Las plumas del dinosaurio

Si lee usted periódicos o blogs, ve o escucha noticieros, o está conectado a las redes sociales, seguramente ya se enteró del hallazgo, dentro de una pieza de ámbar procedente de las minas (sí: el ámbar se extrae de minas) del estado de Kachin, en Myanmar (o Birmania), de un fragmento de cola de dinosaurio maravillosamente bien preservado, que tiene la característica de presentar plumas.

Hace más de tres décadas que pisamos la Luna, pero aún nos cuesta entender de qué está hecho el universo. Esta duda, por cierto, se las trae. No es una de esas cuestiones básicas que se dirimen acogiéndose a la ignorancia ‒"Verás, es que yo soy de Letras"‒, y tampoco es una invitación para el desvarío intelectual.

No creo que sea necesario demostrar la versatilidad del western como género. Su marco geográfico, temporal y conceptual ha permitido contar todo tipo de historias, pero sin duda sus pioneros cinematográficos no pensaron que un día a alguien se le ocurriría mezclar el desierto y los cowboys con dinosaurios.

La dinosaurología es una de las disciplinas de la paleontología con mayor desarrollo en los últimos años. Desde 1970 se ha encontrado un promedio de 6.1 géneros por año, y entre 1989 y 1995 se describieron 51 nuevos géneros. A la fecha hay aproximadamente 336 géneros de dinosaurios, sin embargo se estima que la diversidad de dinosaurios es cercana a 3 400 géneros, por tanto sólo conocemos cerca de diez por ciento. Estas criaturas siempre han cautivado la atención del público en general debido a sus peculiares estructuras y tamaño.

El jueves 13 de agosto de 1863 se hizo a la mar una pequeña embarcación improvisada por tres intrépidos aventureros. Partiendo de Puerto Graüben, los tres osados exploradores subieron a la frágil balsa que habían construido con troncos rotos y tocaron por primera vez las aguas del vasto océano recién descubierto por ellos mismos.

Hubo una época en la que dinosaurios, reptiles voladores y otras especies ‘de película’ campaban a sus anchas por la Tierra. Más de 65 millones de años después, el territorio que ocupa hoy España todavía conserva los restos de su paso, un testimonio en gran parte oculto hasta el boom de la paleontología española de los últimos 25 años. Huesos, pisadas y esqueletos que han sacado a la luz nuevas especies desconocidas en España y, en algunos casos, en el mundo.

En marzo de 2012, la revista de la American Chemical Society publicó un estudio que sugería la posibilidad de que existan formas de vida dinosauroide en algún lugar de la galaxia.

Están por todas partes y, sin embargo, los dinosaurios no nos dan miedo. Hace años que se sabe que no se extinguieron del todo, ya que las aves son un grupo de terópodos que sobrevivió a la crisis de hace 66 millones de años. Diversas películas y teleseries imaginan cómo habría sido el mundo si los dinosaurios –no aviarios– siguieran poblando la Tierra. Paleontólogos españoles reflexionan sobre esa hipótesis de ciencia ficción.

Los lectores habituales habrán comprobado ya que en The Cult nos gustan los dinosaurios. Hemos hablado sobre ellos desde los más diversos puntos de vista: científico, cultural e incluso frívolo. En todos esos ámbitos, Parque Jurásico siempre ha tenido una presencia especial.

En la tercera entrega de la saga de películas de Parque Jurásico, el tiranosaurio es desbancado de su sitio de honor como el dinosaurio más temible por un extraño contendiente, un enorme animal con unas impresionantes mandíbulas alargadas y una extraña “vela” en el dorso. “Piensa en algo grande”, le dice el paleontólogo Alan Grant a su aprendiz Billy Brennan. “Spinosaurus aegypticus", concluye con voz sombría luego de sobrevivir al ataque de uno de estos animales.