Mostrando artículos por etiqueta: espionaje http://thecult.es Mon, 22 May 2017 15:31:11 +0000 Joomla! - Open Source Content Management es-es John Le Carré ante sí mismo http://thecult.es/el-fondo-de-la-maleta/john-le-carre-ante-si-mismo.html http://thecult.es/el-fondo-de-la-maleta/john-le-carre-ante-si-mismo.html John Le Carré ante sí mismo

Un poco de todo hay en Volar en círculos. Historias de mi vida de John Le Carré que, traducido por Claudia Conde, ha editado Planeta en Barcelona. A una serie de crónicas  sueltas, mayormente prescindibles, se añade un par de capítulos de autoanálisis, imprescindibles. No sólo guardan al fino y encarnizado investigador de sí mismo sino que permiten pensar acerca de la calidad vocacional de cierto tipo de escritor, el que podríamos llamar escritor espía. Me atrevo a pensar que es generalizable y decir que cualquier escritor lo es.

Ante todo porque John Le Carré (Juan el Cuadrado) es el pseudónimo de David Cornwell, que empleó para que no se supiese que era un agente secreto y por lo contrario: evitándolo y recurriendo a su nombre civil para que no lo reconocieran y fastidiaran como uno de los escritores más leídos de nuestro mundo. En todo caso, el pseudónimo elude la pertenencia a una doble institución: el Estado británico y el padre, que es la persona de la que heredamos la compulsión de estar vivos, destinados a morir y a llevar su apellido.

De ambos huyó a los dieciséis años, rumbo a Berna, en Suiza. No quería ser alumno de un colegio postinero inglés, aunque era un buen estudiante. En Suiza descubrió que deseaba estar lejos de su padre y ser agente secreto y escritor. Lo demás, su afición reverencial a la literatura alemana de la gran época, entre Goethe y Thomas Mann, me parece poco creíble. Pero respeto cualquier mendacidad en Le Carré, porque se ha pasado la vida lidiando con ella, buscándole explicaciones y cobrándole rentas, que es lo que hay que hacer con la vida. De lo contrario se nos escapa, sin pedirnos ni dejarnos nada. En tal caso, apenas nos queda replicarla, repetirla.

¿Pudo liberarse Le Carré de ambos, del papá y de la patria? Diría que no pero tampoco en términos de frustración y fracaso sino todo lo contrario: de lo imprescindible y lo productivo. El emblema es ese chalet suizo que construye y reconstruye sobre una vieja construcción a medias derruida y donde se sienta apaciblemente a escribir. Fuga y edificación, dicho sea esto en el doble sentido arquitectónico y moral. En efecto, en Le Carré el padre es una tarea interminable: matarlo aún después de muerto porque es un difunto que no acaba de difundirse.

El padre fue un sinvergüenza seductor y convincente, eficaz y de una dañina elegancia. La sociedad lo considera un delincuente porque es un estafador pero él se considera un esteta porque es un estafador. Y, a pesar de todas sus deficiencias, dejará en sus hijos la convicción de que sus infancias serán siempre cuentas con rentas y ganancias.

Ilegal y masón, el padre se connota de secretismo. Su hijo empieza a estudiar derecho obedeciendo a la fantasía de ser su defensor ante un tribunal. Abandona el derecho, en cambio, por el espionaje y la novela de espionaje. Entre tanto, el padre sigue divulgando su imagen de hombre respetable, con  cuidados modelos de clase alta, amantes en la vecindad y descendientes bastardos.

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En la corta distancia, el padre es insoportable. Durante su infancia, pega a sus hijos. De grande, al novelista intenta llevarlo a juicio y en ocasiones, invoca su fama para hacer negocios. Le Carré lo deplora y, tratando de evocar a un padre aceptable, cita a su hermano mayor, padre sustituto. Pero no por ser su padre, el deplorado merece admiración sino por ser un modelo para el novelista, que es un estafador que vende como verdaderas sus falsas historias.

