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A pesar de todas las campañas que se hacen para acercar la ciencia al público, y de programas de TV como La teoría del Big Bang, que muestran que los científicos son seres humanos quizá un poco peculiares, pero no tan distintos de cualquier persona, en el imaginario colectivo persiste su imagen como bichos raros: inventores o científicos locos, distraídos, despeinados, que básicamente se encierran en un laboratorio para estudiar cosas extrañas. 

Aunque lamentablemente solo ocurrió en algunos países de Europa, durante la Ilustración muchas mujeres alcanzaron parte del protagonismo que tradicionalmente se les negaba. Además de su relevancia en los salones ilustrados, en esta época también destacaron muchas científicas que trabajaron en especialidades que van desde las matemáticas o la física a la historia natural, la astronomía o la química.

A quienes creen que todo problema es un problema científico y que la ciencia puede resolver cualquier problema, independientemente del campo al que pertenezca, se les llama cientificistas.

Se dice que los niños son “científicos natos”, su enorme curiosidad por todo lo que los rodea, y a su tendencia a preguntar constantemente “¿por qué?”.

En 2016, el político británico Michael Gove, conservador y partidario del Brexit, anunció que la gente en Inglaterra "está cansada de expertos de organizaciones cuyas siglas dicen que saben lo que es mejor, pero que lo hacen rematadamente mal".

Lo obvio y lo evidente

El profesor estaba sentado, en lo alto, sobre la tarima. Por el ventanal se veían los álamos y el cauce del río, y niñas y niños estábamos sentados enfrente sin saber que para muchos de nosotros ese día iba a cambiar en algo nuestras sencillas vidas. Por encima de los árboles, y como a nadie he visto marcar su dominio, el Moncayo nevado encubría en parte su misterio, que siempre he supuesto amable.

A través de cuatro retratos podemos hacer un breve recorrido por la creación y desarrollo del Instituto de Radiactividad de Madrid en los primeros años del siglo pasado. Pertenecientes a la colección de instrumentos científicos y bellas artes del Museo Nacional de Ciencias Naturales, son una muestra de la tradición pictórica retratística de la época y, desde hace unos meses, están expuestos en la parte administrativa del edificio del MNCN.

Lo inventaron ellas

En el escenario donde se representa la historia de la ciencia, poco espacio queda reservado para las mujeres. Las dificultades para acceder a la educación, los límites que coartaban sus derechos y el rechazo social hicieron invisibles las huellas que muchas mujeres dejaron al conocimiento científico.

La historia de la ciencia está llena de nuevas teorías que iban a revolucionar el conocimiento humano y de las que ahora ya nadie se acuerda. Edgar Allan Poe dejó a un lado sus cuentos de terror y escribió en 1847 Eureka, un libro en el que se proponía “hablar del Universo físico, metafísico y matemático; material y espiritual; de su esencia, origen, creación; de su condición presente y de su destino”.

La magnífica cinta El marciano (The martian, del gran director Ridley Scott, desastrosamente traducida como Misión rescate para su exhibición en México) es, como expresé en Twitter, un hermoso himno al poder de la ciencia y la tecnología.