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La historia, si se analiza desde cierto ángulo, está poblada de lecciones acerca de casi todo. A la manera de fábulas o mitos, esas lecciones se encarnan en determinadas figuras cuya biografía plantea modelos, metáforas, advertencias en el camino y detalles ejemplificantes.

Microhistoria

De Carlos Gilly, el inconmensurable Carlos Gilly, aprendí que la Historia está hecha por personas de carne y hueso. Una verdad que puede parecer de Perogrullo pero que encierra el verdadero secreto de nuestro arte.

En la preocupación por la identidad nacional, y salvando los focos de disidencia que suponen los nacionalismos periféricos, el español de hoy tiende a no cargar las tintas. En privado, eso sí, la palabra España se colorea con todo tipo de connotaciones y clichés, positivos o negativos, incluyendo curiosas amnesias que se superan creyendo aquello que sobre nosotros dicen los demás, incluidas leyendas más o menos pintorescas.

La idolatría contemporánea por el presentismo, por ese momento fugaz al que llamamos actualidad y que en tantas ocasiones sólo es un engaño pasajero, nos impide comprender el verdadero sentido y significado del ser humano en el flujo del tiempo, inserto en ese circuito de doble vía que forman la naturaleza y la cultura.

La historia de nunca acabar

Hace unos años el cine se ocupó de biografiar al poeta Jaime Gil de Biedma. El filme se llamó El cónsul de Sodoma y en él un excelente y sensible Jordi Mollá lidió victoriosamente contra un guión presumido y débil. Comentándolo con un amigo que había tratado al escritor, escuché su rasante censura, basada en el hecho de que (sic) había conocido a Gil de Biedma y no era para nada como lo mostraba su biopic. Pensé que aviados estamos si cada vez que se nos referencia algo histórico en el cine sólo lo entenderemos si hemos conocido a los personajes “reales” del caso.

Un hombre libre

Hace unos años conocí a un hombre libre. Libre porque sabía muy bien lo que quería y le importaba muy poco lo que el resto pensase de él. Me enseñó muchas cosas. Hoy he recordado una de las que más me impactó.

La obra de Ernst Nolte ha servido, entre otras cosas, para reiterar el carácter inestable del pasado, que es el objeto por excelencia del historiador. Certeau señala que, junto con el psicoanálisis, la historia se caracteriza por ocuparse de un objeto ausente: el inconsciente y el pasado. En efecto, el pasado no está presente porque, de hecho, ha pasado, y esta impresencia es la que vuelve imposible su condición de objeto y, por tanto, su trato científico.

Tucídides a pesar de sus méritos indudables, no se ha podido llevar el título de padre de la historia, porque Heródoto se le anticipó.

Historia de género

Durante trece años fui la encargada de "enseñar" el Museo de la Farmacia Hispana a los cientos de estudiantes que, cada curso, pasaban por la asignatura de Historia de la Farmacia.

Creo recordar que fue Paul Preston quien dijo aquello de que no quería escribir una biografía de Hitler por no cogerle cariño al tipo.