Entre tanto, Le Carré tampoco está muy servido por su madre. Inexistente de hecho y careciendo de hermanas, le dejan una difusa imagen de las mujeres que desagua en una doble confesión del incorrecto: ser mal padre y mal marido. No es para menos. Zurrada y engañada, la madre desaparece cuando David, futuro John, tiene cinco años y durante dieciséis nada sabrá de ella. De tal manera, se ve con una mujer que lo ha convertido (sic) en un niño congelado. Para mayor confusión, internada en un geriátrico, le hablará como si él fuera su marido, ese hombre con quien, evidentemente, no ha querido tener hijos porque los ha abandonado.

El novelista, impertérrito, saca rentas de todas partes. Ha tenido un padre terrible, que ha deambulado por tribunales y cárceles de medio mundo, y una madre inclinada al abandono. Usa un pseudónimo y la buena señora le endilga una identidad errónea o tan complicada como para pensar que deseó ser la mujer de su hijo al cual abandonó de pequeño y tal vez intente recompensar en la vejez. Todo muy literario, muy novelesco, muy favorable para sentarse a escribir novelas.

Efectivamente, de esta enmarañada madeja Le Carré ha extraído los hilos para entretejer sus ficciones. No para contar su supuesta historia personal sino para construir, a favor y a pesar de su anécdota, una teoría del escritor como el espía que trata de penetrar en el misterio de sus padres a sabiendas de que es misterioso, o sea impenetrable, pero que el experimento da para una y más novelas, acaso celebradas por la gente porque ponen en escena la secreta historia de la gente.

Además de su modélico padre, el estafador, Le Carré reconoce otro modelo como escritor: el haber sido agente del M15 británico, un medio donde todos tienen la profesión de espiar al adversario, al amigo y al espía adversario y amigo, donde todos sospechan de todos y lo peor que le puede pasar a un espía es encontrarse con otro espía. Es de rigor que unos profesionales del disimulo desconfíe de un colega por el mero hecho de serlo.

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 En determinado momento, Le Carré abandona el servicio secreto y sigue siendo escritor. Siempre intentará evitar que lo consideren un escritor que ha sido agente, como si la literatura fuera una consecuencia del espionaje y no al revés. No obstante, admitirá que el estudio de un mundo pequeño, cerrado y secretista como el espionaje, proyectado por el abierto mundo de los otros, le ha permitido encontrar ese tercer mundo llamado literatura. En él, el espía se unirá al estafador, ese mentiroso, ese embaucador que susurra al oído de su víctima, el lector, la confidencia de la verdad.

La literatura, como la estafa y el espionaje, es mentirosa pero ¿en relación a qué verdad?, ¿a la verdad moral o a la verdad del conocimiento? La obra de Le Carré quizá responda a estas preguntas. El escritor Le Carré las deja en suspenso porque si bien dice que sus historias son imaginarias, por otra parte recoge informaciones puntuales acerca de la realidad, es decir de aquello que sus lectores ya creían real antes de leerlo: lo que informan los periodistas, los agentes de inteligencia, los aventureros, los cocineros, los banqueros, los porteros de hotel y el resto de las profesiones humanas. Incluyo entre ellas, comentando al Graham Greene que cita  Le Carré, a esa niña prostituida que es la imaginación del escritor. Esto no es gratuito, todo lo contrario. Le Carré abunda en referencia al precio de las cosas y da a entender que se mueve entre objetos muy caros, de cuyas marcas nos da cumplida y constante noticia. Si ha estafado, como su padre, lo ha hecho con números en verde. O, acaso, ha realizado el sueño paterno: ser un escritor de fama mundial, leído y pagado en abundancia.

El novelista camina sobre la cuerda floja del realismo. Lo hace cuando diferencia su precoz y frustrada profesión de abogado (valerse de las palabras para narrar la verdad de los hechos) y el escritor (valerse de las palabras para extraerles su música). Como buen realista, cree que hay unos hechos que existen con anterioridad a su narración, y unas palabras que pueden dar puntual cuenta de su verdad. Como buen simbolista, cree que el punto de partida de la literatura no es la veracidad factual sino la música verbal.

