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Sirviéndose del recurso literario de limitarse a preparar para su publicación un documento del siglo XVII encontrado casualmente en su parroquia, Wilhelm Meinhold, teólogo y pastor protestante alemán (1797-1851), da a la luz en 1842 La bruja del ámbar, crónica de un célebre proceso por brujería a Mary Schweidler, hija de un pastor que ocupó el mismo cargo parroquial en el pasado.

La Armonía

De laurel siguen siendo los ramos que se llevan a la iglesia para ser bendecidos el domingo antes de Pascua, el Domingo de Ramos. Laurel bendecido que se quemaba en las casas para ahuyentar a las brujas y sus males.

La maga

Dice Pierre de Lancre (1553–1631), uno de los más terribles cazadores de brujas de la Edad Moderna: “He aquí la caldera sobre el fuego para fabricar todo tipo de venenos, ya sea a fin de causar la muerte y maleficiar al hombre, ya sea para dañar al ganado; una sujeta las serpientes y los sapos en la mano, y la otra les corta la cabeza y los despelleja, y después los echa en la caldera”.

La caza de brujas

Decidme, ¿cuántas veces me habéis leído criticar el turismo de brujas? ¿Cuántas veces he pugnado por la desaparición de esa forma infame de ganar dinero? Muchas. Enfrentándome a mucha gente, mucha, que no entendía mi postura. Porque resulta, dicen ésos que creen saber, que ese turismo genera riqueza, dicen. Porque es una forma de recuperar la memoria de aquellas mujeres...

El legado de Saroïhandy

Jean-Joseph Saroïhandy fue un filólogo e hispanista francés que vivió a caballo entre los siglos XIX y XX. Hijo de madre vasca y padre vascofrancés, se especializó en el estudio de las diversas lenguas pirenaicas: aragonés, catalán, occitano, euskera y navarroaragonés medieval.

No, no es una jugada comercial ni una simple reinvención, por más que se parezca a ambas cosas. Lo que hace James Robinson es tomar el personaje de Wanda Maximoff ‒recapitulemos: hermana de Quicksilver, esposa de Visión, hija de Magneto que luego ha dejado de serlo...‒ y potenciar esa parte de su identidad que resulta más intemporal, su faceta de hechicera.

Pues sí señora. Decía la Woolf, en uno de sus escritos más célebres, que una mujer nacida con un gran talento en el siglo XVI se hubiera enloquecido, se hubiera metido un tiro o hubiera acabado sus días en una choza solitaria, fuera de la aldea, medio bruja, medio hechicera, burlada y temida.

Esta obra fascinante y conmovedora tiene parte de indagación histórica y parte de reivindicación. Al acudir a las fuentes primarias para mostrarnos cómo se efectuaron los procesos por brujería en Inglaterra y en la Norteamérica colonial, Katherine Howe redefine el perfil de la bruja y nos ayuda a comprender en qué medida aquellas pobres mujeres fueron víctimas de la sociedad de su tiempo.

Un libro deseado

Yo no soy bibliófila. Vamos, que no me pirro por coleccionar libros rarísimos ni carísimos ni espléndidos ni nada por el estilo. Mi pasión radica en alcanzar a leer y conocer lo que se esconde en el interior de los libros que me interesan. Ya sean de hace dos, cincuenta o cuatrocientos años, tanto da.

Bruja

Yo digo que soy historiadora aunque, en realidad, creo que mi vocación frustrada es la de socióloga, porque me fascina no tanto el hecho histórico en sí cuanto el comportamiento de las personas ante los acontecimientos.