La historia de nunca acabar

Hace unos años el cine se ocupó de biografiar al poeta Jaime Gil de Biedma. El filme se llamó El cónsul de Sodoma y en él un excelente y sensible Jordi Mollá lidió victoriosamente contra un guión presumido y débil. Comentándolo con un amigo que había tratado al escritor, escuché su rasante censura, basada en el hecho de que (sic) había conocido a Gil de Biedma y no era para nada como lo mostraba su biopic. Pensé que aviados estamos si cada vez que se nos referencia algo histórico en el cine sólo lo entenderemos si hemos conocido a los personajes “reales” del caso.

La rutina diaria de Carlos, ejecutivo bancario, se ve alterada de forma irremediable cuando, al llevar a sus hijos al colegio en el coche, recibe una llamada de teléfono de un desconocido que le exige el traspaso a su cuenta de una importante cantidad de dinero. Lo extraño es que esa cantidad ha de salir de los propios ahorros de Carlos y de los fondos del banco en el que trabaja. La amenaza tiene tintes dramáticos pues el desconocido afirma que en el coche hay una bomba que estallará si alguno de sus tres ocupantes se baja.

Aunque no guarda relación con el estupendo thriller homónimo protagonizado por Samuel L. Jackson y Kevin Spacey, este nuevo Negociador es un film igualmente sólido, en el que se narra el comienzo del fin de ETA con abundantes dosis de humor y, por lo tanto, de una manera creíble y realista.

Cine, flamenco y tópicos

Carmen la de Triana (1938)
Parece que la única mirada que interesa al cine es la que abre la puerta al tópico andaluz, a las juergas de los señoritos, a la miseria que se alivia con el cante, a la relación entre toros y flamenco, omnipresente.

Durante la etapa en que se dedicó a la crítica, Daniel Monzón ya demostró amor, conocimiento y respeto por el arte cinematográfico, sin pararse a hacer distinciones clasistas entre productos artísticos y comerciales.

Llego tarde para comentar Ocho apellidos vascos, el filme de Martínez Lázaro que se ha convertido en la gran pegada histórica del cine español. Entonces: no lo haré. Diré un par de cosas impresionistas y todos contentos.

Regentado

Nunca fui admirador de La Regenta de Clarín, nick de Leopoldo Alas. Será porque la leí cuando era muy joven. O porque me pareció –ahí va la primera boutade– una mala copia de Madame Bovary, de Flaubert, que, dicho sea de paso, tampoco me gustó nada. Tanto Emma Bovary como Ana Ozores me parecieron unas tontas señoritas de provincias, un poco malfolladas y subyugadas por tíos estúpidos, redichos y cursis.

Ha sido un acierto sentarse a ver la película más taquillera de la historia del Cine español dejando pasar unas semanas desde su estreno , y mucho más todavía escribir algo sobre ella habiendo comprobado cómo esta comedia tan poco transgresora y tan previsible se alza a las más altas cotas de audiencia que recordamos desde Avatar.

España es un concepto realmente singular: miradla un momento desde fuera. ¿Qué pensar de un país donde cualquiera de sus ciudadanos puede sentirse exultantemente patriota de cualquier trozo de su territorio excepto del propio país en conjunto, o sea, la suma de esos trozos? Es casi obligatorio demostrar romántica devoción por la PARTE y rotundo desprecio por el TODO. Divertido, ¿no?

Premios Goya 2014

Los Goya nacieron para importar a nuestro país la fórmula del glamour, marketing y estrategia de autobombo de los premios Oscar entregados por AMPAS. Muchos años después de su creación, podemos decir que en ese intento de clonar a los premios norteamericanos, los Goya han fracasado. Sólo con ver la gala celebrada anoche se puede discernir fácilmente esa conclusión. El guión, los participantes, los números planificados para darle ritmo y vistosidad, y el nivel de improvisación y actuación de los premiados distan mucho de alcanzar los parámetros de su original.