Esta tensión está descrita pero no resuelta por Le Carré. Si admite no haber falseado nunca personajes ni circunstancias, por otro lado también sostiene que ‒¡oh, Proust!– no hay recuerdos puros, que ¿siempre? rememorar  es perder la pureza mnemónica. La literatura no está en la fidelidad sino en un imponderable plus, un deseo de ir más allá: “A los escritores, aunque sepan la verdad, nunca les resulta suficiente.”

Sin duda, Le Carré se sabe un novelista parásito, como él mismo se define, porque depende de lo que sus informantes le cuenten para hacerse cargo verazmente de la realidad. Le falta la categoría nietzscheana de la ficción, que tanto ha hecho especular a Borges. El escritor no cuenta los hechos sino que los construye a partir de su relato. Por eso recurre a sus informantes, que le proporcionan ficciones. No mentiras relativas a una supuesta verdad fáctica, sino cuentos verosímiles. El primero que se los cree es el escritor, quien deberá hacer lo mismo con sus lectores. ¿Estética o estafa? Acaso quien lo supo cabalmente fue el padre del escritor, que se quedó con la estafa y cedió su estética al hijo. Ambos lo hicieron muy bien y a la vista está.

Copyright del artículo © Blas Matamoro. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Blas Matamoro) El fondo de la maleta Tue, 03 Jan 2017 17:53:48 +0000
"Espías de Franco: Josep Pla y Francesc Cambó", de Josep Guixà http://thecult.es/libros/espias-de-franco-josep-pla-y-francesc-cambo-de-josep-guixa.html http://thecult.es/libros/espias-de-franco-josep-pla-y-francesc-cambo-de-josep-guixa.html

Espías de Franco es uno de esos libros singulares que, al tiempo que saturan de grises la historia reciente, nos sorprenden con hallazgos de largo alcance. El contexto: nuestra Guerra Civil. Con la mirada puesta en esa etapa, Josep Guixà, documenta la experiencia de dos catalanes ilustres, el político Francesc Cambó y el escritor y periodista Josep Pla, que colaboran secretamente con los sublevados a través de la red SIFNE (Servicios de Información de la Frontera del Nordeste de España).

Tras una meticulosa y ardua investigación, Guixà ha podido estudiar los informes de la SIFNE, y el resultado de esa pesquisa es sorprendente, no solo por los datos que aporta a la biografía de ambos personajes. Sobre esa base, con una precisión nítida, también encontramos en su obra detalles extraordinariamente reveladores acerca de la propia contienda.

Guixà afirma que Pla ‒fiel a lo que representaba Cambó‒ se hizo de la Lliga Catalana a comienzos de 1926. Es más: mientras ejercía de corresponsal en Madrid del órgano de dicho partido, La Veu de Catalunya, escribía anónimamente artículos en dos publicaciones falangistas, FE y Arriba.

Asimismo, el autor documenta cuanto hizo Pla durante la guerra, desde su reclusión en Llofriu hasta su presencia como informador en Marsella, sin obviar ‒ni mucho menos‒ todo lo que concierne a la actividad del periodista en el entorno del proyecto joseantoniano ‒¿acaso una labor encomendada por el propio Cambó?‒. En la misma línea de investigación, Guixà comprueba el acercamiento de la SIFNE a ciertos líderes de Estat Català, con un empeño antirrevolucionario que hemos de situar en la convulsa Cataluña del momento.

El libro analiza de forma pormenorizada la relación de Pla con el fascismo, su presencia en Italia entre 1936 y 1937, sus escritos en La Vedetta d'Ìtalia...  Un sinnúmero de episodios que se hilvanan hasta llegar a la postguerra, con el escritor abriéndose paso en la prensa franquista, fiel a una perspectiva aliadófila y liberal.

Desde Buenos Aires, donde decidió instalarse, Cambó seguramente aprobó la actitud de su antiguo colaborador.

La crónica de Guixá es de incuestionable solidez. Con un soberbio aporte bibliográfico y un aparato de notas descomunal, compone un estudio modélico y muy convincente, que nos sitúa en los sótanos del siglo XX español. Sin duda, hay que leer Espías de Franco para entender los acuerdos y las extrañas alianzas que se fraguaron en aquellos años de plomo y sangre.

