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En las culturas celta y romana, el abedul blanco (Betula pendula) era considerado como el árbol de la sabiduría. Sus habitantes utilizaban la corteza, perfectamente prensada, pulida y alisada, como papiro para escribir manuscritos. Con fines menos ortodoxos usaban los maestros sus flexibles ramas, con las que azotaban a los alumnos más revoltosos.

Pocos árboles como el eucalipto (Eucalyptus), de origen australiano, generan tanta polémica a su alrededor. Acusado de ser especie invasora, perjudicial para la conservación de la fauna y la flora y para la gestión de los recursos hídricos, ecologistas y científicos coinciden en que el problema no está en el árbol sino en las políticas de gestión forestal que se realizan.

El encinar es uno de los bosques más representativos de la Península Ibérica y da refugio a especies amenazadas, como el águila imperial ibérica y el lince ibérico. A pesar de su importancia, este ecosistema se está convirtiendo cada vez más en un hábitat modificado por el ser humano, hasta el punto de que en ocasiones ya no se considera a los encinares ‘bosques’ como tal.

Enraizados en la cultura rural tradicional española, las sabinas albares (Juniperus thurifera) han resistido el paso del tiempo y los cambios térmicos para ocupar en la actualidad amplias superficies de España. A pesar de haber sufrido los cambios estructurales del campo español a finales de los ’50 y la dificultad para regenerarse, los sabinares albares, relictos testimoniales de los bosques esteparios pre-glaciares, logran sobrevivir.

El haya es un árbol frondoso que deja pasar poca luz. Los bosques donde predomina están habitualmente asociados a la humedad y a la niebla. Dicen de los hayedos que están rodeados de misterio aunque la mayor incógnita, curiosamente, está en sus árboles. “Con el hayedo ocurre una circunstancia, la duda de si es una especie que se encuentra en expansión o en recesión”, comenta Pablo Vila Lameiro, profesor de ingeniería agroforestal en la Universidad de Santiago de Compostela.

La liturgia de la naturaleza ibérica no cambia. El ceremonial de los ecosistemas, colorido y exuberante, nos acompaña con esa plenitud que caracteriza a un país, el nuestro, que destaca como el territorio con más biodiversidad de Europa.

¿Recuerdan la locución Natura nihil facit frustra? En efecto, la naturaleza no hace nada en vano. Lo dijo Aristóteles en su Política, subrayando que el hombre, por naturaleza, es una especie de animal social, y que "se diferencia de los demás animales al tener, por ello, el sentido del bien y del mal, el de lo justo y de lo injusto y todo lo demás que le es propio". Leucipo de Mileto dijo algo similar: "Todo lo que sucede lo hace por una razón y necesidad".

La vida en nuestro planeta no es ajena a ello, tuvo su origen en el medio acuático y está inexorablemente ligada al agua. Efectivamente, la vida se originó en el mar hace más de 3.500 millones de años (ma), con un dominio inicial exclusivo de las bacterias anaerobias.

Es casi un lugar común comparar la labor de los investigadores científicos con la de un detective. Sin embargo, es una comparación muy útil, pues en ambos oficios lo que se busca es descubrir la solución a un enigma.

"Botánica para bebedores", de Amy Stewart

¿Qué es la botánica? El saber científico nos detalla al respecto las mil facetas del universo vegetal, pero a mí me gusta más la idea de trabar amistad con esos seres que, gracias a la alquimia de la fotosíntesis, permiten la vida en la Tierra. En todo caso, los botánicos no son los únicos que se preocupan por el reino de las plantas. También lo hacen los agricultores, los jardineros e incluso los cocineros. O como nos recuerda Amy Stewart en este maravilloso libro, los creadores de bebidas alcohólicas.