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La delgada línea roja

La delgada línea roja es una expresión que utilizó el periodista William Howard Russell cuando ejerció de corresponsal en la guerra de Crimea (1853-1856). Se refería a la defensa que hizo el 93º Regimiento de Highlanders, manteniendo una posición contra la caballería rusa en la batalla de Balaclava, el 25 de octubre de 1854.

La escena no cambia. El ceremonial, hasta hoy, permanece en nuestra imaginación con la fuerza de un mito: los legionarios dispuestos en triplex acies, o triple orden de batalla, mientras empiezan a oírse los gritos de los adversarios, poco antes de que la sangre y la furia dominen el escenario.

En demasiadas ocasiones, lo que leemos acerca de nuestra historia es una consecuencia o subproducto de la leyenda negra. Y esto equivale a observar nuestro pasado por medio de ese denso filtro que viene a ser el prejuicio. Así, cuando le toca el turno a las grandes figuras de la historia militar española, esa épica que se permiten los historiadores franceses o anglosajones desaparece del panorama y queda sustituida por la más colorida de las autocríticas.

Estereotipada y rígida en sus pautas, la Leyenda Negra impuso una visión del mundo que aún sigue vigente, y en la que pueden encontrarse muestras muy claras de lo que viene a ser la narración protestante de la historia. El apego a esa vieja propaganda ha impedido a los españoles reconocer a grandes figuras de su pasado. De ahí que un libro como éste que nos trae Agustín R. Rodríguez González sea una oportunísima revelación de lo que fue nuestra historia naval, tanto en lo que se refiere a sus héroes como a su caracter singular.

La historia, si se analiza desde cierto ángulo, está poblada de lecciones acerca de casi todo. A la manera de fábulas o mitos, esas lecciones se encarnan en determinadas figuras cuya biografía plantea modelos, metáforas, advertencias en el camino y detalles ejemplificantes.

Westfalia

En 1648, tras cinco años de negociaciones voluntariamente demoradas, las potencias europeas firmaron en Münster y Osnabrück el tratado que se conoce como Paz de Westfalia.

A casi nadie le gustaría despertarse una mañana y descubrir que un libro es el culpable de la devastación que le rodea. En realidad, cuesta creer que un texto, por sí solo, sea capaz de originar una guerra o inspirar un genocidio. Las cosas, por supuesto, nunca son tan sencillas. Sin embargo, es cierto que hay libros cuyas páginas están escritas con pólvora, y que han servido de coartada de hierro para organizar tremendas atrocidades.

"Estrategia. Una historia", de Lawrence Freedman

Monumental, erudito, abrumador... Este ensayo es una de esas obras imprescindibles para cualquiera que desee comprender cómo se gestiona el poder, cómo se da el salto cualitativo hacia la victoria o cómo se interviene de verdad en un reto, independientemente de su alcance y naturaleza.

El presente crea el pasado

En cierto modo, se puede decir que la visión de la historia de Tucídides es más de delante hacia atrás que de atrás hacia adelante:

Existe una paradoja que se encuentra en diversas culturas y momentos históricos. En mi Cuaderno austrohúngaro me referí a una versión moderna de esa paradoja: