El protocolo obliga a comenzar estas líneas acerca de la película diciendo que su director, el canadiense Denis Villeneuve, es uno de los realizadores de moda en Hollywood.

Parientes lejanos

Las visitas de extraterrestres a nuestro planeta son objeto de variables inquietudes. Los platillos volantes y los ovnis parecen tener existencia objetiva y, en buena medida, pertenecen a los secretos supuestos o reales de los altos mandos militares. Luego, los seres que los tripulan, su aspecto más o menos humanoide y sus pretensiones de secuestros y viajes de instrucción, pueden pertenecer a la red de leyendas urbanas que integran nuestra vida extraordinaria, paralela a nuestra ordinaria existencia. Ordinario es lo que esperamos que ocurra, extraordinario es lo inesperado.

Actualmente [2006] algunos científicos postulan que si tan sólo en la Vía Láctea existen miles de millones de estrellas, es absurdo pensar que la Tierra, nuestro planeta, fue el único lugar donde se desarrolló la inteligencia.

Hace unos años, en 2013, astrónomos de las universidades de Princeton y Berkeley decidieron buscar posibles huellas de civilizaciones extraterrestres. Para ello, se dividirían en tres grupos y comenzarían a estudiar los datos de los radiotelescopios Spitzer, WISE y Kepler con el objetivo de encontrar las señales de una tecnología avanzada en el universo.

Están entre nosotros

La búsqueda de la inteligencia extraterrestre fue en el siglo XX una de las mayores preocupaciones de los científicos.

Aunque el talento estético y narrativo de ese gran director llamado Ridley Scott se adapte a todo tipo de tramas, es evidente que le gusta la ciencia-ficción. Ya demostró ese interés en 1979, filmando a un carismático depredador extraterrestre a través de un carguero espacial. Lo hizo en la formidable Alien: el octavo pasajero, y muchos aún no nos hemos repuesto de la impresión.

En 1987 Arnold Schwarzenegger aumentó su creciente fama con un extraño film en el que se mezclaban diversos géneros: la acción bélica, el suspense, la ciencia–ficción y el terror.

En la edad de oro de la ciencia-ficción de serie B, abundaron los invertebrados gigantes y las amenazas de otros mundos, para la alegría de los pequeños que iban al cine sin que se enteraran sus padres.

Buscar otros mundos

Cuando se habla de proyectos como la exploración espacial y la búsqueda de planetas semejantes al nuestro, es frecuente que se opine que sería mejor gastar ese dinero “en algo útil”.

La fealdad del marciano

A los marcianos se les pinta feos y cabezones. No se entiende cómo no protestan por haber sido representados hasta la saciedad con ojos saltones, rostros cadavéricos de tintes verdosos y unos rasgos que varían entre los del insecto y el reptil. Eso, sin mencionar el abusivo título de “marciano” que alegremente se impone a los hipotéticos habitantes de cualquier planeta distinto a la Tierra.