Sinopsis

La Guerra Civil española obligó al catalanismo conservador a una dura elección entre los militares sublevados y una Generalitat en manos de revolucionarios anarquistas y comunistas. El político Francesc Cambó y sus principales colaboradores, como el periodista Josep Pla y otros personajes no menos conocidos como el abogado José Bertrán y Musitu, el político Joan Ventosa y Calvell o el escritor Juan Estelrich, apostaron por una decidida pero secreta colaboración con el cuartel general de Salamanca. Y lo hicieron principalmente a través de los informes de la red de espionaje SIFNE (Servicios de Información de la Frontera del Nordeste de España) que, al igual que la oficina de propaganda exterior camboniana, operaba desde Francia. En ambas organizaciones fue pieza clave Josep Pla, quien rentabilizó los contactos que había establecido en sus tiempos de corresponsal en la Europa de entreguerras y en el Madrid de la Segunda República, con monárquicos, republicanos, falangistas, separatistas catalanes y corresponsales extranjeros.

 

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de imágenes y sinopsis © Fórcola. Reservados todos los derechos.

 

 

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correo@thecult.es (The Cult (Thesauro Cultural)) Libros Fri, 23 Jan 2015 16:31:54 +0000
Crítica de "Jack Ryan: Operación sombra" (2014). Una de espías http://thecult.es/critica-de-cine/critica-de-jack-ryan-operacion-sombra-2014-una-de-espias.html http://thecult.es/critica-de-cine/critica-de-jack-ryan-operacion-sombra-2014-una-de-espias.html Crítica de

Una historia de espionaje significa que, por lógica pura, hay zonas concretas del relato que ya conocemos: la información que hay que robar, el método detectivesco que hace falta para desactivar la amenaza, la chispa que ese mecanismo perverso necesita para activarse...

Gracias a los dioses del cine, cuando se ordenan bien esos convencionalismos, el entretenimiento queda garantizado. Y eso es, felizmente, lo que sucede en Jack Ryan: Operación sombra, un thriller entretenido, dinámico y de muy agradable visionado.

Sin querer alardear de cinefilia, usted o yo mismo ya conocemos un buen puñado de películas en las que se nos cuenta casi lo mismo que aquí: un villano de endiablada inteligencia –preferiblemente europeo– urde un plan de dominación mundial, y la esperanza del mundo libre se deposita en un heroico novato que, no obstante, se encarga de demostrarnos que la inteligencia y el valor no los regalan por la calle. De ahí en adelante, la faena posterior –los disparos, las revelaciones, el riesgo– ya es solo suya.

En la cinta que nos ocupa, ese joven no es otro que el analista de la CIA Jack Ryan, estupendamente encarnado por Chris Pine. Ni que decir tiene que este reboot del personaje creado por Tom Clancy en la novela La caza del Octubre Rojo (1984) ya no habita en el mundo de la Guerra Fría, sino en la actualidad. ¿Y qué quiere decir eso? Pues que la invitación a la taquicardia no se debe a las maniobras del servicio secreto soviético, sino a los modernos ciberterroristas, al yihadismo y a esos señores de la guerra que llevan el afán de conquista en su escudo de armas.

En este caso, el malo de la función es Viktor Cheverin, un veterano de la invasión soviética de Afganistán, reconvertido a los negocios tras la perestroika, y empeñado en revivir las tensiones previas a la caída del muro a través de las finanzas. Cheverin, que encarna el lado apocalíptico y conspiranoico de la crisis económica, es encarnado con suma elegancia por Kenneth Branagh, que asimismo ejerce como director del film.

El letal Cheverin es un romántico y también un patriota. Aunque a ratos parece un playboy, el sentimiento trágico de la vida es otro remache para su coraza psicológica.

Como todo boy scout necesita un mentor, el joven Ryan cuenta con uno inmejorable, el agente de la CIA Thomas Harper, a quien da vida un Kevin Costner encantado de robarle las escenas al resto del reparto.

