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Tercera época - Nº 326

Cuando hablamos de ecosistemas en peligro, nos llegan a la mente imágenes de una selva destruida por taladores irresponsables, o de un rico sistema marino arruinado por el naufragio de un buque petrolero. Nunca imaginamos la existencia de otros sistemas igual de frágiles y que se encuentran literalmente bajo nuestros pies. Estos ecosistemas son las cuevas.

A regañadientes acepté la invitación de mi amigo. De acuerdo, juntos habíamos experimentado toda clase de aventuras. Nuestras correrías iban desde travesuras infantiles ‒aquella vez que iniciamos un incendio en el terreno baldío que había en la esquina de la casa– hasta diversiones más de adultos (y por lo tanto mucho más caras) como la ocasión en que nos atrevimos a lanzarnos de paracaídas. Habíamos vivido grandes emociones y jurado nunca rajarnos, pero explorar una cueva ¿a quien se le podría ocurrir? A Javier, me imagino.