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El Premio Nobel de Fisiología y Medicina concedido a Severo Ochoa (1905-1993) sirvió para varias cosas. En su momento, fue un respaldo a su espléndida trayectoria científica, pero también se ha usado como banderín de enganche para las vocaciones que surgieron tras él.

Es uno de los referentes de la ciencia en España. Discípula de Severo Ochoa en su laboratorio de Nueva York, retornó en los años 60 a España para introducir el incipiente campo de la biología molecular. Margarita Salas (Canero, Asturias, 30 de noviembre de 1938) descubrió algunos de los secretos del ADN, desarrolló la patente más exitosa en la historia del CSIC y ahora, recién cumplidos los 80 años, sigue trabajando en su laboratorio del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa, en Madrid.

Manuela Tomasa Sánchez de Oreja, la Gran Piscatora Aureliense, es la primera española autora de un tratado astrológico. En 1741 recibió licencia del Consejo de Castilla para publicar su Teatro de Signos y Planetas. Pronóstico y diario general de quartos de Luna, juicio de los acontecimientos naturales y políticos de la Europa y otras partes para el año de 1742. Y ahí aparece, en la portada de su Pronóstico, con su telescopio, su compás, su esfera armilar... todos los instrumentos propios para interpretar los orbes celestes.

Siempre es interesante saber que estos debates que hoy en día nos parecen tan de actualidad, tan de nosotros, tan de tirarnos los trastos a la cabeza, tan de “las dos Españas”, tan de los unos y los otros, llevan acompañándonos siglos.

¿Nacen nuevas neuronas en nuestro cerebro una vez somos adultos? En la comunidad científica, la respuesta ha pasado de ser un rotundo “no” a un poco unánime “sí” en algo más de cincuenta años.

El doctor Eldon Tyrell intentaba consolar al replicante Roy Batty en Blade Runner, dado que estaba a punto de cumplirse su fecha de caducidad como organismo vivo, con una frase ya célebre: “La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo. Y tú has brillado con mucha intensidad Roy.”

La caja para herborizar o vasculum era un elemento imprescindible en el equipo de los botánicos del siglo XIX. En concreto, ésta que conserva el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) tiene un gran valor histórico ya que es probable que fuera utilizada durante la Expedición Científica al Pacífico (1862-1865).

Hasta mediados del siglo XIX el Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) estuvo considerado como uno de los mejores de Europa, especialmente en el campo de la mineralogía. Sus colecciones históricas nos permiten retroceder en el tiempo y para guiarnos nadie mejor que el geólogo Javier García Guinea, profesor de investigación del CSIC, y gran conocedor de la colección de geología, de la que fue conservador durante una década.

La colección de anfibios reunida por la Comisión Científica del Pacífico (1862-1865) tiene un valor extraordinario, tanto histórico como científico. El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) conserva 522 ejemplares recolectados por el gran zoólogo español Jiménez de la Espada, gran parte de los cuales han servido para describir la fauna herpetológica sudamericana.

La historia del Museo Nacional de Ciencias Naturales no se entiende sin la figura de Pedro Franco Dávila, primer director del Real Gabinete de Historia Natural fundado por Carlos III en 1771. La Ilustración española fue un marco idóneo para la prosperidad de este criollo amante de la ciencia que reunió en París uno de los gabinetes más completos de la época. Javier Sánchez Almazán, conservador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), coordina una obra que recorre la vida y la obra de este ilustre personaje.