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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

El 28 de diciembre de 1845, Alfred Rusel Wallace envió una pequeña carta a su amigo Henry Walter Bates, en ella le comenta brevemente su impresión sobre la idea de la transformación, acerca de la cual había leído recientemente en Los vestigios de la historia natural de la creación, trabajo publicado de manera anónima en 1844, y que posteriormente se sabría fue escrito por el periodista escocés Robert Chambers.

El cuento infantil de la Caperucita Roja es bien conocido, y todos recordamos que cuando la Caperucita pregunta al lobo: “¿porqué tienes esos dientes tan grandes?”; el lobo contesta: “¡Para comerte mejor!”.

Imagen superior: fotografía del genetista y biólogo molecular Francisco J. Ayala, galardonado con el premio Templeton © John Templeton Foundation.

Francisco J. Ayala me parece –vaya este reconocimiento por delante– uno de los mejores científicos vivos que hay en el panorama español. Al mismo tiempo, sobresale en la comunidad científica internacional gracias su formidable aportación en áreas como la biología evolutiva y la filosofía de la ciencia.

Hay ocasiones en que el lector se siente obligado a evitar la más mínima distracción para permitir que el autor –en este caso, un sabio admirable– se apropie de su tiempo. He aquí una de esas oportunidades. Francisco J. Ayala, toda una autoridad en los campos de la biología evolutiva y la filosofía de la ciencia, publica Evolución para David con el sello de Laetoli.

Aunque lo más conocido de la ciencia suelen ser los nombres de científicos famosos (Newton, Einstein, Galileo y Darwin, entre muchos otros), en realidad en ciencia lo que importa no son los personajes, sino las ideas.

Naturalismo y evolución

Hace unas semanas comentábamos en este espacio las ocasionales escaramuzas entre ciencia y filosofía. 

Una de las principales objeciones de quienes rechazan la teoría de la evolución por selección natural –normalmente por razones religiosas– es que hay estructuras biológicas que “no pudieron haber evolucionado” por una serie de pasos graduales, pues un órgano a medio evolucionar no conferiría ninguna ventaja evolutiva a su poseedor. 

La incompletitud del registro fósil

Darwin se refirió a los vacíos del registro fósil, que no permiten documentar el paso gradual de una especie a otra, atribuyéndolos a una imperfección de dicho registro. De este modo solucionaba un embarazoso problema en su visión de la selección natural, que él veía como un mecanismo gradual, de cambios constantes pero casi imperceptibles.

Muchos de quienes atacan a la evolución no entienden la teoría de Darwin. Todo mundo hemos oído hablar de "evolución por selección natural", y hemos escuchado lo de la "supervivencia del más apto". Esta segunda expresión no la usó Darwin, sino uno de sus seguidores (creo que Huxley), y muchas veces se presta a malentendidos. No porque no sea cierta, sino porque parece evocar la imagen de un individuo, "el más apto", que le gana a los otros en el juego de la supervivencia.