El interés amoroso de la trama es Cathy, la futura señora Ryan. En ese papel, Keira Knightley se muestra encantadora a ratos, pero también hay algún momento en que pierde –o así me lo parece– la química con Chris Pine, al que mira con un gesto sutilmente avinagrado, como si le hubiera descubierto un lunar en la cara. En todo caso, Knightley es la dama de este cuento, y no creo que el director de casting se haya equivocado al elegirla.

Entre los secundarios, es un placer reencontrar al legendario bailarín Mikhail Baryshnikov, otro hito de la Guerra Fría, huido de la Rusia comunista en 1974, consagrado en los escenarios y luego famoso en Hollywood gracias a películas como Noches de sol (1985) o la entrañable Espías sin fronteras (1991).

Gracias a Branagh, Jack Ryan: Operación sombra gana fuerza como thriller sofisticado, de corte europeo. Es obvio que al realizador le interesa más la faceta analítica de Ryan que su vertiente como héroe de acción. Quizá por ello las secuencias más movidas de la cinta están resueltas sin especial originalidad, cayendo en esa moda de la shaky cam –ya saben, montaje muy picado y planos epilépticos– que sigue haciendo estragos en el cine comercial.

Sinopsis

Jack Ryan, el personaje más emblemático de Tom Clancy, regresa a la gran pantalla en este tenso thriller de suspense. Cuando una red terrorista mundial está a punto de activarse, el brillante analista de la CIA (Chris Pine, Star Trek) no tiene más remedio que entrar en acción. Sin embargo, cuando todos los que podrían impedir el inminente mega-desastre internacional tiene algo que perder o algo que ocultar, ¿en quién podrá confiar Ryan?

En el corazón invernal de Moscú, un oligarca ruso está a punto de desencadenar un sofisticado pero salvaje acto terrorista basado en las finanzas y que podría hacer caer a los Estados Unidos. Mientras tanto, en Wall Street, el agente secreto de la CIA Jack Ryan está a punto de que le encarguen su primera misión de campo, la cual le hará pasar instantáneamente y sin previo aviso de un trabajo burocrático a meterse tan de lleno en las sombras que ya no volverá a estar seguro de quién es un amigo y quién un mortífero enemigo. Lo único de lo que estará seguro es de que, en ese mundo donde todos los motivos son sospechosos, en donde abundan los secretos y las mentiras, cada peligrosa jugada que haga tendrá consecuencias a nivel mundial.

Jack Ryan: Operación Sombra mete al agente raso de la CIA de Clancy (el espía a regañadientes que entró en los anales de la cultura pop como el erudito que tiene que poner en prática sus teorías antiterroristas) de lleno en el siglo XXI.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de las imágenes y sinopsis © Paramount Pictures. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Guzmán Urrero) Critica de cine Tue, 21 Jan 2014 17:26:01 +0000
"Espías y traidores. Los 25 mejores agentes dobles de la historia", de Fernando Rueda http://thecult.es/libros/espias-y-traidores-los-25-mejores-agentes-dobles-de-la-historia-de-fernando-rueda.html http://thecult.es/libros/espias-y-traidores-los-25-mejores-agentes-dobles-de-la-historia-de-fernando-rueda.html

Espías y traidoresCualquiera que se pasee por las páginas de Espías y traidores, el estupendo libro de Fernando Rueda, sabrá que es toda una hazaña ser un doble agente. Este tipo de espías tienen mérito no porque tengan que atender a una doble y contradictoria lealtad, sino por algo mucho más importante: han de construir una doble vida, en la que un gesto equívoco, una confidencia inoportuna o el simple peso de la evidencia pueden dar al traste con su charada.

El doble agente requiere una suma extraordinaria de habilidades. En cierto modo, este profesional me recuerda a esos actores todo terreno, capaces, según el papel encarnado, de convencernos de su crueldad con la misma ligereza con la que lograban seducirnos por su aparente bondad. Una farsa, sí, pero una farsa en la que, a diferencia de lo que sucede en el teatro, el intérprete se juega la vida.

El repertorio de espías que nos aguarda en el libro de Rueda afronta siempre el más difícil todavía, y uno, a veces, ya no sabe que es peor: si el fracaso y el desenmascaramiento, a veces con un fusilamiento como colofón, o la simple burla a esos servicios secretos a los que traicionan tipos tan singulares como el mujeriego Kim Philby o el desventurado Oleg Penkovski.

