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Crítica: "El vacío" ("The Void", 2016)

Por diversas razones, hay películas que a uno le caen simpáticas, aunque no sean una maravilla. El vacío es una cinta que no está demasiado bien contada ni dirigida, pero se basa en cosas que muchos amamos, y al final eso se nota.

El gran espectáculo del apocalipsis es uno de los más socorridos en estos tiempos. Seguramente podamos encontrar muchas razones por las que un futuro colapso y el fin de la civilización sean tan atractivos en la ficción moderna, pero lo cierto es que ya se han instalado como un comodín en el cine y la televisión. La prueba es esta película indie, inspirada en la novela homónima de Jean Hegland.

El fenómeno del doppelgänger siempre ha sido un tema recurrente en la literatura y en el cine. Ya en La comedia de las equivocaciones, de Shakespeare, o en El vizconde demediado, de Italo Calvino, encontrábamos esta romántica figura del doble fantasmagórico, de materialización del lado oscuro del ser humano.



A David Cronenberg, en el invierno de 2003, le fascinó el guión: “Basándose libremente en la novela gráfica de John Wagner y Vince Locke, el guión de Josh Olson cuenta la historia de una ciudad pequeña del centro de Estados Unidos. Tiene elementos clásicos sin ser una imitación”.



Trabajador incansable, el actor Paul Giamatti estrena varios trabajos al año, que van desde el cine menos convencional hasta las grandes producciones, sin excluir televisión o doblaje de dibujos animados. En este caso, nos encontramos ante un drama donde tiene la oportunidad de lucir sus extraordinarias dotes interpretativas.