Hay un sino inquietante en nuestra modernidad digital, que convierte la cultura en un bien consumible ‒en el sentido de la comida rápida‒ tan pasajero y volátil como una de tantas apps que se alojan en nuestros dispositivos móviles.

¿Robot yo?

Aficionados a la ciencia ficción hay muchos, aunque algunos no sepan que lo que suponen ciencia ficción es mero cuento de hadas o libro vaquero (dicho con todo respeto) aderezado con naves superlumínicas o desviaciones de la evolución biológica. Por cierto, suponer que por llevar el epíteto “ciencia” el género en cuestión divulga ciencia es algo muy generalizado aunque erróneo. Es tan solo un género literario aunque, por supuesto, como cualquier obra literaria, se puede leer de muchas maneras. Y en toda esta fértil ficción hay un personaje indispensable: el robot.

Sobre el impacto de las nuevas tecnologías se ha dicho de todo, y también todo lo contrario. El debate ‒no sobre la evolución tecnológica en sí, sino sobre sus efectos a corto y medio plazo‒ ha ido agriándose con ese mal humor que es proverbial en los choques entre apocalípticos e integrados.

Si pones agua al fuego y la calientas, lo que consigues en un primer momento es elevar cada vez más su temperatura. Podrías llegar a la conclusión de que el acto de calentarla sólo da como resultado agua más caliente. Pero en un punto determinado, todo cambia: el agua comienza a hervir, y el líquido caliente se transforma en vapor. Los físicos llaman a esto un cambio de estado.

Rodado íntegramente desde la perspectiva visual del protagonista, en plano subjetivo, Hardcore Henry es un experimento que trata de importar al cine el lenguaje de los videojuegos de disparos en primera persona (First-Person Shooter), un subgénero que ya cuenta con éxitos como Call of Duty, Halo, BioShock y Doom.

El hacker y la mujer biónica

Para convencerse de que un avance es verosímil, basta con asomarse a la ciencia-ficción y llenar la mente con sus predicciones. En este sentido, esa mirada hacia el futuro es también la última esperanza, quizá la única, para asimilar las bondades y peligros que el vértigo de la tecnología pone ante nosotros.

Errores de la copia digital

A pesar de las muchas ventajas de la copia digital, también se pueden producir errores en un mensaje digital, o al menos en la recepción de lo digital. El soporte se puede degradar, algún tipo de interrupción de la energía puede hacer que la transmisión se corte o se degrade.

Ventajas de la copia digital

Gracias a su precisión y exactitud, la información digital se puede duplicar centenares de veces. Podemos ir transmitiendo el mensaje: “Hay 4 vacas en el prado” como en juego del teléfono roto, de una persona a otra, pero logrando que ninguna se confunda y que a la persona 1.000.000 le llegue el mismo mensaje que a la segunda: “Hay 4 vacas en el prado”.

Pensar consiste en digitalizar

Cuando convertimos una señal analógica en una señal digital, perdemos en el proceso los umbrales más bajos o más altos, o si se prefiere los redondeamos en ceros (0) y unos (1).

La información perdida

La información digital es precisa y exacta. Si decimos “Hay cuatro vacas” eso significa que sabemos que hay 4 vacas. El número de vacas, en este caso, es una información precisa y exacta, no confusa ni ambigua.