¿Y a quién venden sus talentos? Es cosa harto difícil definir la lealtad cuando hablamos de personajes que buscan dinero, o que simplemente carecen de miramientos morales, como el nazi Heinz Felfe, que acabó espiando para Stalin.

Quizá por eso, aunque sea muy seductor el retrato de esos espías desalmados, uno se siente reconciliado con la humanidad cuando el autor nos muestra a verdaderos héroes, dispuestos a darlo todo por su país, a veces a cambio de un reconocimiento anónimo, en el que no hay aplausos y en el que las medallas –cuando las hay– se conceden en un despacho solitario.

Caso bien distinto es el de los espías que ejercen –digámoslo así– por amor, como la agente de la Stasi Gabriele Gast, o por fanatismo, como Human Jalil al-Balawi, el miembro de Al-Qaeda que puso fin a sus días con un atentado suicida.

Junto a figuras conocidas por los aficionados al espionaje, como Juan Pujol, «Garbo»,  Mathilde Carré, Mata Hari o el propio Philby, Espías y traidores presenta a otros agentes cuya actividad ha sido poco divulgada. En este sentido, estoy convencido de que los lectores quedarán sorprendidos ante personajes como Joaquín Madolell o Silvestre Romero, cuyas vidas –atención, productores españoles– podrían dar lugar a espléndidas películas.

En esta formidable colección de semblanzas, Rueda consigue que nos sintamos partícipes de extraordinarias operaciones de inteligencia: mentiras urdidas con todo lujo de detalles, con el fin de engañar a los servicios de contraespionaje. Por otro lado, el autor refleja el coste humano de semejantes aventuras: el alcoholismo ocasional, las adicciones e incluso los efectos psicológicos de una tensión constante, sostenida a lo largo de los años.

Hay más argumentos a favor del libro, pero éstos bastarán. No lo duden: Espías y traidores es una lectura absorbente, construida con gran rigor y tan interesante como una buena novela de espionaje.

Sinopsis

¿Héroes o traidores a la patria? ¿De qué forma engañaron y manipularon a las maquinarias más preparadas del mundo, los servicios de contraespionaje? Dinero, patriotismo, chantaje, ideología, venganza o miedo son algunos de los motivos que impulsan a los mejores agentes dobles de la historia.

Fernando Rueda, autor de Las alcantarillas del poder –publicado con mucho éxito en esta editorial–, nos acerca todos los detalles que pueden explicar las razones de su comportamiento: sus sueños y pesadillas de la infancia, sus amores, las decepciones que le marcaron… ¿Cómo se sobrelleva día a día la tensión de que en cualquier momento un pequeño error puede acabar con un inconsistente castillo de naipes?

Veinticinco casos apasionantes, entre los que se encuentran cinco españoles, conforman un libro apasionante y muy entretenido en el que el papel de los agentes dobles arroja luz sobre hechos históricos como la crisis de lo misiles de Cuba o las alianzas de España con servicios secretos extranjeros.

• Joaquín Madolell, un agente doble español en Moscú

• Kim Philby, bebedor, mujeriego y de clase alta

• Una heroína y traidora llamada Mathilde Carré

• Luis González-Mata, espía de Franco

• Heinz Felfe, el exespía nazi que trabajó para Stalin

• Mata-Hari, el falso mito de una prostituta de lujo

Fernando Rueda

Fernando Rueda Rieu (Madrid, 1960), doctor en Periodismo por la Universidad Complutense, es el máximo especialista español en materia de espionaje. Como periodista ha trabajado en prensa, radio y televisión. Ejerció el periodismo de investigación en el diario Ya, en la revista Época y en los semanarios Interviú y Tiempo, donde fue subdirector y sigue colaborando. Es el responsable de la sección «Materia reservada 2.0» en el programa La rosa de los vientos de Onda Cero.

Como profesor universitario, ha impartido Periodismo de Investigación y Periodismo de Defensa en la Universidad San Pablo, Semiótica de la Comunicación de Masas en el Centro Universitario Villanueva y Política Criminal en la Universidad Camilo José Cela.

