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Cuenco iluminado

No cabe duda de que con una buena cámara se pueden lograr buenas fotografías. También es cierto que las lentes permiten alcanzar resultados únicos, tanto al fotografiar un detalle con macro o lentes de aproximación como al emplear un gran angular o un teleobjetivo. También el tipo de encuadre y la posición de la cámara respecto a lo fotografiado es importante. Eso parece indiscutible, pero creo que todo eso no invalida que el elemento fundamental de la fotografía es la luz. Gracias a la luz, podemos transformar la realidad percibida de manera radical y hacer que un objeto en apariencia feo y sin interés, como un trozo de plástico, la esquina de una mesa o una superficie rugosa vulgar adquieran una insospechada belleza.

Santo Domingo y el libro volante

Pedro Berruguete pintó en alguna fecha del siglo XV el cuadro Santo Domingo de Guzmán y los albigenses. El santo comparece en su mitad izquierda, coronado por la pertinente aureola y señalando una hoguera alimentada por unos libros, suponemos que heréticos.

No vino a enseñar estética ni otra ninguna ciencia humana el Verbo Encarnado; pero presentó en su persona y en la unión de sus dos naturalezas el prototipo más alto de la hermosura, y el objeto más adecuado del amor, lazo entre los cielos y la tierra. Por él se vio magnificada con singular excelencia la naturaleza humana, y habitó entre los hombres todo bien y toda belleza. Ya le había llamado proféticamente el Salmista: «Resplandeciente en hermosura sobre los hijos de los hombres». La revelación por Cristo instauró todas las disciplinas, y también la disciplina de lo bello, aclarando, rectificando y completando lo que entre sombras habían alcanzado por el esfuerzo de su razón los filósofos antiguos; pero esta influencia del Cristianismo en la filosofía del arte se ejerció lenta y calladamente, de tal modo, que por muchos siglos los apologistas, los doctores y los teólogos cristianos apenas fijaron su atención en la categoría de la belleza, y hoy mismo la estética cristiana está latente más bien que escrita, y se saca de los Padres de la Iglesia antes por derivación y consecuencia lógica que como sistema ni organismo científico. Los mismos escolásticos no la metodizaron, y todas sus luces estéticas brillan ocasionalmente, en tratados de muy diversa índole.

"El instinto del arte", de Denis Dutton

Profesor de filosofía en la Universidad de Canterbury de Nueva Zelanda, Dutton era conocido por sus teorías darwinistas que conectaban el evolucionismo con el arte. En El instinto del arte. Belleza, placer y evolución, el filósofo se opone a la idea de que la percepción del arte es culturalmente aprendida, defendiendo que responde a la adaptación evolutiva.



El sentido de la belleza. Un esbozo de teoría estética, George Santayana, traducción de Carmen García Trevijano, Tecnos, Madrid, 1999, 221 pp.



El círculo del arte. Una teoría del arte, George Dickie. Traducción de Sixto J. Castro. Paidós, Barcelona, 2005, 154 pp.