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Tercera época - Nº 327. ISSN: 2530-7169. Lugar de edición: España. Entidad responsable. conCiencia Cultural

"El placer de decidir", de Rolf Tarrach

"La ambigüedad, la incertidumbre y el riesgo están enmarcados por la ignorancia y por la certidumbre, la última muy poco frecuente, al contrario que la primera. La ignorancia que se conoce, de la que se es consciente, abre la puerta al aprender, pero la ignorancia que se desconoce, de la que no somos conscientes, es a veces una causa de la arrogancia: la arrogancia del ignorante".

Me gustaría hablar en favor de la comunicación social de la ciencia y por qué desde mi punto de vista la comunicación social de la ciencia es algo importante. Existe una visión general del asunto que nos indica que tanto en el terreno científico como en el ético o moral se dan posturas contrapuestas, intuiciones diferentes, caminos divergentes o formas explicativas desiguales. De modo que aparece el debate. No se parte de una homogeneidad, de un acuerdo total, sino que existe un debate.

¿Cuántas Tierras cabrían en el Sol? (1) Es la típica pregunta que te toca cuando estás jugando al Trivial. La que te falta para conseguir el escurridizo quesito verde y ganar la partida. Por más que piensas no consigues dar con la respuesta, mientras notas cómo en tu cabeza algo no deja de crecer: la curiosidad.

Ciencia contra magia

En el primer capítulo de esta brevísima introducción a la magia, me referí a los componentes científicos de la magia (La ciencia de la magia) o, si se prefiere, a los rasgos que se pueden detectar en la magia y en artes como la alquimia y la astrología que coinciden con la manera de descifrar la naturaleza que empleará la futura ciencia.

Usar a los animales

El ser humano siempre ha convivido con animales. No sólo los silvestres y los de caza, sino los que domesticó mientras iba volviéndose humano.

El problema con la ciencia

Hace unos días compré, por 25 pesos, un billete de la Lotería Nacional con el que, si le pego al número premiado, podría ganar unos 300 mil pesos. Lo compré no por hábito, sino porque me hizo gracia que la ilustración, que muestra el bien conocido logotipo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), que celebra su 45 aniversario.

Escribe John Gray en su libro Perros de paja que el pensamiento secular contemporáneo es un pastiche de ortodoxia científica y esperanzas piadosas que se esfuerzan en justificar la noción de progreso, una superstición según la cual los actos humanos están encaminados a hacer del mundo un lugar mejor que cualquier otro que la historia jamás haya conocido.

El gran problema de la ciencia moderna desde mediados del siglo XX ha sido cómo dar coherencia a las dos grandes teorías vigentes y aparentemente incompatibles que explican el universo: la relatividad, que describe los objetos más grandes del cosmos, y la mecánica cuántica, que explica el mundo sub-atómico.

Un dicho que detesto dice que “un pesimista es un optimista con experiencia”.

Uno de los grandes prejuicios respecto a la ciencia es que se trata de una actividad puramente racional, cerebral, y por tanto para nerds, insensible, fría. Exactamente lo opuesto al arte, que es cálido, creativo y expresa emociones. Parecería que el arte es lo más humano, mientras que la ciencia es casi, de cierto modo, inhumana. (No en balde muchas personas tienen el prejuicio de que la ciencia “deshumaniza”.)