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Tercera época - Nº 326

Aunque en los años más recientes amar la cultura grecolatina se considera un síntoma de elitismo, conviene rechazar ese prejuicio. Tengámoslo claro: con el estudio de los clásicos sobrevienen la sorpresa y la iluminación, el placer y el encantamiento. Así lo creían nuestros antepasados y así hemos de creerlo en esta época de píxeles, memes y modas pasajeras.

Si existen preguntas estúpidas, ésta parece la más estúpida de todas. Todo el mundo sabe que la guerra de Troya la ganaron los griegos y la perdieron los troyanos. Todo el mundo conoce la historia del célebre caballo inventado por Ulises y de la conquista a sangre y fuego de la ciudad. Todos saben que ese es el final de los épicos combates que se cuentan en la Ilíada. Todos lo saben, excepto el autor de la Ilíada.

La escuela estoica nació en Grecia, pero los filósofos más conocidos son romanos: Séneca, Marco Aurelio y Epícteto, que aunque era griego fue esclavo en Roma.

En mi deseo de contribuir al avance del conocimiento, como ya hice cuando mostré cómo enviar un mensaje a mayor velocidad que la de la luz, y queriendo dejar testimonio para la posteridad del proceso creativo del descubrimiento científico, intentaré reconstruir las diversas fases de la asombrosa intuición que me llevó a descifrar el disco de Phaistos.

El abate Gounon regaló a Rousseau una fuente diseñada por Herón de Alejandría. Se trataba de una fuente neumática de la que manaba un chorro de agua vertical, mediante la presión del aire. El aparato evocaba los trucajes de los templos antiguos que Herón había descrito en sus obras y se regía por los mismos principios.

El mortífero fuego valyrio de la serie Juego de Tronos está inspirado en un arma incendiaria real que salvó Constantinopla de la expansión islámica. La lista de ingredientes de este invento bizantino, cuyas llamas devoraban las flotas enemigas con rapidez, no ha llegado hasta nuestros días, pero se sabe que apagarlo era toda una hazaña porque ardía en contacto con el agua. Químicos e historiadores tratan de reescribir su fórmula perdida.

"El sexo y el espanto", de Pascal Quignard

El sexo y el espanto, Pascal Quignard. Traducción de Ana Becciu. Minúscula, Barcelona, 2005, 240 pp.

Monumental y excepcionalmente bien documentada, esta biografía de Alejandro Magno se sumerge en el misterio de uno de los más extraordinarios personajes de la historia, feroz conquistador de Asia y discípulo de Aristóteles, que terminó por sentar, a través de sus gestas, las bases mismas del helenismo.

"Odisea" (Castalia Fuente)

Esta versión de la Odisea, elaborada por Javier Almodóvar García, se disfruta sin discusión, y permite al lector joven desarrollar el gusto por la cultura clásica y la literatura grecolatina.

El profesor Rodríguez Adrados es Catedrático Emérito y Presidente de Honor de la Sociedad Española de Estudios Clásicos y de la Sociedad Española de Lingüística. Humanista excepcional, traductor de literatura griega, latina e india y filólogo, es asimismo académico de la Real Academia Española y de la Real Academia de la Historia