Como escritor, publicó el primer libro de investigación sobre el servicio de inteligencia español La Casa –líder de ventas en todo el país-, al que siguieron Espías, KA: licencia para matar, Por qué nos da miedo el Cesid, Servicios de inteligencia: ¿fuera de la ley?, Operaciones secretas y Las alcantarillas del poder, los dos últimos con mucho éxito en esta editorial. Además, escribió la novela de espionaje La voz del pasado, la divertida novela de comportamiento Quién necesita a las mujeres y participó en la biografía de Juan Antonio Cebrián Fuerza y honor.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de sinopsis e imágenes © La Esfera de los Libros. Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Guzmán Urrero) Libros Fri, 14 Dec 2012 14:09:20 +0000
Crítica de "Skyfall" (2012) http://thecult.es/critica-de-cine/critica-de-skyfall-2012.html http://thecult.es/critica-de-cine/critica-de-skyfall-2012.html

Skyfall

Uno de los mejores Bond de toda la historia de la saga. Trepidante, profunda, llena de emoción y elegancia, esta película es una carta de amor al agente 007, elaborada con todos esos ingredientes que lo han convertido en un mito.

De vez en cuando, entre los personajes de ficción, nace uno señalado en la frente con un sello de inmortalidad. Hace ahora cincuenta años que la criatura literaria de Ian Fleming –un duro agente secreto, curtido en el fragor de la Guerra Fría– dio el salto a la gran pantalla. Después de ver Skyfall, uno tiene la impresión de que Bond aún merece otro medio siglo de leyenda audiovisual.

Recomiendo esta película sin reservas, pero antes de argumentar los motivos, invito al lector a no dejarse llevar por la información que circulará estos días. La película incluye sorpresas para los bondianos, y conocerlas de antemano arruinaría su efecto. Es mejor acudir a la sala sin otra referencia que estas cinco décadas de aventura cinematográfica.

Sólo adelanto un mínimo detalle: reaparece aquel impresionante Aston Martin DB5 que comenzó a rodar en James Bond contra Goldfinger (1964).

El guión de Neal Purvis, Robert Wade y John Logan es sensacional, y juega con una idea muy actual: ¿qué papel juegan hoy la veteranía y principios aparentemente trasnochados como la lealtad y la dignidad?

No sé cómo lo hacen los ingleses, pero sólo ellos podrían introducir en una película de espías un poema de Alfred Tennyson que, además de fomentar el orgullo británico, nos habla de cuestiones tan políticamente incorrectas como el valor más allá de toda esperanza. En este sentido, hay momentos de Skyfall que son un canto envidiable a la tradición épica de aquellas islas.

Para que nada falte, la película ofrece sofisticación, sensualidad, inteligencia y humor clásico. Claro que hay que saber apreciarlo, y quizá el público menos exigente haya perdido la costumbre de valorar estas cuestiones.

Sam Mendes confía en su reparto, y nadie puede discutírselo, porque no hay fisuras en la interpretación. Daniel Craig se siente a sus anchas en la piel de Bond, pero donde realmente se luce es en presencia del villano: un psicópata genial, Raoul Silva, personificado con mucha gracia, exuberancia y perversidad por Javier Bardem.

Hablar de las interpretaciones de Ralph Fiennes, Albert Finney y Judi Dench es una pérdida de tiempo, porque estos tres actores ya han pasado a convertirse en iconos de la escena inglesa. Resulta imposible descubrirles un solo fallo.

De entre los más jóvenes del elenco, sobresale Ben Whishaw, todo un descubrimiento como el nuevo Q.

Sinopsis

Daniel Craig vuelve como el agente James Bond 007 en Skyfall, la vigésimo tercera aventura de esta franquicia que supone la más longeva de la historia del cine. En Skyfall la lealtad de Bond hacia M (Judi Denck) será puesta a prueba cuando el pasado de ella vuelve para atormentarla. El agente 007 deberá encontrar y destruir la amenaza, independientemente del precio personal que tenga que pagar.

