Trestesauros500

Ya hemos visto en este espacio que el viaje en el tiempo no era una novedad en la ficción científica de comienzos del siglo XX, ya fuera al pasado o al futuro, y se realizara por medios tecnológicos, pseudocientíficos o místicos.

Rodado íntegramente desde la perspectiva visual del protagonista, en plano subjetivo, Hardcore Henry es un experimento que trata de importar al cine el lenguaje de los videojuegos de disparos en primera persona (First-Person Shooter), un subgénero que ya cuenta con éxitos como Call of Duty, Halo, BioShock y Doom.

Si creciste en los ochenta, tu reloj mental necesita tiempo para adaptarse a este nuevo Robocop. Durante los primeros minutos de proyección, uno sigue buscando indicios de la cinta original, rodada en 1987 por Paul Verhoeven. Es un impulso nostálgico que nos sentimos apremiados a resolver... hasta que el realizador brasileño José Padilha aprieta el botón Reset, y la película adquiere su propia identidad: la de un sólido technothriller que, más allá de su llamativa pirotecnia, va adquiriendo profundidad e incluso una pátina de inteligencia. Felizmente, Padilha ocupa un área rica en dobles sentidos, donde se conjugan la corrupción institucional, el miedo a la tecnología, la geopolítica, la actividad de los lobbies, ciertos horrores de la experimentación médica, las mentiras periodísticas y la paranoia en torno a la seguridad.

Patricia Luna
¿Llegará el día en que los robots y la inteligencia artificial llegue a sobrepasar la humana? O dicho de otra forma, ¿podrán las máquinas, alguna vez, pensar por si solas?

Fernando Broncano, catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M), investiga la noción de racionalidad. Es autor de libros como Mundos artificiales y La melancolía del ciborg. Hoy viernes, 27 de septiembre de 2013, participa en la tertulia que se celebra en el marco de la Noche de los Investigadores de Madrid bajo el título Los robots y las leyes del futuro, un encuentro entre científicos, tecnólogos y legisladores para analizar los restos sociales ante avances tecnológicos como la robótica.

En poco más de una década, los robots serán mucho más que herramientas que nos ayuden en las tareas domésticas, en las cadenas de montaje o en el aparcamiento de un vehículo. Estaremos tan ligados a ellos que comenzará una hibridación entre ser humano y máquina, con las consiguientes desigualdades sociales, económicas y culturales que generará esta dependencia. Así lo revela Antonio López (Málaga, 1965), catedrático de Trabajo Social y Servicios Sociales de la UNED, en su último libro La brecha robótica. ¿Una nueva frontera en el siglo XXI?