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En 2011, con solo 26 años y un único libro publicado –El desengaño de Internet: los mitos de la libertad en la red–, Evgeny Morozov (Bielorrusia, 1984) se convirtió en una figura de referencia a la hora de hablar del papel que desempeñan las nuevas tecnologías de la comunicación en nuestro mundo político, económico y cultural.

"La revolución transhumanista", de Luc Ferry

Cuando leemos al filósofo francés Luc Ferry, el asombro ante los avances tecnológicos va tiñéndose de una inquietud que, llegado el caso, él mismo se encarga de excitar. Y es que, a su modo de ver, el transhumanismo ‒ese avance evolutivo que no es biológico, sino digital y mecánico‒ y la economía colaborativa ‒que también tiene un trasfondo digital‒ vienen a prolongar la esencia del humanismo democrático, pero a un precio que no siempre deberíamos pagar.

Más allá de la experiencia tangigle, lo que llamamos iconosfera tiene dos planos: por un lado, los signos de la realidad accesibles a través del arte y los medios de comunicación convencionales, y por otro, esa acumulación de estratos que engrandece, segundo a segundo, el mundo digital.

Máquina, hermana mía

El ensayista Jerry Kaplan abarca en su libro Inteligencia artificial la actualidad y el hipotético futuro de la maquinaria inteligente en la vida humana. Resulta interesante leerlo desde la antropología – filosófica, si se quiere– y la literatura de anticipación. Inteligencia artificial y vida humana. Máquinas que son inteligentes pero ni son humanas ni están vivas. Con todo, pueden llegar a ser nuestras hermanas. Obedientes, incansables, fraternas.

Mientras escribía El Mago Manco (FronteraD, 2015) un equipo de cirujanos y neurólogos implantaron unos electrodos en los nervios mediano y ulnar o cubital del brazo izquierdo del danés Dennis Sorensen.

En el año 2011 tuve ocasión de conocer a Martin Roesch, el fundador de Sourcefire, actualmente arquitecto jefe de seguridad en Cisco Systems. En una pequeña conferencia muy esclarecedora sobre software malicioso, el señor Roesch nos dejó una conclusión abrumadora: "Esto es una guerra y la estamos perdiendo muy deprisa".

Ghost in the Shell se consolidó dentro de la mitología pop casi desde su lanzamiento por parte de la editorial Kodansha ‒luego replicado por Dark Horse en Estados Unidos‒ durante el mes de mayo de 1989, en las páginas de "Young Magazine".

Con la obra literaria de William Gibson como Biblia (en especial Neuromante, de 1984) y con la revista de cómics Métal Hurlant y la película Blade Runner (Ridley Scott, 1982) como principales referentes visuales, la cultura cyberpunk tuvo su mayor auge en las décadas de los 80 y los 90, justo antes de que Internet se instalara en todas las casas y cerebros del mundo, haciendo que lo que era ciencia-ficción se convirtiese en algo cotidiano.

Hay un sino inquietante en nuestra modernidad digital, que convierte la cultura en un bien consumible ‒en el sentido de la comida rápida‒ tan pasajero y volátil como una de tantas apps que se alojan en nuestros dispositivos móviles.

¿Robot yo?

Aficionados a la ciencia ficción hay muchos, aunque algunos no sepan que lo que suponen ciencia ficción es mero cuento de hadas o libro vaquero (dicho con todo respeto) aderezado con naves superlumínicas o desviaciones de la evolución biológica. Por cierto, suponer que por llevar el epíteto “ciencia” el género en cuestión divulga ciencia es algo muy generalizado aunque erróneo. Es tan solo un género literario aunque, por supuesto, como cualquier obra literaria, se puede leer de muchas maneras. Y en toda esta fértil ficción hay un personaje indispensable: el robot.