Tras el fracaso de la última y fatídica misión de Bond y revelarse la identidad de varios agentes secretos en distintos puntos del planeta, la sede del MI6 es atacada, obligando a M a trasladar su agencia. Debido a estos sucesos, su autoridad y posición se verán amenazados por Mallory (Ralph Fiennes), el nuevo Presidente del Comité de Inteligencia y Seguridad. Ahora, el MI6 se enfrenta a amenazas tanto externas como internas por lo que M decide acudir al único aliado en quien puede confiar: Bond. El agente 007 desaparece en las sombras con una única aliada: la agente de campo Eve (Naomie Harris). Juntos le seguirán la pista al misterioso Silva (Javier Bardem), cuyas letales y ocultas motivaciones están aún por desvelarse.

Copyright del artículo © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos.

Copyright de sinopsis e imágenes © EON Productions, Metro-Goldwyn-Mayer Studios, y Sony Pictures Entertainment. Cortesía de Sony Pictures Releasing de España. Reservados todos los derechos.

Skyfall, el logo de la pistola 007 y las demás marcas relacionadas con James Bond Trademarks © 1962-2012 Danjaq, LLC y United Artists Corporation.  Reservados todos los derechos.

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correo@thecult.es (Guzmán Urrero) Critica de cine Thu, 25 Oct 2012 12:04:05 +0000
"El topo", de John Le Carré http://thecult.es/libros/el-topo-de-john-le-carre.html http://thecult.es/libros/el-topo-de-john-le-carre.html

El-topo-Le-CarreEl topo (Tinker, Tailor, Soldier, Spy, 1974) es una de las mejores novelas de espionaje de todos los tiempos, tanto por su calidad literaria como por el profundo conocimiento que su autor, John Le Carré, tiene de los servicios secretos.

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correo@thecult.es (The Cult (Thesauro Cultural)) Libros Wed, 21 Dec 2011 15:33:25 +0000
"Calderero, sastre, soldado, espía" (1979) http://thecult.es/television/calderero-sastre-soldado-espia-1979.html http://thecult.es/television/calderero-sastre-soldado-espia-1979.html

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A partir de la novela El topo, de John le Carré, Arthur Hopcraft escribió esta fabulosa adaptación televisiva, que aún se menciona como uno de los mayores logros de la BBC.

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correo@thecult.es (The Cult (Thesauro Cultural)) Televisión Thu, 22 Dec 2011 15:28:56 +0000
Crítica de "El topo" (2011) http://thecult.es/critica-de-cine/critica-de-el-topo-2011.html http://thecult.es/critica-de-cine/critica-de-el-topo-2011.html

El-topo1

Disponiendo de un punto de partida soberbio –la novela El topo–, y de un antecendente difícilmente superable –la teleserie Calderero, sastre, soldado, espía–, Tomas Alfredson nos regala uno de los largometrajes más inteligentes de la temporada.

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correo@thecult.es (Guzmán Urrero) Critica de cine Thu, 22 Dec 2011 15:26:09 +0000
Crítica de "J. Edgar" (Clint Eastwood, 2011) http://thecult.es/critica-de-cine/critica-de-j-edgar-clint-eastwood-2011.html http://thecult.es/critica-de-cine/critica-de-j-edgar-clint-eastwood-2011.html

J. Edgar

Si el buen cine engorda, he vuelto a fracasar en mi dieta. J. Edgar es un biopic sombrío, fascinante y revelador. Casi tanto como el verdadero J. Edgar Hoover.

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correo@thecult.es (Arturo Montenegro) Critica de cine Fri, 27 Jan 2012 12:25:56 +0000
"Ha–hov" ("La deuda", 2007) http://thecult.es/critica-de-cine/ha–hov-la-deuda-2007.html http://thecult.es/critica-de-cine/ha–hov-la-deuda-2007.html

Ha hov

La película israelí Ha–hov (La deuda), dirigida por Assaf Bernstein y producida por Eitan Evan, se estrenó en 2007 y fue nominada a cuatro premios de la Academia de Cine Israelí.

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correo@thecult.es (The Cult (Thesauro Cultural)) Critica de cine Tue, 13 Sep 2011 10:18:21 +0000