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El cine de luchadores —y en concreto las películas del Santo— es la última consecuencia de un evento sumamente popular en México: el deporte-espectáculo de la lucha libre. Esta modalidad deportiva va más allá del boxeo o de las artes marciales, pues dota a los contendientes de unas personalidades y una parafernalia que vienen a enriquecer la función.

El cine de Libertad Lamarque

La aparición del cine sonoro fue musical, con El cantor de jazz protagonizado por Al Jolson. La nueva modalidad del arte luminoso, que abandonaba para siempre la mudez, exigió el concurso de actores que fueran cantantes, tomados del mundo de la ópera y la opereta, la comedia musical y la zarzuela. Debían ser fotogénicos, eventualmente bellos, tener técnica vocal aunque no necesariamente unos medios generosos.

Los Tres Amigos, además de una comedia de John Landis, es el nombre que se ha dado al trío de cineastas mexicano formado por Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu.

Lo confieso: detesto la corrección política. Me aburren soberanamente las películas que emplean un cortafuegos para evitar los temas que irritan a la policía del pensamiento. Por eso, en su momento, me dejé sorprender por cintas como Katyn (2007) –la historia de aquella terrible masacre de oficiales polacos por parte de los soviéticos– o Camino a la libertad (2010) –un estremecedor recuerdo del gulag–. Y aunque soy un antifranquista convencido, me encantaría ver una película que conmemorase la valentía de un franquista tan admirable como Ángel Sanz Briz, el salvador de cientos judíos bajo el terror nazi, o que mostrara el horror de la Guerra Civil sin poner etiquetas a las víctimas.



Considerada un clásico del cine de la Revolución Mexicana, la película ¡Vámonos con Pancho Villa! (México, 1935), dirigida por Fernando de Fuentes, narra la historia de un grupo de valientes campesinos, conocidos como los Leones de San Pablo, que se unen al ejército de Pancho Villa. Después de algunas batallas, con más derrotas que victorias, el grupo original es reducido a dos: Tiburcio Maya y el joven Becerrillo.

"Miss Bala" (2011)



Miss Bala es la historia de los sueños rotos de Laura, una joven cuyas aspiraciones de convertirse en reina de la belleza se vuelven en su contra, y la hacen caer en manos de una banda que tiene aterrorizado a todo el norte de México.



De la mano del director mexicano Alejandro González Iñárritu llega Biutiful (2010), una tragedia urbana ambientada en una oscura y atípica Barcelona y protagonizada por un inmenso Javier Bardem. Una coproducción hispano-mexicana cuya génesis se remonta varios años atrás, a una fecha tan temprana como otoño de 2006, cuando algunas piezas de la historia empezaron a cobrar forma en la mente de su autor.



Rodada en el transcurso de un año en tres continentes, protagonizada por un reparto multilingüe encabezado por Brad Pitt, Cate Blanchett, Gael García Bernal, Kôji Yakusho, Adriana Barraza y Rinko Kikuchi, además de actores no profesionales procedentes de Marruecos, México y Japón, la película ha acabado siendo, para todos los que han participado en ella, un viaje físico y psicológico muy parecido al que realizan los personajes. El film cuenta la historia de unas personas a la deriva por las barreras culturales y la imposición de las fronteras, pero el director y su equipo se enfrentaron a estos problemas meses antes de que empezara el rodaje.

Diálogo con Salma Hayek



Considerada por la audiencia nortemericana una de las figuras más atractivas de Hollywood, Salma Hayek protagoniza un curioso dilema. Por un lado, su imagen satisface una demanda incesante de sensualidad. Por otro, sabe moverse como nadie en los despachos donde las fortunas se multiplican. Inmune a las habladurías y a los chismes, se presenta ante nosotros como una emprendedora que modera su ambición con un claro compromiso: la defensa a ultranza de la comunidad latina en los Estados Unidos.



Una familia mexicana ha supeditado su existencia a la práctica de un rito que incluye el canibalismo.