logo200pxtesauro
Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: Madrid, España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

El elemento predominante en este voluminoso libro es el trabajo de campo. El autor ha utilizado el método de ir directamente a las fuentes y ha privilegiado la oralidad frente a la bibliografía. Esto tiene su razón de ser en el propio contenido del libro: detalles biográficos de artistas de Triana y en Triana, más o menos conocidos y representando todos los ámbitos flamencos, desde su cultivo, hasta los investigadores y aficionados.

Juan Ignacio González del Castillo (1763-1800), autor de los Sainetes, es considerado por Julio Caro Baroja el exponente máximo de lo que él llama “majismo andaluz” y que contrapone al “majismo madrileño”, representado por Don Ramón de la Cruz.

Los maestros del Cante de Cádiz

La escuela gaditana de cate puede ser considerada una de las bases primigenias del flamenco y una de las que evolucionan con más rapidez, pues incorpora elementos de otras músicas con notable facilidad y porque continuamente interacciones con otros fenómenos musicales muy vitales, como el carnaval y la música clásica.

Tras el nombre de Silverio Franconetti, es el de Don Antonio Chacón el que concita la mayor unanimidad en su maestría flamenca. Si Franconetti convirtió al flamenco en un arte abierto a los públicos, Chacón lo confirmó y consolidó en lo que se conoce como la Edad de Oro.

¿Técnica o sentimiento?

En una entrevista concedida el mes de junio de 2008 al Diario ABC de Sevilla la bailaora Eva Yerbabuena ponía el dedo en la llaga en esa famosa duplicidad que impregna la discusión flamenca desde hace años.

Un flamenco en "La Regenta"

El secreto de este libro está en su capacidad para abrirnos la puerta, cerrada a cal y canto, de una sociedad que se sostiene en un ámbito geográfico muy reducido pero cuyo núcleo vital acumula tantos sentimientos, deseos, odios, miedos y pasiones que traspasa los límites de su propia espacialidad.

Cuando yo era chica mi madre solía cantarnos a todas las hermanas lo que ella llamaba “coplas de pena”. Nos hacían llorar y por eso le pedíamos que se callara (aparte de que cantaba muy mal, todo hay que decirlo), que no cantara esas cosas tan tristes. Nosotras éramos de cantautores y pasábamos de coplas y sus aledaños. Pero ella insistía:

Cruzando el puente: Mairena en Triana

En la más influyente obra teórica que Mairena escribió, con el respaldo formal de Ricardo Molina, ya se adivina que el cantaor y estudioso del flamenco había caído en la cuenta de que Triana era, al menos, uno de los centros fundacionales del cante. Por ello, en Mundo y Formas del Cante Flamenco (1) la presencia de Triana se extiende a las descripciones de algunos cantes, sobre todo las tonás, soleares y seguiriyas, así como a la aparición de artistas de filiación trianera, por nacimiento o vivencia, la mayoría de los cuales sitúan Mairena y Molina, en ese arranque ingenuo de dividir el mundo en dos partes, del lado de la tradición y la autenticidad.

El hombre que quería ser cantaor

Desde hace mucho tiempo me vengo encontrando con Ignacio Sánchez Mejías. Acercarse al flamenco sin llegar a su figura es difícil, por no decir imposible. Porque es una de esas personalidades que están a la vera del arte, en ese territorio que ocupan los que han sentido el flamenco hasta el fondo, los que son hondos sin que podamos atribuirle ocupación flamenca alguna.

Su nombre no tiene el eco romántico de otros. Por eso, a veces, parece escondido y presa del olvido. Sin embargo, algunos de sus logros pueden oírse todavía en las gargantas de los artistas. Cantaora y cañaílla, María Borrico es, también, María Fernández Fernández, nacida en San Fernando en 1830, hermana del Viejo de la Isla y tía, por tanto, de Agustín Fernández Bernal, de quien parte la familia cantaora de los Melu de Cádiz.