramente sin ánimo de lucro. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Héctor T. Arita) Tercera cultura Thu, 25 Sep 2014 11:57:10 +0000
Historia de las Cuatro Órdenes Militares. Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa http://thecult.es/libros/historia-de-las-cuatro-ordenes-militares-santiago-calatrava-alcantara-y-montesa.html http://thecult.es/libros/historia-de-las-cuatro-ordenes-militares-santiago-calatrava-alcantara-y-montesa.html Historia de las Cuatro Órdenes Militares. Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa

La Historia compendiada de las Cuatro Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa (publicada originalmente en 1862) constituye una buena muestra del debate ideológico y sentimental desatado en la España de mediados del siglo XIX.

Su discurso postula un regreso al pasado, a aquella época medieval tan anhelada y mitificada que revivían los románticos y que había quedado oscurecida durante varios siglos de humanismo y racionalismo.

Las corrientes ilustradas, sin duda, trajeron un gran progreso en las ideas, las ciencias y la economía, pero vaciaron de creencias y de espíritu a las sociedades occidentales, en las que la diosa razón no era capaz de superar la fuerza de la religión.

La evocación idealizada de un mundo movido por los principios nobiliarios y caballerescos, el valor de la defensa de la fe y de las causas justas, la vida ascética al servicio de Dios, nunca han dejado de mover pasiones. Por eso, las órdenes militares, con su espíritu aventurero y ascético, despiertan interés en conocer su génesis y desarrollo, una demanda a la que la reedición de la Historia compendiada puede ofrecer algunas respuestas.

En la introducción de la obra, Francisco Fernández Izquierdo (Departamento de Historia Moderna, Instituto de Historia, CSIC) señala: "La Historia compendiada de las Cuatro Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa (Madrid: Imprenta de Alhambra y Compañía, 1862, 449 p.), es el segundo libro de su autor, José Fernández Llamazares, abogado del Ministerio de Gracia y Justicia, que ya se había interesado en los asuntos que afectaban a la Iglesia y al Estado en su otro libro dedicado previamente en 1859 a la bula de Cruzada. Coinciden justamente estos años de 1859 a 1862 con el gobierno de la Unión Liberal de Leopoldo O’Donnell, conde de Lucena. El acontecimiento histórico que parece haber ejercido una mayor influencia en las obras de Fernández Llamazares se centra en torno al concordato firmado en 1851 con la Santa Sede, en el que tras casi siete años de negociaciones, el Gobierno español liberal moderado y la Iglesia católica intentaban resolver muchas de las cuestiones abiertas, en especial las derivadas de la supresión de los conventos y la desamortización de bienes de la Iglesia, como resultado de las medidas de Mendizábal dictadas en 1836, y de la disolución de los señoríos que se adjudicaron a las órdenes militares desde la Edad Media".

El autor, añade Fernández Izquierdo, "sigue a lo largo de los diecinueve capítulos en que se divide su obra una estructura similar a la mayoría de las crónicas de las órdenes militares publicadas en los siglos XVI al XVIII, haciendo primero una breve historia individual de cada una de las cuatro instituciones, seguida de una relación de maestres, comendadores y caballeros, para pasar a ocuparse seguidamente de aspectos temáticos. Estas antiguas corporaciones, donde se asociaban los ideales religiosos con un modelo de vida honorable y caballeresca, nunca dejaron de despertar el interés en su estudio, pues en la misma época en que vio la luz la obra comentada no faltaron otros títulos que se hacían hueco junto al de nuestro autor".

Ficha editorial

Historia de las cuatro órdenes militares. Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa

José Fernández Llamazares

Fecha: noviembre de 2013 (2ª edición)

Colección: Biblioteca de Historia, nº 3

Páginas: 432 págs.

Medidas: 15×21 cm.

Cubierta: rústica con solapas, plastificado mate

ISBN: 97-84-15177-95-1

Precio: 20 €

Prólogo de Francisco Fernández Izquierdo

Copyright © Ediciones Espuela de Plata. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (The Cult (Thesauro Cultural)) Libros Wed, 23 Apr 2014 17:38:16 +0000